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ETAPA 64 SPITAK-DILIJAN

59KM 665+

La noche en el sofá no ha sido todo la buena que nos hubiera gustado, primero por el calorón acumulado en las aulas y segundo por los mosquitos irreverentes que atacan cuando estás a punto de dormirte. El precio es caro, pero incluye desayuno, la pega que lo sirven tarde, con lo que preparamos las bicis antes y a las 8:30 tenemos un festín ocupando toda la mesa. Yogures, mermeladas, nocilla, huevos, aceitunas, salchichas, ensalada, cereales, zumos… Sé que me arrepentiré pero hay que disfrutarlo y me sirvo como si no fuera a andar en bici.

Mientras desayunamos entra un grupo de franceses descendientes de armenios. Son una congregación religiosa que todos los años regresa a su país origen para realizar acciones solidarias en esa zona. En 1988 ahí mismo fue el epicentro de un terremoto de 6,8 que causó la muerte de 25.000 personas y devastó varias ciudades. Su labor es reconstruir edificios públicos. Si bien Armenia está bien, se nota más pobre y lo ves en las casas. En algunas de las ciudades que hemos pasado hay edificios iguales que parecen de la época soviética y que sigan en pie habla de que no hay economía para levantar nuevos o rehabilitarlos. El grupo de franceses se interesa por nuestro proyecto y se hace fotos con nosotros.

Nos despedimos y arrancamos la etapa con una subida para salir de Spitak. Vemos algunos puestos de venta de ovejas y sus pieles. Cuando pasas junto a ellos el olor que desprenden las pieles es intenso, a muerte. Desde ahí tenemos una ligera bajada de 20km hasta Vanadzor acompañando a río Pambak. Es un día soleado y el valle se abre mostrando montañas peladas de árboles y repletas de pastos y cosechas ya amontonadas en bultos de paja. Se nos ha hecho tarde con el desayuno y queremos darle ritmo a la etapa. En Vanadzor abandonamos el río que se va hacia Tiflis por la carretera lógica y nos desviamos hacia Dilijan. Cruzamos una ciudad bastante grande donde comienza un puerto de 14km a pleno sol. Justo al comenzar un alemán que viaja en dirección contraria y que tiene ganas de hablar da la vuelta y se une a nosotros. Nos vemos obligados a parar para que no suba mucho más. Nos cuenta su viaje y se sorprende con el nuestro. Tenemos que cortarle porque nos queda mucha subida. La subida tiene tramos del 10% que con el calor que hace nos obliga a hacer una parada a mitad en una de las escasas sombras que vemos. Es un puerto que sube con curvas suaves avanzando en línea recta desde los 1300msn hasta los 1900msn, en todo momento vemos el valle abajo y unas montañas de más de 3000msn a la derecha de un verde nuclear. El periodo que le llegó a Sheila el día anterior le resta fuerza, pero sube como una campeona y hora y media más tarde vemos en Lermontovo, el nacimiento de otro río, el Agstev, al que acompañaremos durante el resto de la etapa y gran parte de la siguiente.

Desde ahí, salvo algún repechín tenemos una bajada de 23km hasta nuestro alojamiento. En el descenso poco a poco las montañas van creciendo a nuestro alrededor y los paisajes pasan rápido ante nuestros ojos. Nos acercamos al río y los árboles aparecen para darnos algo de cobijo y privarnos de las vistas, todo no se puede tener. En el río escuchamos grupos de personas bañándose, haciendo barbacoas y pasando el día. Tenemos hambre y de nuevo ese humo con olor a comida abre nuestro apetito. El descenso nos lleva hasta Dilijan. Justo en el cruce donde está el camino a nuestra casa comienza un puerto que nos llevaría al lago Sevan. En la ciudad del mismo nombre hay un monasterio y el lago tiene 200km de carretera que lo rodean y que merece la pena, pero nuestro camino es otro y se queda esa visita para un posible futuro armenio. Hay mucho tráfico y la ciudad se extiende a lo largo de una subida que hace eses por la montaña, por suerte nuestro camino está abajo detrás de un supermercado y una plaza con porches que ha vivido tiempos mejore sy que ahora está abandonada y parece el refugio de mendigos. Al fondo junto a un coche de los años 60 comido por la maleza hay una puerta en un muro que es nuestro alojamiento. Parece la casa del pueblo con un huerto lleno de herramientas y árboles. La casa está deteriorada, muebles de hace muchos años y varias habitaciones que dan a un salón. Es vieja, pero acogedora. Ahí descansaremos un día más para poner las bicis en orden y recuperar fuerzas de esta entrada tan agotadora al país.

Hay varios viajeros alojados, dos mexicanos, dos australianos, una danesa, una sueca y nosotros y a la tarde el dueño de la casa cumple años y nos pone alrededor del fuego donde cocinará carne y una cena espectacular a la que nos invita. Al final nos quitamos la espina de las barbacoas que nos activaban como al perro de Paulov. Un gran final de día y cuando los párpados no pueden más nos vamos a nuestro cuarto de hace 70 años, con dos camas y un ventanuco minúsculo por el que escasamente entra el aire para refrigerar una habitación a 30º. 

Ruta en strava.

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