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ETAPA 63 NINOTSMINDA-SPITAK

91KM 920+

Última noche en la primera parte de Georgia, hoy se presenta una etapa algo durilla y desayunamos pronto, ligero que tampoco queremos ir empachados. A las 7:30 estamos en la bici y caen unas gotas de lluvia y no sabemos cuánto de amenazantes son. El pueblo está tranquilo, lo único que se oyen son las cigüeñas que copan muchas de las farolas y postes de la ciudad. Estamos casi a 2000msn y nunca hubiera imaginado ese ave ahí, de normal las he visto en pueblos de secano.

Casi no hay personas por la calle y parece que nos vamos a hurtadillas. Tenemos 23km hasta la frontera y va picando ligeramente hacia arriba. A los dos lados tenemos extensiones enormes de pastos que acaban en montañas suaves. No hay ningún árbol y de vez en cuando aparecen rebaños de vacas enormes que nos ponen en alerta por si fueran con perro. En un momento dado una mujer cruza por la carretera con cientos de vacas que tenemos que esquivar. Hemos superado hace rato los 2000msn y hace unos días esa altitud corresponde a un paisaje montañoso y aquí parece que vamos por las llanuras a baja alejados de los montes. La mañana es pacífica, las nubes grises, el sol penetrando de vez en cuando, los pastos verdes y pequeños pueblos ganaderos nos transmiten calma y son pedaladas placenteras. A los 15km de etapa bajamos de la bici para hacernos la foto de los 4.000km de viaje. Echas la mirada atrás y ya hay momentos que no recuerdas y te ponen en situación de cuánto hemos vivido en poco más de tres meses.

Desde ahí a la frontera quedan 8km, muy diferente a la frontera con Turquía plagada de camioneros y tráfico. Los pueblos cercanos se ven muy humildes y saludamos en georgiano, pero no responden, creemos que ya son armenios que viven al otro lado de la frontera. Esta llega con una carretera de un carril, nos hacen bajarnos de las bicis para poner el tampón dentro, nos saludan amablemente “barev” y parece que los españoles caen simpáticos por cómo nos tratan. Ya con el pasaporte sellado parece que vamos a dejar la frontera atrás, pero aparece el típico policía borracho de poder, nos para y nos dice que desmontemos las alforjas para ver que llevamos. Con pereza y cara de pocos amigos le hacemos ver que ya nos han chequeado 25 metros antes, le da igual, quiere su momento de gloria. Soltamos todo, pero él quiere ver la que está más abajo, así que sólo soltamos la cincha y sin llegar a mostrar nada de los bolsos da el visto bueno. Sabíamos que iba a tocar las narices, pero estos momentos toca asumirlos.

Ahora sí, estamos en el país 13 del viaje y nos hacemos la foto de rigor en la frontera y justo aparecen camioneros ucranianos, les mostramos que llegaremos a su país el año que viene y si la guerra nos deja. Damos las primeras pedaladas y nos adelantan bocineando para desearnos buen viaje. Las casas se ven muy humildes, de un color gris viejo, pilas de ladrillos recién hechos forman torretas circulas para que se sequen a lo largo de kilómetros en los pueblitos.

Queremos comer algo, que no terminamos de lanzar la etapa y ya es tarde y nos quedan más de 50km. La idea es parar en Bavra y comprar algo en un supermercado, no vamos a sacar dinero de cajero para cinco días y trataremos de pagar todo con tarjeta. A punto de parar dos mastines enormes salen corriendo de una casa y aceleramos, gritamos, buscamos con la mirada alguien que nos ayude, pero por suerte se paran. No entendemos como alguien puede dejar eso suelto. Vaya comienzo de país. Comemos sentados a la sombra del supermercado con el corazón aún recordando los dientes de los dichosos perros.

