SAN PEDRO DE ATACAMA-SUSQUES 275KM, 6 HORAS
El autobús sale a las 8:30, pero queremos estar bastante antes para desmontar y reempacar las alforjas y sobre todo tener margen para negociar con el chofer meter las bicis. A las 6:30 suena el despertador y como estamos algo nerviosos hemos dormido poco. El informe el día anterior da mal tiempo arriba y el paso fronterizo se puede cerrar y aún peor, tener que quedarnos varios días más en Chile hasta que lo abran y retrasar el plan. Desayunamos un poco, montamos las bicis y salimos hacia la estación con los primeros rayos. El cielo con matices rosas dibuja la silueta de los montes hacia los que vamos. Las calles están vacías y en la estación cuando llegamos no hay casi nadie. Está un autobús que va a Calama y algunas personas esperando a uno que va a Salta antes que el nuestro.
El sol comienza a iluminar los andenes que no están cubiertos. Desmontamos las alforjas otra vez y las metemos en un bolso grande que tenemos. Si queremos negociar meter las bicis, cuantos menos bultos vea el conductor, mejor. Además gestionar ocho alforjas, cuatro bolsos y dos mochilas es estresantes, al final lo dejamos en cuatro bultos más la mochila y la bolsa de comida de cada uno. El autobús llega tarde, hace viaje nocturno desde Salta hacia aquí, pero viene, con lo que el paso está abierto. El cielo está super azul, no hace frío y nos extraña que en la frontera esté tan mal. Mientras esperamos aparece Manel, un chico de Barcelona que lleva dos meses viajando con mochila, va a hacer cinco países y tiene mucha experiencia a espaldas. Charlamos de muchas cosas, de los viajes por descontado, pero un tema que nos toca a los tres es el de los israelíes que campan a sus anchas por Sudamérica con una actitud despreciable y arrogante.
El bus llega una hora tarde y entre que bajan los que vienen y de repente todo el mundo se agolpa para meter su maletas, vemos que el pequeño maletero quizá no de para nuestras bicis. El bodeguero nos mira con sonrisa, hay predisposición y parece que harán lo posible para meterlas. Primero meten las maletas de todos y luego toca desmontar ruedas, girar manillar y subir nuestros bolsos, han cabido. Estamos super sudados, pero un dolor de cabeza menos, cruzaremos la frontera a Argentina.
Desde San Pedro hasta la frontera son 160km sin nada donde cobijarse, sin lugares donde comprar comida o agua, si quieres hacer esa etapa, tienes que hacerla entera. El problema es que tiene un puerto de 28km al 7,2% que llega a los 4.800msnm y luego otra subida con un total de 3.200+. Vamos, que con la carga que llevamos y nuestra capacidad no somos capaces de hacerlo y si le añades que el parte da mal tiempo arriba, quedarse en mitad de la nada es peligroso. La mejor opción es ir en bus, aunque varios cicloviajeros lo han hecho, mi absoluta admiración.
El bus sube a 25kmh, muy despacio, no entiendo de motores, pero imagino que entre el desnivel y que la mezcla con menos oxigeno no será buena, los vehículos van peor. De hecho muchos conductores con los que habíamos negociado para pasar decían que su furgón no estaba preparado para altura. Por un lado hace que 160km sean tres horas, por otro te permite disfrutar de un festival de paisajes al otro lado del cristal. Tenemos la nariz pegada al ventanal. Aunque todo es desierto, a veces hay zonas con matojos verdes donde aparecen llamas, otras es todo un horizonte terroso con volcanes al fondo, otras una especie de salinas, otras como lagunas donde observas pájaros. Un placer para la vista que despierta el deseo de haberlo hecho en bici, aunque todo se ve muy fácil desde el asiento. Además el día es increíble, nos imaginábamos un lugar desapacible, con un pasillo de nieve hasta la frontera, pero no hay gota de nieve. No entendemos el cierre de frontera que hay estos días.
