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VUELO LA PAZ-RIGA

TRES DÍAS DE VIAJE

El resumen de nuestro viaje desde Bolivia a Letonia podría resumirse en Odisea. En realidad un viaje no comienza cuando tu vuelo despega, si no cuando inicias tu camino al aeropuerto, ya que en ese trayecto ya no eres un turista del país, estás rumbo a tu siguiente destino. El resumen es rápido sobre el papel, iniciamos a las 14:00 de la tarde el regreso desde Tomave en una zona geotermal por caminos hasta Uyuni, llegamos de noche y ahí tenemos que hacer tiempo en una estación de autobuses cercana a los cero grados. La espera al autobús se nos hace eterna, la noche anterior hemos dormido poco por el frío y queremos meternos al calor del vehículo y tratar de descansar camino de La Paz. A las 21:15 llega al andén siete nuestro autobús. Dos horas escuchando los gritos de los vendedores nombrando destinos de sus compañías.

A las 21:30 comienza un viaje de diez horas nocturnas hasta la capital. Medio dormimos ya que los asientos se reclinan y tenemos colcha para abrigarnos. A las 7:00 de la mañana llegamos a la Terminal, cansados, hambrientos y comemos algo antes de ir al hotel a reorganizar las maletas para ir al aeropuerto. Es verdad que aquí podíamos haber ido más tarde y aprovechar el día en La Paz, pero Leo tiene que estar a las 12:00 porque su vuelo sale doce horas antes y sólo nos queda dinero para un taxi. Además de que pedir al hotel que guarde dos cajas de bici y cuatro maletones no motiva. Con lo que a las 11:00 tenemos a Marcos esperando en la calle con un coche donde cabe todo. Una hora de camino hasta el alto por calles imposibles por las pendientes, viendo cada vez más alto una ciudad extendida por la montaña.

Nos deja en el aeropuerto y yo tengo que escribir dos crónicas, un artículo y actualizar varias cosas, así que tengo casi un día por delante. A las dos horas perdemos al primer miembro del grupo, se va por las puertas de embarque y nos queda medio día donde las horas pasan como un time lapse donde vemos facturar a cientos de pasajeros durante horas hasta que por fin a las 0:00 de la noche se abre el nuestro. Somos los primeros y las bicis nos suponen 330€, no han querido cobrarnos como la maleta más barata, pero han sido muy amables. A las 2:30, dando cabezazos en la silla, llaman para meternos en un vuelo destino Bogotá, avión pequeño e incómodo. Tres horas más tarde bajamos en El Dorado, por delante siete horas de escala, con hambre y con nada nos gastamos 30€, dos mini hamburguesas y un café, pero llevamos casi un día sin comer y en el avión no nos han dado nada. Deambulamos por la conexión, el aeropuerto es enorme y el tránsito de viajeros en descomunal, muchas tiendas y locales abarrotados, la gente tiene mucho dinero o gasta fácil.

A la 13:30 iniciamos el siguiente trayecto hasta París. Diez horas más donde nos vemos cuatro películas, cena y desayuno y el cuerpo intentando saber donde está. Nos queda la última escala, tres horas más que se nos hacen cortas para pasar controles, conectar con otra terminal, pasar más controles y lo justo para comer algo más antes del vuelo. La última escala no aguantamos más y a pesar de lo incómoda y fría que es nos desnucamos con la boca abierta durante tres horas.

Al llegar a Riga una caja de las bicis está abierta, la otra rota y falta una maleta. Reclamación y a pensar en positivo para que no tarde mucho en llegar. Bus hasta la ciudad y allí nos espera Zane, una chica local que hemos conocido a través de la aplicación para alojar a cicloviajeros, no sólo nos ha buscado en correos la colchoneta que nos envió mi madre, además nos recoge en mitad de la calle para llevarnos a la tienda de bicis donde nos arreglarán las bicis y al hotel. Mientras yo monto las bicis en la calle, frente a Probike, Sheila deja las maletas en el hotel. Todo está cerca. Quedamos con Zane para el día siguiente y después de montar las bicis y dejarlas para ponerlas en orden. Ahora sí, por fin llegamos al hotel, subimos las maletas y entramos en el cuarto. Casi 72 horas después de salir de la zona geotermal de Uyuni, tres días de viaje. Imagino a los exploradores del siglo XIX con caballos, barcos, trenes en el mejor de los casos cuanto tiempo supondrían sus viajes.

Aunque estamos derrotados, queremos aprovechar la tarde y ver algo de Riga. No comemos nada desde hace doce horas, estamos hambrientos. Damos un paseo por el centro, todo ordenado, coches de lujo, nada de basura, edificios con cientos de años. Hace nada estábamos en el caos de La Paz y ahora cerca del mar Báltico. Comemos algo detrás de la catedral, nos acercamos al Dunia, el río más importante de Letonia que desemboca en el mar y cuando Shei se me duerme mirando el paisaje es el momento de regresar a casa y tratar de recuperar sueño. A las 22:30 de la noche sigue de día, los biorritmos luchan con lo que ven, pero poco, caemos pronto en un profundo sueño, a Sheila no le da tiempo de meterse bajo las sábanas.

A las 5:30 amanece y casi no hay cortinas. Hoy toca ver si nuestra maleta llega y recoger las bicis. Entre medias nos gustaría conocer la ciudad de mano de Zane que es guía, pero el personal de hotel, soez y descortésmente dice que no van a recoger la maleta que viene del aeropuerto en el reparto, que si la quiero tengo que esperar yo. Como no queremos estar todo el día mirando el cristal desde la ventana, decidimos perder cuatro horas para ir al aeropuerto y recogerla nosotros mismos. De regreso nos escriben de la tienda que mi rueda está rota, así que vamos para ver como darle solución. Nos hacen el favor de montar una nueva y tendremos que ir cuando cierren. Así que toca montar las maletas con la que ha llegado, comer algo y de nuevo a la tienda. Se han portado de lujo, nos lo hacen y además nos cambian bastantes piezas. El arreglo es caro, pero podría ser peor si se me rompe la rueda en mitad de una etapa. Así que felices, dejamos las bicis en el hotel y nos vamos con Zane a cenar. No hemos conocido Riga, pero si a una persona generosa y amable con la que compartimos la tarde noche. Nos despedimos de ella hasta la próxima y ahora sí, al hotel a descansar que mañana comienza la parte europea.  

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