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ETAPA 75 KAIRMA-SAMARCANDA

40KM 230+

Nuestro cuarto es una moqueta en el suelo, con una mesa baja que usarán para comer o trabajar, donde la tarde anterior intenté escribir en el ordenador, pero me fue imposible aguantar cinco minutos. El techo esta decorado con motivos y pintado y en un lateral hay un montón de futones y cojines. Intuimos que es el cuarto para las visitas o donde se reúnen a tomar té. Hemos dormido sobre dos futones y nos preguntamos cuando son mayores como hacen para echarse y levantarse desde el suelo. Sheila duerme del tirón y se despierta descansada, aunque las piernas no, algo nos dice el cuerpo y probablemente sea que quiere descanso de verdad.

A las 6:30 nos ponemos en marcha y vamos sacando alforjas fuera. Todas las personas de la casa ya están en marcha, en la parcela, limpiando uvas, en la tienda y nos están esperando para desayunar. Dejamos las bicis listas y nos sentamos en un sillón que hay al lado de la tienda y donde seguro pasan muchas horas para estar pendientes de los clientes. Dos platos llenos de fruta, té, pastas y pan. Conversamos lo que nos deja el traductor y todos intuimos que toca la despedida y lo cierto es que en menos de 24 horas se ha creado un vínculo muy especial. En otras circunstancias nos ofreceríamos a ayudarles en las labores que necesiten y pasar un tiempo con la familia. De nuevo la barrera idiomática nos priva de miles de preguntas y una conversación que nos habría acercado aún más.

Sólo Sheila tiene el placer de darles un abrazo cálido a todas, yo le doy a Otoquel por todas. La cultura separa un gesto cariñoso de agradecimiento, pero las miradas se abrazan y eso nos vale. Salimos del camino de gravilla hasta la carretera que tiene en frente de casa y donde el tráfico fluye como una arteria descontrolada.

El mal estado de la carretera y el intenso tráfico nos empuja durante muchos kilómetros a un arcén de gravilla y a diferencia de los días anteriores el perfil tiene cuestas. Las piernas están perezosas o sabedoras de que en tan solo 40km llegarán a Samarcanda. Una ciudad que resuena en tu memoria como un lugar de leyenda, donde los cuentos trazan un camino con sus palabras hasta ella. Al igual que muchos sitios de Uzbekistán fue centro de la ruta de la seda y donde Alejandro Magno puso sus pies. Samarcanda es historia y ahora nosotros formaremos parte de ella.

La etapa no tiene mucha historia, por un lado queremos llegar pronto y por otro el tipo de vía y la tensión nos impulsa hacia delante. En uno de los poblados, un chico sale con una mountain bike y recordamos que aún tenemos las dos cadenas y el desviador que cambiamos en Aktau hace casi dos semanas y que no tiramos para darle a alguien que le resulte útil y seguir dándole vida. Al grito de “ey” le paramos y le pedimos que espere con la mano, no se desespera, pero su duda es patente, cuando sacamos la bolsa y le mostramos el contenido nos mira extrañados, pero lo pone rápido en el manillar y se marcha rápido no vayamos a arrepentirnos.

A los 20km paramos para tomar café en un sitio que está vacío, a los minutos la puerta se abre y Sheila me dice, a ese hombre lo hemos visto en algún sitio. Nos miramos los tres con esa cara de te conozco de algo, la pena es que el tiene prisa, deja una cosa y se marcha sin dar tiempo a mi memoria a buscar en los archivos. Un clic hace en la cabeza y saco un recuerdo de la estantería, es el revisor que iba en nuestro vagón, de 25 que había en el tren que nos trajo hasta Bujara, me giro para decirle, pero sólo queda la estela del coche. Seguro que le habría hecho ilusión que le recordáramos.

Salimos con un poco de cafeína en el cuerpo a por 20km de doble vía y pronto entramos en el área metropolitana de Samarcanda. La ciudad está creciendo y muchos edificios están en obras. Dos carriles y tres filas de coches despiertan nuestros sentidos, sobre todo con algunos camiones que pasan acariciando nuestras alforjas. Está claro que esta etapa no pasará a formar parte de los recuerdos por los paisajes, ni las vivencias durante la etapa, pasará por lo que simboliza en el viaje, es el último paso antes de nuestro primer proyecto y un hito en el itinerario.

Callejeamos durante muchos kilómetros por grandes rectas que suben y bajan suavemente y decidimos que antes de ir al hotel pasaremos por la plaza principal. Las calles están cortadas por un triatlón y damos algo más de vuelta para llegar al Registán y sacarnos la foto de rigor que demuestre que llegamos en bici desde Pamplona hasta ahí. Hay que pagar entrada para pasar una barrera metálica que nos de paso a una plaza con tres enorme Madrasas. Dejamos la visita oficial para uno de los días de descanso y nos conformamos con sacarnos la foto desde el otro lado. A punto de hacer la foto dos rusas curiosas nos preguntan por nuestro viaje y se traduce en media hora de conversación donde surge un bonito encuentro. Nos hacen las fotos y nos marchamos al hotel que está a 800 metros en línea recta, una casa familiar donde descansaremos tres noches y que es tranquila. A la tarde lo justo salimos para comer y comprar la cena, que queda mucha tarea pendiente de web y hay que actualizar. 

Ruta en strava.

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