65KM 70+
Dormimos como en casa, la noche es tranquila, pero nos sorprende que en ningún momento han dejado de pasar coches por la carretera que tenemos a 100 metros. La población está muy focalizada en las zonas fértiles y en esos corredores se intensifica el tráfico.
A las 6:15 nos suena el despertador, cuando estamos comenzando a recoger las cosas dentro de la tienda de campaña aparece Asad con su nieto, de unos cuatro años, tímido, se refugia tras su abuelo. Salimos de la tienda y nos ofrece tomar té en su casa. Le decimos que sí, con gestos le hacemos ver, empaquetamos todo y vamos. Nos esmeramos, sobre todo porque se queda ahí viendo el proceso. Aunque viajamos con alforjas, es increíble todo lo que cabe y el tiempo que lleva empaquetar todo, es un ritual mañanero que nos lleva más de una hora.
El sol es más fuerte que el día anterior y nos viene bien meternos en casa de Asad, nos descalzamos en la entrada y nos espera su mujer Sanabar en un salón en el que sólo hay una gran moqueta y una mesa baja para comer de piernas cruzadas. En la mesa hay panes, mantequilla, huevos, galletas y té. Nos invitan a desayunar. La hija se afana en hacer más huevos y el otro nieto revolotea feliz con la inesperada visita. No hay internet, con lo que no podemos mantener una conversación, pero algo nos hacemos entender y entre bocado y bocado va creándose un vínculo. El rondará los 60 años, canoso, con un bigote y una mirada muy noble, ella algo más joven, con un pañuelo en la cabeza y toda la dentadura en oro, también es amable. El carácter uzbeko es pacífico y te sientes seguro.
Cuando terminamos nos dan algo de uva de su terreno, nos hacemos unas fotos y nos despedimos con un abrazo cálido. La experiencia ha sido muy bonita y odiamos no poder entendernos para hablar de la vida. A las 8:20 salimos por el camino de tierra a la carretera. El resto de la etapa iremos sin arcén, con un asfalto muy roto, con agujeros, montones de brea e irregularidades que te obligan a estar muy atento y por momentos a salir al centro para evitarlos. Hace algo de calor, pero sobre la bici se está bien. El paisaje será el mismo que la parte final del día anterior, campos de cultivo, frutales, arrozales y granjas.
La flota de vehículos sobre todo es marca Chevrolet, hay uno que predomina que es una furgoneta pequeña que le llaman trolebús y que es el transporte local, son blancas y calculamos que una quinta parte son esas. Siempre con gente que asoma las manos por la ventana a su paso y que cada dos por tres paran en mitad de la carretera para bajar o subir alguien.
Mucha gente se mueve en bici, el país con más movilidad sobre las dos ruedas con diferencia. También se mueven mucho en motos eléctricas, lo más curioso es que en muchas ocasiones van en dirección contraria, será para ver los coches de frente, por suerte se meten al arcén de tierra cuando nos cruzamos.
A los 20km llegamos a Gurlan, sobre el mapa parecen pequeñas, pero nos sorprenden el tamaño y extensión. Aunque es verdad que los edificios son bajos. Al igual que en Mangit, muchas de las calles son de tierra o están en obras. En la entrada vemos un sitio que dan de comer, casi sin poner el pie en tierra aparece un hombre bastante alto y ya tiene en el traductor escrita una frase que nos saluda y si queremos tomar te o café. Así que nos quedamos. Mientras nos hacen el café otro hombre del restaurante nos muestra como hacen las somsas, una especie de empanada de carne. Vemos el proceso desde la cocina, donde en un balde tienen la mezcla de carne con verduras y con destreza con una mano pone una lámina de pasta sobre una madera con harina y la otra un bolo de carne. La cierra con cuatro vueltas a la pasta y las va amontonando en una bandeja. De ahí a un horno que es una semicircunferencia que sale del suelo con el agujero de entrada en lo más alto. Queman ramas de algodón y el fuego sale por el orificio como si fuera una fundición, rápidamente se consumen las maderas y quedan las brasas al fondo. Emite mucho calor y con habilidad va pegando las somsas en las paredes como si fueran baldosas de un baño, al terminar varias hileras blancas ocupan todo el espacio interior. En un rato van tomando un tono dorado y con una especie de cestilla las arranca de la pared y las pone en una bandeja para la venta. A lo largo de la etapa veremos muchos de estos hornos, alguno incluso sobre un carro.
Tras la experiencia gastronómica retomamos la etapa. La idea es hacerla del tirón hasta Urgench, es prácticamente llana y quedan 45km de grandes rectas y mucho tráfico. Es curioso como esa etapa sin tráfico y mejor asfalto es otra, donde puedes mirar los campos, la gente en sus bicis, en los puestos de venta de somsas o fruta, pero estamos atados a la brea con un hilo hasta nuestros ojos. En un momento dado un camión adelanta en dirección contraria una fila larguísima de coches, a gran velocidad, rozando el descontrol y nos obliga a saltar a la tierra lateral, sin otra opción, la otra sería la muerte.
Al salir de Gurlan un señor nos ha regalado una botella de agua fría y en Yangibazar paramos para beberla antes de que se caliente demasiado, lo hacemos a la sombra de lo que parece un lavadero de coches. Comemos las uvas de Asad y en ese momento aparece un chico con un coche y se interesa por nosotros. Le vamos contando y al rato aparece otro, se hacen fotos con nosotros y de nuevo nos da cada uno dinero. En euros puede parecer poco, pero respecto a su sueldo es mucho y nos parece de una generosidad suprema. Además nos regala refrescos y agua.
Desde ahí quedan unos 20km para terminar etapa. Lo que ocurre en la carretera es monótono y nuestra experiencia se basa en la vida fuera de ella con la gente. Es el país donde más muestran su alegría por vernos y donde más acogedores están siendo. Como el perfil es fácil antes de la 13:00 estamos por las calles de Urgench. Ahora sí, grandes avenidas, edificios más solemnes, de líneas rectas, de colores claros. Buscamos algo de comer antes de ir al hotel y es el único borrón del día, no nos sacan nada de lo que les pedimos, es escaso, no muy sabroso y encima nos cobra lo que les da la gana. Aprendemos para otras veces, que nos marquen el precio antes, pero después de la experiencia del día anterior y siendo la gente tan noble, no te lo esperas, pero piratas hay en todos los sitios.
El hotel está cerca y es una especie de habitación con baños compartidos. Suficiente para pasar dos días. A la tarde vamos en taxi al centro para preguntar por una tienda de bicis, ya que he roto un radio, de paso informarnos de donde salen los trolebús a Jiva, para visitarlo mañana. El precio por persona es de 0,3€ por 30km. Regresamos caminando, parques amplios con carriles bicis, la gente caminando tranquila, sentimos paz, cruzamos un puente enorme por lo que parece un río, pero es un canal artificial que dura la ciudad. Cuando anochece muchas luces colgadas que parecen de navidad adornan muchas de las calles. Cerca de nuestro hotel hay muchos sitios donde comer y hay vidilla por las aceras y también muchos supermercados y tiendas. Comemos chatarrilla poco sana y nos vamos al hotel a descansar.
Ruta en strava.
