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LUBLIN Y TREN A PRZEMYSL

MAJDANEK Y TREN

La falta de persianas hace que a las 4:30 ya estemos despiertos, aguantamos sobre los cojines del sofá convertidos en cama y a las 7:00 estamos listos. La familia está de fiesta, es verano y los niños no van a la escuela, con lo que hacen un esfuerzo para desayunar con nosotros. El momento es muy bonito, pronto en la mesa hay tostadas, panqueques, café y todos en torno a ella. De nuevo tenemos muchas cosas que contarnos y nos damos cuenta de que tenemos que cortar porque queremos visitar el campo de concentración de Majdanek. Bajamos todas las alforjas al coche y nos vamos en bici a 9km de allí. Esta ciudad tiene 700 años de historia, influencias polacas, cristianas, judías, lituanas y ucranianas. Aquí se firmo la unión en 1569 entre Polonia y Lituania, uno de los estados más poderosos de la época. Tiene un centro histórico muy bien conservado y que sobrevivió a la 2ªGM. Aquí había un tercio de población judía y se la conocía como la Jerusalén de Polonia. Es una de las ciudades más verdes y para moverse en bici tiene muchos parques.

Conforme llegamos una valla con concertina rodea una extensión enorme. Mantienen la vallada que hace 80 años estaba ahí para que no se fugasen los prisioneros. En la 2ª GM paso a estar bajo ocupación nazi y construyó este campo muy cerca de la ciudad, inicialmente era campo de prisioneros, pero pasó a ser de trabajos forzosos y de exterminio. No solo de judíos, también polacos, bielorrusos, ucranianos, franceses, italianos… aquí murieron 80.000 personas, el 75% judíos. Aunque el peor episodio fue el 3 de noviembre de 1943 donde asesinaron a 18.000 en un día y junto a otros campos cercanos un total de 48.000 en 48 horas, siendo uno de los episodios más trágicos de la guerra. En julio de 1944 fue liberado por el ejército rojo y los nazis no tuvieron tiempo de destruir pruebas y por eso es de los mejor conservados y se mantienen barracones originales, cámaras de gas, crematorio, torres de vigilancia y las alambradas. Lublin pasó a manos soviéticas donde tuvo un desarrollo y tras la caída del comunismo tuvo otro.

En lo que concierne a nuestra visita nos encontramos una gran extensión, se conserva parte de los barracones, pero otra parte fue destruida. Aquí había miles de personas hacinadas. Vemos el proceso desde la desinfección, como les quitaban sus pertenencias, hacían negocio con ropas y zapatos, como los hacinaban y los obligaban a hacer trabajos forzosos, como eran las cámaras de gas y como algunos morían el mismo día de llegada. Las alambradas, las torres y no paramos de preguntarnos dos cosas. Cómo es ser humano es capaz de hacer eso contra otro ser humano. La otra pregunta es cómo el estado de Israel es capaz de cometer el mismo genocidio contra otra comunidad que nunca les ha hecho daño y aún peor, cómo Alemania, el país que cometió el primer exterminio es capaz de apoyar otro genocidio y no condenarlo. Cómo es capaz de criminalizar al defensor de los derechos humanos y no penalizar al agresor. El sentimiento de culpabilidad hay que usarlo para no repetir errores, no para compadecerte y mirar a otro lado.

Por un lado se nos pone la piel de gallina, Sheila hasta llora viendo e imaginando esos días, por otro nos crea rechazo ver grupos de israelís con sus banderas y monopolizando el espacio sin dejar reflexionar al resto, erigiéndose como las víctimas históricas y no penalizando sus actos actuales.

Dejamos el campo y vamos a la estación de tren, la ciudad tiene muchas cosas que ver, pero en una mañana, hemos preferido ver el campo y dejarnos la monumentalidad para futuras ocasiones. Hemos quedado a la 13:00 y aparecen puntuales con nuestras alforjas. El detalle es increíble, nos facilita mucho y nos evita muchos esfuerzos. Montamos las bicis y vamos en busca del andén. La familia además nos trae algo de comida, nos regala unas pulseras y nos despide con una sonrisa enorme. En menos de un día se ha creado un vínculo muy bonito. Esperamos volver a verlos.

Subimos al andén 3 y esperamos a que venga el primero de los tres trenes que nos llevarán a Przemysl. El motivo de tener que tomar un tren es que tenemos fecha de paso a Ucrania y que sólo podemos pasar en bici por una frontera: Medyka. Desde Australia que no subíamos en un tren con las bicis y lo echábamos de menos. Para nosotros tiene un componente romántico y mi cabeza siempre planea hacer algún viaje largo con trenes, pero eso será en el futuro, ahora estamos en Polonia. Los trenes están preparados para subir bicis con alforjas, hay vagón a ras de andén y espacio. La única pega que tenemos es que el primer trasbordo dura sólo siete minutos. Si tenemos que subir escaleras y buscar andenes estamos perdidos. Así que anticipamos hace días con una polaca que nos escriba en su idioma, que nos espere el siguiente tren para mostrarle al revisor. Al leerlo nos tranquiliza y dice tres y fácil. Le creemos, pero nunca se sabe. Dos horas más tarde llegamos a la estación y estamos como los mecánicos en formula uno, listos para salir pitando. Efectivamente hay que cruzar las vías caminando y subir al tren, nos sobran cinco minutos. El siguiente trasbordo dura veinte. Todos los trayectos nos permitimos relajarnos, ver el paisaje desde la ventanilla, escuchar el traqueteo y ver un día soleado. En el último cambio tocan ascensores y levantar la bici, pero da tiempo porque el tren llega con retraso. Lo más curioso es que en el andén hay un cartel para la trata de blancas escrito en castellano. Último tren y a las 19:00 bajamos en Przemysl. Lugar principal donde hace cuatro años se gestionó la llegada masiva de ucranianos al comenzar la guerra.

Esta ciudad es de las más antiguas de Polonia, tiene un casco antiguo precioso, pero es tarde, tenemos que comprar y al día siguiente una etapa larga para llegar a Leopolis. Es una pena porque tiene una de las mayores fortalezas de Europa construida en el imperio austrohúngaro. Al salir de la estación vamos directos al supermercado, compramos cena y desayuno y al hostel, el cielo está negro. Nada más entrar a nuestro cuarto comienza a diluviar, nos hemos librado por los pelos. Ahora con más motivo no visitaremos la ciudad. Nos relajamos lo poco que queda de día y nos organizamos para pasar al país 35 al día siguiente. 

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