LLEGADA Y BAJADA RÍO MANIQUÍ
La etapa 219 es la segunda más larga, se hace dura por el calor, la distancia, las ganas de llegar y después de casi once horas llegamos a la casa de acogida de Emmaus. Son las 17:00 de la tarde, estamos agotados y al poco de llegar aparece Leo, otro día de odisea para él, Bolivia le está enseñando con talleres intensos. Mientras desmontamos todo el responsable de Solidaridad Médica, Sergio, nos dice que tenemos que comprar bastante comida y aceite para la barca. Hace dos días nos dijo que todo estaba incluido por la labor que íbamos a hacer, ahora ya de noche y con poco margen nos hace ir de recados, con lo que por las justas compramos alguna cosa, pero queda la mitad, sigue mandando mensajes a las 23:00 de la noche. Con malas formas y a destiempo. Al día siguiente tenemos que ir a buscar a alguien que nos lleve a comprar lo que falta y al lugar donde está el motorista del pequepeque (la barca), ya que el que nos asigna Sergio vale el doble. Debido a todos los recados llegamos tarde, pero por lo menos tenemos todo. De momento la desconfianza que nos daba, se mantiene.
Cuando subimos a la canoa e iniciamos la jornada hasta la comunidad Nueva Esperanza olvidamos todo lo referente a la figura de Sergio. Sólo escuchamos el sonido del motor, una especie de invento con motor de desborzadora con un eje y una hélice. Va lento, pero avanzamos. En una embarcación hecha con el tronco de un árbol, las mochilas van cubiertas con un plástico y nosotros sobre una tabla de madera. Acomodamos el culo y por delante tenemos cinco horas de río. Al comienzo del río, donde cubre menos, vemos a gente de las comunidades pescando sumergidos en el agua, con redes, desde las barcas, niños jugando en las playas, casas de plástico y madera cercanas para montar campamentos. Vemos garzas y muchos tipos de aves. De vez en cuando árboles arrastrados por las lluvias en las orillas. De refilón vemos dos yacarés, pero nada de serpientes. Es un regalo la excursión, además está medio nublado y no sufrimos mucho el calor. Excepto una parada para que el puntero y el motorista coman algo, casi hacemos todo del tirón. Hacía las dos clavamos la punta de la barca en la tierra y la sujeta con un palo clavado. Subimos todas nuestras cosas y nos adentramos en la selva, tenemos unos cuarenta minutos de caminata hasta Nueva Esperanza.
Palmeras, jungla, mosquitos y por fin llegamos a una comunidad con casas de madera y hojas de palma. Gente humilde, descalza nos espera en la jalapa principal donde hay bancos irregulares y mesas hechas con maderas. Casi no hablan castellano y la comunicación es escasa. Llega un momento que nos dicen que llega el resto del equipo sanitario desde Cedral, otra comunidad río abajo. Regresamos al río a ayudar a cargar todo el equipamiento para la asistencia.
Una hilera de locales y de sanitarios lleva bultos como una expedición del siglo XIX. Dejamos todo bajo la jalapa principal y ahí se hace la presentación y una charla de prevención de parásitos y de higiene. Ya comienza a oscurecer y preparamos las tiendas de campaña y otros cocinan la cena. Compartimos la comida, charlamos y pronto nos vamos a la cama. Estamos cansados de dormir poco, de las horas de río, de caminar con peso y de sudar sin parar, llevamos un día y parece que llevamos veinte.
El segundo día amanecemos pronto, ayudo al turno que prepara el desayuno, algo sencillo, agua con café y dos panes con dulce de leche. Organizamos todo, la cabaña donde Cristina realizará las analíticas, la del odontólogo, la de la matrona y bajo dos japalas el censo y chequeo inicial y la atención médica. Poco a poco van llegando la gente local, se pone en la fila, se rellenan datos, peso, y pasan al médico. Voy grabando un poco de la asistencia, adultos, niños llegan y se sientan en los bancos. Todo es muy sencillo pero está bien organizado. En la cabaña de Cristina van llegando muestras de heces que analiza para ver si hay parásitos. El microscopio funciona con un generador que también han traído. Casi todos tienen parásitos, algunos pro andar descalzos, otros por el agua, otros por no lavarse las manos… El dentista empasta, saca muelas y con los pocos recursos saca adelante la asistencia. La matrona realiza papanicolaous, planificación familiar con una atención cercana y profesional. Y para remate me marcho con una enfermera selva adentro para buscar comunidades alejadas donde les enseña a construir letrinas y medidas de higiene. Muy interesante. Un día entero muy completo y agotador. Al final del día se recoge todo en las decenas de cajas y preparamos la cena, un cielo estrellado, con el sonido de la selva y una charla amable entre todos hay muy buen ambiente.