A las tres horas llegamos a una hilera de camiones que esperan a pasar aduanas y nosotros la adelantamos. Entramos en un edificio y en él sellamos la salida de Chile, entregamos un papel que te da la policía al llegar a Chile y que hay que guardar como oro. Luego en la taquilla de al lado registran en Argentina, cambio de acento y en esta caso no hay sello, todo informatizado. Luego regresamos a por todo nuestro equipaje, todas las personas tienen que pasarlo por scanner. Otra cola de espera y de nuevo a meter todo el equipaje como un tetris en el maletero. Le ayudo al bodeguero que es un roquero super majo. Nuestras maletas las últimas que nos bajamos los primeros en Susques. Lo curioso es que aunque hacemos la mitad nos cobran todo el trayecto. Nos ha salido parecido 300km en bus que un viaje de 2500km en avión de Concepción a Calama, 130€ los dos… En un momento dado, un chico se me acerca y me da las gracias. Es el camionero que tres días antes estaba varado y le ofrecimos agua. Él se acordaba del gesto y al final su camión se ha quedado ahí y regresa a su casa en bus. En ese momento no piensas que tu ofrecimiento puede significar tanto y nos alegramos de haberlo hecho.
Desde la frontera quedan 100km a Susques, quiero ver mi plan inicial, los lugares donde quería dormir y el camino de tierra que quería tomar, pero Shei y yo nos quedamos dormidos. Todo el estrés acumulado por este paso se va con el paso fronterizo, ya estamos en Argentina y el cuerpo pide paz. Con lo que me despierto a falta de 20km y no puedo comprobar como eran los caminos. Los pocos paisajes que nos quedan siguen siendo increíbles, quizá hay más vegetación en este lado, aunque seguimos a 3.600 metros de altura. El bus para en una esplanada al lado de la carretera, se vislumbra un pueblo polvoriento, de casas marrones y mucho más humilde que lo que hemos visto hasta ahora. Nos despedimos de Manel y el bodeguero. El bus se marcha y toca montar las bicis y reorganizar todo en las bicis. En ese momento aparece un chico, Nicolás que está andando en bici y charlamos un rato con él. Nos cuenta que la carretera que haremos es una chulada, así que felices de la decisión tomada.
Nos hacemos la foto en la entrada del pueblo, “Bienvenidos a Susques”, un dibujo con unas llamas con los colores típicos de la ropa andina. Al lado hay una señal llena de pegatinas de moteros de la ruta 40. Estamos en ella, pero la dejamos para seguir por la 52. Era una opción bajar a San Antonio de los Cobres por ella, pero son 130km de camino que puede convertirse en una pesadilla, además sólo hay tres pueblos. Nos tienta mucho, pero bajar por el alto de Lipán, ver las salinas, llegar a Salvador de Jujuy, o alcanzar Salta por la 9, también es un acierto.
El pueblo son dos avenidas de dos carriles y el resto calles rectas de casitas de hormigón y chapa, llenos de polvo. Hay algunas casas derruidas y las calles tienen piedras amontonadas. Cuatro negocios de comida y algún restaurante. Tenemos de todo, así que bien. Nos alojamos en el hotel Kaktus, que tiene muchas habitaciones y nos hace precio. Shei llega algo enferma, con fiebre y se mete a la cama. La idea es salir al día siguiente, pero no parece que vaya a recuperar. Compramos algo para cenar y nos refugiamos en el cuarto para descansar. Shei duerme toda la tarde y yo actualizo la web. Ceno yo solo y nos echamos a dormir.
Al día siguiente Shei se levanta con diarrea, pero ya mejor del dolor de cabeza. Desayuno yo sólo y decidimos quedarnos un día más para que se recupere. Estamos tranquilos en el cuarto hasta que su cuerpo le pide comer, es buena señal. Nos hacemos unos bocadillos y salimos a dar un paseo. En el pueblo hay una especie de viacrucis a una cruz en un promontorio de tierra que se ve desde el pueblo. Un camino de piedras blancas con algo de pendiente que nos deja sin aire, pero nos viene bien para activar el cuerpo y ver como se encuentra Shei. Las vistas desde arriba son chulísimas y ya nos entran ganas de comenzar la etapa del día siguiente. Bajamos, compramos algo de cena y pan para desayunar y regresamos al hostal. Ahí ajusto las bicis y remato la web, que estos días entré el artículo del periódico, la entrevista en ser aventureros y al de Iván el apicultor hay mucha info nueva.