Nos quedan 40km y de repente comienza un aire superior a 50km/h que a duras penas nos deja pedalear, viene algo de costado y nos echa de la carretera. Cuando pasan camiones tenemos que parar porque nos absorben. Estamos en una recta enorme y parece que viene de un valle a la izquierda y esperamos que en el pueblo del fondo nos de algo de tregua. En ese pueblo dejamos la carretera y nos metemos por un camino en construcción y con el viento en contra. La etapa puede ser durísima como no pare. A los 15km paramos para descansar algo, pero tenemos que continuar y nos adentramos en otro valle por el que circula menos aire y se agradece. Es camino de grava y sube ligeramente. No hay casi coches, un paisaje de altura rodeados de montañas y pastos que pasa por pequeños pueblitos que viven del campo. Aunque estamos cansados, es de esas etapas que la disfrutas. Ya son las 14:00 y la mayor dificultad del día es un paso para ir al valle aledaño y evitar 50km de carretera. El navegador muestra que es camino de montaña y primero tenemos que cruzar un río. Nos descalzamos y desde la otra orilla se ve un camino pedregoso empinado y con pocos árboles. Decidimos comer algo para que no nos de la pájara, nos tememos que nos va a costar más de lo esperado. Son sólo 4km de subida y 4km de bajada.

Tras el tentempié comenzamos a subir y Sheila no mantiene el equilibrio y le obliga a empujar la bici casi desde el inicio. Yo consigo superar algunos trozos, pero parte del comienzo de la subida con rampas del 15% con piedra nos obliga a subir las bicis a relevos, primero una y luego otra. Avanzamos muy lentos, hace viento, estamos fundidos, por lo menos ese camino de monte con esas vistas a montañas con boina de nubes compensa. En un momento dado el perfil es más suave y deja pedalear un kilómetro a Sheila y acortamos terreno. Pero de los 4km, Shei ha empujado tres, yo he conseguido conquistar la subida con esfuerzo. Estamos a casi 2200msn en un camino estrecho de monte que nos da la sensación de estar explorándolo por primera vez. Nos ha costado más de hora y media.

Queremos llegar a Saralanj donde comienza el asfalto. Parece poco y aunque es bajada nos cuesta casi una hora. Es muy empinado, con  piedras y gravilla y con las bicis tan pesadas nos resbalamos mucho y toca llevarla en la mano gran parte. Todo se suaviza cuando encontramos a Estephan, un pastor armenio que nos saluda sorprendido y al que hacemos un par de fotos para enviarlas a un whatsap que nos da.

Llegar al asfalto supone un placer y sólo tenemos que pensar en pedalear. Queremos llegar a Shirakamut y dormir ahí. El plan era acampar, pero a Shei le baja el periodo, llevamos una paliza de cuidado y el colchón está pinchado, así que buscaremos alguna pensión. Pero en nuestro final de etapa no hay ni un alojamiento, llevamos 77km, un palizón de cuidado y el hotel más próximo está a 13km más. Shei se ve con fuerzas y prefiere. Son casi las 18:00 de la tarde y el perfil es más o menos de bajada.

La apertura de pastos de todo el día da paso a un valle más cerrado siguiendo el curso del río Pambak. Rodamos rápido viendo grupos de personas haciendo barbacoas en las orillas y tenemos hambre. Antes de llegar a Spitak nos queda un túnel de dos kilómetros y a la salida nos esperan dos perros que se lanzan sobre nosotros muy agresivos y el perfil en descenso nos ayuda a lanzar la bici. Uno de ellos viene como un galgo, pero un bocinazo de un coche lo para y vemos Spitak al fondo con el corazón a mil y furiosos por tanto perro suelto.

Al llegar el hotel que sale en el mapa no tiene habitaciones, está completo, es una especie de colegio donde hacen encuentros y campamentos de verano para niños. No sé si las horas, las caras o qué motivo, pero nos dejan dormir en una especie de aulas de parvulario que tienen un sofá en una de las esquinas. Nos dan sábanas, toalla y almohada. Cada uno duerme en un aula y con eso nos vale. Nos duchamos, estiramos sobre la alfombra infantil con dibujos de camiones de bomberos y hospitales y sacamos fuerzas para ir a comer algo en lo alto de la ciudad. Al regresar el vigilante, un hombre algo obeso, con una toalla colgada al cuello para secarse el sudor nos invita a café y charlamos sobre la guerra gracias al traductor. A la hora nos despedimos de Davit y caemos en un profundo sueño, cada uno en su aula.

Ruta en strava.

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