El tercer día madrugamos, a las 6:00 salimos caminando hacia el río, hay que salir pronto porque de subida vamos mucho más lento. Hacen fuego al borde, calientan algo de agua del río algo más de rato y reposo para los sedimentos, un poco de pan y es un desayuno que sabe riquísimo por la circunstancia. Montamos todo en las barcas como un tetris nos dividimos en dos grupos. Casi todos vamos sobre la carga y algunos algo incómodos. Tenemos ocho horas de subida hasta puerto San Ignacio. A mitad de río en el puesto de control paramos para comer un arroz que uno de los promotores hizo el día anterior y seguimos camino. El cielo amenaza y cumple con una llovizna, pero nada insoportable. Así que llegamos a San Borja sin mojarnos, descargamos todo pasando por encima de varias barcas amarradas y lo montamos en un camión donde irán todos los voluntarios de regreso a San Ignacio. Comemos algo con ellos en el centro del pueblo y nos vamos a la casa de acogida de Emmaus. Fin a tres días muy bonitos en el río Maniquí y viendo una realidad muy vulnerable a sólo unos pocos kilómetros de río. El resto de la tarde lavamos la ropa con la esperanza de que se seque antes de que vayamos a la parte alta del río a otra comunidad.
TALLERES EN SAN BORJA
Tenemos dos días por delante para dar talleres en el hospital y preparar las cosas para ir a Misión Fátima. El primer día en San Borja llega una borrasca y llueve tanto que se inundan todas las calles. Más vale que no nos pilló esto bajando por el río. Durante la mañana preparamos las charlas y toca meter toda la ropa y esperar que se seque dentro de los cuartos, pero hay mucha humedad. Por suerte nos han dejado botas y llegamos al sitio donde comimos el primer día para comer algo antes de ir a las primera charlas que daremos en el hospital. Nosotros estamos puntuales, pero las enfermeras llegan con cuenta gotas, pero llegan. Shei y Leo imparten el taller de peri quirúrgico y el de movilización de pacientes. Ocurre lo mismo que en Trinidad que los enfermeros y médicos están solos y les toca hacer de todo.
Ese día ha salido Javi desde Cochabamba y el plan es que le de tiempo a llegar en un día, pero el vuelo se retrasa y la salida de Trinidad se le complica con lo que tiene que llegar un día más tarde. Nosotros cenamos algo en casa y nos vamos a la cama en nuestra sala comunal. En esa casa de acogida hay varias salas donde acogen sobre todo a Tsimanes que vienen a hacer recados desde el río.
Al día siguiente amanece lloviendo de nuevo, la salida de Javi se retrasa por los problemas de combustible y llega tarde al río donde todo está bloqueado por las lluvias, todo se ha derrumbado, la gente trabaja sin parar y es probable que llegue tarde. Nosotros nos vamos de nuevo al hospital e impartimos el taller de RCP, al final estamos buen grupo y sale un buen grupo. Una de las asistentes es trabajadora en administración, Sonia, hace poco ha tenido un susto con un atragantamiento y pide que le dejen asistir. Se queda muy contenta y después de la sala nos enseña un hospital inaugurado hace sólo 25 años, pero con apariencia de cien, todo enmohecido, con puertas torcidas, precario. Están escasos de recursos y en esos momentos sólo hay cinco botellas de oxígeno, debido a los bloqueos y al Mamoré no llega nada.
