Hemos terminado la etapa 109, estamos en Cahama, una ciudad de Angola rumbo a Lubango. La etapa ha sido sencilla, después de dos días por caminos que nos han llevado al límite. El paisaje es más bonito y a mitad de etapa hemos entrado en un colegio donde los niños estudian bajo los árboles porque no tienen espacio. El lugar donde dormimos es la única pensión que hay en la ciudad y tenemos que pasar dos noches para mandar el artículo al periódico. La presencia desde fuera es mala y dentro no mejora, pero tiene lo suficiente para estar y por lo menos las sábanas y las toallas son limpias. La pared tiene desconchados, una mosquitera que parece una red de pesca frena la entrada de mosquitos, la puerta del cuarto tiene la cerradura rota. dentro grietas, el falso techo inflado se cae a pedazos y el baño no tiene ducha, un cubo de agua fría es nuestro aseo. Sólo hay luz cuatro horas al día. Llega la hora de la siesta y en ese momento somos conscientes de que las ramas del árbol que está justo sobre el techo de nuestra habitación no van a cesar de hacer ruido todo el día salvo que pare el aire. El aire no cesa nunca y sentiremos el rasgado de las ramas sobre el metal los dos días. Terminas aislando el sonido para poder dormir.