Saltar al contenido

viaje a la patria

380km 7 horas

La noche pasa lenta y los camioneros con los que compartimos hostal madrugan mucho con lo que desde las 4:30 vamos teniendo arranque de motores escalonados. Nosotros queremos estar en la gasolinera a las 6:45 para desayunar. Lisandra, al dueña del lugar donde dormimos quiere apoyar nuestro proyecto invitándonos. La verdad es que es una chica encantadora. Nosotros nos ponemos en marcha a las 6:00, si hubiera sido hoy día de etapa habríamos empezado muy cansados de lo poco que hemos dormido. Llegamos puntuales a la gasolinera, está amaneciendo, con lo que aún no podríamos salir. Desayunamos una especie de bollitos salados y unas tortillas con la masa de los churros con un café. Para cuando terminamos ya es de día y hace muy buena temperatura. Es un lugar de paso desde Asunción y ya hay bastantes camiones y vehículos. Vamos al puesto de policía y ahí no está el comisario González, pero está Hugo, le contamos lo que necesitamos y esperamos a varios vehículos. Para vehículos en su labor del día a día, pero en la de preguntarle para llevarnos vemos que se le olvida. A los veinte minutos vemos un camión pequeño con todo el remolque vacío, hacemos un poco de teatro y le miramos al policía con un gesto de “este es el nuestro”. Le pregunta y no va hasta La Patria, se queda a 200km, algo es algo, así que nos subimos, hay que ir avanzando. El conductor es Daniel y subimos las bicis al remolque las tumbamos y nos sentamos con la espalda apoyada en la cabina. Primer escollo superado, arrancar dirección La Patria. Queremos llegar el día 12 o 13 a Monteagudo en Bolivia y quitarnos estos 400km lo harán posible.

La carretera es de las mejores que hemos vivido en Paraguay, buen asfalto y buen arcén. Buena temperatura, el viento refrescándonos y un sentimiento de libertad enorme. Viajar en un camión en la parte trasera es algo que sólo he experimentado en los proyectos de Sudamérica o África, en Europa viajar así es imposible. Ver el paisaje, saludar a los otros coches, poder charlar y sentir que no hay prisas. Poco a poco el sol es más fuerte y nos obliga a ponernos crema. Vamos de largo para los mosquitos a la mañana, pero hoy están más relajados. El paisaje sigue siendo de llanuras con palmeras, pastos, aunque cada vez hay menos agua estancada. Vamos hacia una zona más seca y calurosa. Llegar hasta uno de los cruces donde hay policía que nos ayude nos lleva más de dos horas. Daniel para y nos dice que estamos en Lomo plata y que más allí hay otro con Policía, pero que el no puede llevarnos más. Nos deja a 200km de La Patria, nos despedimos y el camión se marcha. Comenzamos de nuevo.

Cruzamos la carretera hasta el cuerpo de policías refugiados en una parada de bus de hormigón del sol fuerte que hace. Les explicamos y se ofrecen a ayudarnos. Ha habido varias bifurcaciones hasta aquí y el tráfico hasta nuestro destino cada vez es menor y las posibilidades se reducen. Cuando les contamos lo que hacemos, se motivan más y se ven parte de la aventura de llevarnos hasta allí, pero pasan pocos vehículos donde poner dos bicis y a nosotros. Los camiones pasan cargados y las pick ups también o se paran cerca. Hasta que llega un camión que lleva una excavadora. Les miro y les digo, quizá podamos poner las bicis atrás. Se acercan, le preguntan y llega hasta un peaje 35km más allí, algo es algo. De nuevo, con ayuda de los militares, subimos las bicis, las tumbamos y nos sentamos en parte de la pala sobre la gabarra. La realidad es que vamos poco seguros, pero disfrutamos con el viaje sentados ahí atrás y pensamos en todos los migrantes que se someten a viajes hacinados, con calor, sin agua, en malas posturas y durante muchísimas horas. Poder elegir esto y que puedas pararlo cuando quieras es un lujo. Pronto llegamos al peaje y Adalio nos ayuda a bajar las bicis, el también es bombero voluntario y nos despide deseándonos suerte.

Al otro lado, detrás están los policías, hablan con los empleados del peaje y a cada vehículo que pasa le preguntan. En este caso, pasan pocos coches, la mayoría para cerca, los camiones van repletos o son cisternas. Hace calor, comenzamos en el arcén pensando en positivo, pero pronto nos metemos debajo del peaje a la sombra. Pasan, pasan y pasan y nadie va hacia La Patria, así que les decimos que por lo menos lleguemos a Mariscal y de ahí seguiremos intentando. El día pinta largo, ya es la 13:00 y si no nos coge nadie habrá que quedarse ahí. Mariscal está a 70km y valoramos ir en bici hasta ahí y al día siguiente hacer los 100 que quedan hasta La Patria, pero lo que viene después son otras dos de 120km, será mucha paliza, pero si no queda otra, lo haremos. Yo abogo por tener esperanza, Shei por salir ya y no jugárnosla. Comemos algo y en ese momento pasa una Pick up con la parte de atrás vacía, el de la cabina no le pregunta, pero me acerco y le pregunto si van a Mariscal y dice que no  que van más lejos y arrancan. Shei y yo corremos detrás, “¿a dónde?” “A La Patria”. Ahí comienza un momento de ruegos y súplicas. Él dice que es coche de empresa, que no puede arriesgarse. Le contamos lo que hacemos y de repente se ablanda y nos ayuda a subir las bicis y nos metemos dentro. Otras dos horas más para llegar a nuestro destino. Son tres argentinos, con una empresa agropecuaria que pone en marcha terrenos o los gestionan. Charlamos todo el rato sobre nuestro viaje y sobre su trabajo.

A las 15:00 llegamos a la estación de Policía y ellos se marchan hacia la frontera a donde iremos nosotros mañana. Preguntamos al policía donde poder dormir, ya que el hotel es super caro. Nos habla de una escuela a 1km, así que compramos algo para comer, para cenar y para el día siguiente. Objetivo conseguido. Estamos felices. Aprovisionados y comidos, vamos al colegio donde ensayan los bailes de la patria del día 14 y 15 de mayo. Juan Manuel, el director, un chico super amable no duda en ofrecernos un aula, pero cuando terminen los ensayos. Así que las vemos bailar y nos hacemos fotos con las alumnas que nos explican lo que hacen. Hasta que a las 17:00 tocan la campana y salen todos en desbandada. Se queda todo vacío, Juan nos muestra el aula, la ducha y nos deja solos.

Es un pueblo complicado, de paso de muchos camiones, alejado y en un entorno de indígenas y Juan ha conseguido levantar una escuela que estaba muerta y ahora hay cinco veces más alumnos, con mejores instalaciones y con integración de razas. A la tarde gestionamos la entrada en Bolivia, ya que llegamos al día siguiente, hacemos tarea, cenamos y a la cama pronto.

Wordpress Social Share Plugin powered by Ultimatelysocial