Estamos en Onguma, una pequeña reserva aledaña al Etosha Park. Es el regalo que nos hacemos por el cumpleaños de Sheila, pero lo cierto es que habríamos ido igual. La oportunidad de ver la naturaleza de África, probablemente la única parada turística que hagamos en todo el continente no podemos desperdiciarla. Aunque se sale del presupuesto, es asequible y nos subimos con Persival y cuatro franceses jubilados a recorrer los caminos en busca de animales. Algún antílope, tres jirafas, un elefante a lo lejos y dos rinocerontes, esa es la escasa fauna que hemos podido ver. Persival nos explica con entusiasmo y aprendemos con sus palabras. Regresamos algo decepcionados, pero sin queja, asumimos que la naturaleza puede ser esquiva. El regalo es que el manager del campamento es consciente de que no fue muy exitoso y nos mete en otra todoterreno al día siguiente, pero esta vez en el Etosha Park y ahí sí vemos numerosos animales y el premio es doble por lo inesperado.