80KM 300+
A las 6:30 suena el despertador y el cuerpo no pide bici, pero no le hacemos caso. Al salir de la tienda, el dueño del hangar ya está ahí. Le hacemos gestos de que en un tris montamos las bicis, con gestos nos dice que sin problema, pero no se marcha, así que aligeramos y a las 7:30 ya estamos listos. Le damos una bolsa con almendras sin picar que nos dio un señor y que no podremos sacarle partido y nos despedimos. Otra etapa larga por delante camino de Samarcanda. Trataremos de evitar la M37 de nuevo. Nos marcamos Gadan a 33km como lugar de desayuno.
El perfil es como el día anterior, un ritmo que no pasa de 20km/h pero que nos obliga a pedalear todo el rato sin descanso. Hoy es temprano y la luz de la mañana se nota. Son colores más bonitos, está más tranquilo y disfrutamos de esa calma. El paisaje no varía, campos a ambos lados y un corredor de árboles por el que pedaleamos. Cuando llegamos a Kattaming a los 18km, el hambre nos obliga a parar y lo único que vemos aparente es un supermercado donde compramos unas pastas, un kéfir y le pedimos agua caliente para hacernos un café. En una mesa fuera, damos cuenta de uno de los panes que nos regalaron el día anterior y que ya estaba duro, pero con nocilla todo se arregla. Unas pastas y el café frio porque no tienen hervidor. Antes de irnos un chico que comienza en breve la uni, nos regala una coca cola y charla un rato en inglés. Tiene muy claro lo que quiere y proyectamos para que lo consiga.
En cuanto salimos de Kattaming buscamos un camino entre los cultivos donde poder hacer lo que en el hangar no hemos podido. Detrás de los vídeos, de las fotos de un viaje hay muchos aspectos que pasan por alto, como ese y a veces no es fácil tener cubierta esa faceta.
Llevamos sólo 18km y la etapa está prevista en 80, tenemos que darle algo de caña para que el calor no nos haga mella como el día anterior. Uzbekistán ha sido el país con peor estado de carreteras de todo el viaje de largo y no es fácil coger ritmo teniendo que esquivar agujeros, bultos, grietas y estar pendiente de los coches. Por suerte hoy hay poco tráfico. Cuando llegamos a Gadan nos sorprende el tamaño y la cantidad de coches que hay. La flota es muy sencilla y no contamos con los dedos de una mano coches europeos. En una plaza nos sorprende ver once farmacias en la misma pared de un edificio. Las ofertas estarán a la orden del día.
Hay que avanzar y las piernas están doloridas a pesar de la suavidad del relieve, pensamos que es precisamente por eso, no hemos dejado de pedalear en tres días, sin una cuesta que nos de tregua. A los 56km vemos en un pueblillo, Kattaqan, un milly toamlar, que es un restaurante de esos locales donde hacen pescado y carne a la brasa. El chico nos hace gestos y es la hora perfecta para detenerse y comer algo de verdad contando que el hornillo se ha roto. Un grupo de hombres perjudicados como los del día anterior, paran su coche para saludarnos y gracias a ellos, conseguimos wifi para poder pedir algo de comida. Le preguntamos si tiene algo de arroz con verduras y dice que no, carne o pescado. Nos decantamos por unas brochetas de carne que tiene buena pinta y algo de pan. El hijo de la casa está feliz con los tourist y la gente de pueblo curiosea. Comemos sentados a su manera y disfrutamos de la carne a la brasa. A punto de terminar la familia del restaurante come alrededor de un plato de arroz con verduras, no sabemos si no nos han entendido o que querían que comiéramos lo más caro. Estaba muy bueno, así que seguimos felices el camino para acabar la etapa.
Nos quedan varios tramos de tierra entre campos enormes de algodón y creemos que té. Nunca había visto nada igual y pensamos en esos latifundios que hay en EEUU que son como municipios de España casi. El cielo se cubre de una especie de calima que viene del oeste. Se mueve mucho viento y todo se impregna de un color arenoso en el aire. Entramos en una zona algo más desértica y con las primeras rampas en días. Nos tocan varios kilómetros en contra del viento donde varios niños con sus motos eléctricas juegan a adelantar a los tourist durante kilómetros. Llegamos a otra vía principal que va hacia Samarcanda, estamos a poco más de 50km y el tráfico se intensifica. Un recta de toboganes en los que disfrutamos de la sensación de bajar y no pedalear nada. Con el viento algo a favor, la luz es etérea, el sol escondido en la calima ilumina todo y se reparte por igual dando una foto apocalíptica. Queremos encontrar algo pronto para dormir y que no se nos vaya el día sin poder descansar. Necesitamos agua y compramos en un market donde venden de todo. Les preguntamos si saben donde podemos poner la tienda de campaña para pasar la noche. La niña sale sonriente y regresa con su hermana, que habla inglés, al teléfono. El lugar es su casa, y nos invitan a dormir en un cuarto.
Pasamos un portalón a una parcela con dos casas y una en construcción, en el centro un terreno por cultivar con una vaca lechera al fondo y fardos de paja. Nos enseñan una caseta con un bidón encima que será la ducha y una letrina al fondo donde unas casetas de adobe. Nuestro cuarto es una habitación con varios futones. El lugar es perfecto. La tarde la pasamos con ellos hablando a duras penas con el traductor. La abuela nos saca té y galletas y al atardecer ordeñamos la vaca. Una tarde en familia muy bonita que rematamos yendo todos a cenar a un restaurante. Farangiz es la nieta, Su madre es Maxliyo, y los abuelos Gulnora y Otoquel. Al regreso ponemos algo de música nuestra y suya y bailamos, luego charlamos comiendo pipas y con el traductor y nos vamos a la cama cansados. Eternamente agradecidos de este regalo.
Ruta en strava.
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