A las 6:00 de la mañana vamos puntuales al ferry, ya hay una cola inmensa de personas esperando para pesar sus bultos. Como vamos en bici, asumimos ser vehículo y adelantamos la cola y tenemos suerte nos dejan pasar de los primeros. Pesamos todo y esperamos en la sala de embarque, tres horas hasta que el motor se pone en marcha. El barco se llena para ir de Soyo a Cabinda, los vuelos son caros y el de Luanda está roto con lo que es difícil encontrar asientos. Aunque es corto el viaje, los niños lloran y las madres tratan de entretenerlos con juguetes que resuenan por el espacio. el madrugón de todo el mundo hace que la gente duerma a pesar de los sonidos.