Vamos a comer algo y coincidimos con Sonia de casualidad y su pareja y ella nos proponen cenar uno de los días, pero al idea es irnos al día siguiente a Misión Fátima, pero al llegar a la casa de acogida Solidaridad Médica Boliviana ha decidido cancelar la actividad argumentando que la persona responsable no va a estar. Nosotros hemos hecho contactos y no pasaría nada, pero lo anulan y nos dejan sin un plan que llevamos meses organizando. Una pena porque esa comunidad necesita cosas y nos esperaban para poder ayudarlos. La tarde la pasamos tranquilos en la casa de acogida y la pena es que Javi se ha quedado atascado en el río y dormirá allí.
Al día siguiente aprovechamos para hacer cosas, arreglar las bicis y a media mañana llega Javi agotado después de un día viajando. No queda otra que aprovechar los días por San Borja y formar parte de ella y la mejor manera es que Javi vivió hace 25 años un tiempo aquí. Visitamos a los hermanos menesianos y la alegría de uno de ellos es inmensa al encontrarse con un chico que ya es un padre un cuarto de siglo después. Javi va visitando a viejos amigos, entre ellos a la madre de una ex que tiene un canal de televisión. Surge la idea de entrevistarnos, pero el sistema está colapsado y lo haremos más adelante. En ese momento nos llama el contacto en Misión Fátima para saber por qué no hemos ido. Nos estaban esperando. Los de la ong solidaridad médica nos habían cancelado a nosotros, pero a ellos les ha hecho bajar a buscarnos y les ha cobrado la gasolina. Un gesto cruel con una comunidad pobre y que nos esperaba como agua de mayo. No quieren que nadie vaya más que ellos, pero el ayuntamiento se enfada porque no son nadie para decidir quien va y no. Los perjudicados son la gente que lo necesita por el ego de una ong que no queremos ver ni en pintura, con Sergio a la cabeza. Les hemos ofrecido enfermeros, 10.000€, dos pozos, el dinero que recaudemos en el viaje de rumbos y todo lo han rechazado con malas formas. Más no hemos podido hacer.
EXPERIENCIA EN SAN BORJA
Nos levantamos de ese golpe y lo que hacemos es seguir tejiendo redes. Javi sigue presentándonos amigos, uno de ellos es Skandar, un dentista ganadero que nos lleva a su casa y pasamos el resto de la tarde charlando sobre todo y terminamos cenando. Hace 25 años que no se ven y estamos como si los conociéramos de siempre. Regresamos a casa como si fuera nuestra vida normal, pasando esa línea en la que ya eres parte del lugar. Hacía tiempo que no pausábamos el tiempo, entre las etapas de bici, editar, escribir, los proyectos, parar un poco y estar tranquilos se agradece.
La idea es ir a conocer y caminar por fuera con Javi para ver animales, pero no para de llover y además no hay nadie que nos pueda llevar por falta de gasolina. Así que paseamos por el lugar y los menesianos, que son Natxo, Javi y Casimiro, tres españoles en edad de jubilación que nos invitan a comer. También están Esther, médica, María y Maite, enfermeras de España. En la mesa hay ibéricos, pescado, ensalada, una comida en la que hacen un esfuerzo por esos dos ciclistas que tienen que llegar a La Paz. Da gusto conversar sobre todo y sale el tema de la ong que nos la ha jugado y dicen que lo mejor es que las personas negativas dejarlas lejos. Los egos de estas ongs son muy peligrosos.
Por la tarde hacemos tareas de web y a la noche quedamos con Sonia, la chica del Hospital y Daniela una chica implicada en su comunidad, para cenar y donde vemos la posibilidad de hacer proyectos a través de ellas en un futuro. Si no es por un lado, lo haremos por otro, pero lo importante es llegar a quien lo necesita y no rendirse.
El último día, apuramos el tiempo para dejar la web lista, las bicis y Skandar y Stephanie nos invitan de nuevo a comer. Nos deleitan con pescado, puré de calabaza, verduras y un postre riquísimo. Pasamos gran parte de la tarde con ellos y apetece quedarse más, son super majos, pero tenemos que irnos, preparar todo porque es el último día. Nos despedimos de las sanitarias, de los menesianos y de San Borja, ha sido una gran experiencia. El día ha pasado sin lluvias, pero el pronóstico no es nada buen hacia La Paz. A Javi y Leo les vienen a recoger a las 3:00 de la madrugada para ser los primeros en llegar al Mamoré y evitar colas para ir a Trinidad, veremos en que queda esa aventura.