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ETAPA 61 TASHISKALI-BAKURIANI

49km 1120+

La noche en un camping tranquilo, en una cabaña de madera, ayuda a descansar por primera vez en muchos días. Nos levantamos pronto y lo cierto es que el cuerpo pide sentarte en la terraza, hacerte un desayuno y comer despacio, disfrutar del momento, pero tenemos una subida generosa hasta Bakuriani y mejor salir lo más pronto posible. Qué gusto da cuando no tienes que bajar dos pisos con todas las bolsas para montar la bici. Estamos solos, las dos bicis sobre la hierba junto al pozo. Poco antes de salir a las 8:00 la mujer del camping, que habla georgiano y alemán, o sea, ninguna lengua con la que podamos comunicarnos, nos dice cosas que interpretamos como: “espero que hayáis estado a gusto, qué tengáis buen día…”.

Nos despedimos y salimos por el camino de tierra a una carretera del pueblo donde una mujer camina con dos vacas como el que en nuestro pueblo pasea con los perros. Un paseo de árboles, la vía del tren y llegamos a la S8. Pensamos que por las horas evitaremos el intenso tráfico que tuvimos el día anterior, pero a esas horas ya circulan muchos camiones y coches en un asfalto sin arcén. La primera parada nos la marcamos en Borjomi a 22km. Seguimos el curso del río Kurá, que a diferencia de los días anteriores con los ríos que bajaban de las montañas, esta vez se ve el fondo y el perfil más suave hace que baje menos bravo.

Hace un día soleado y la carretera transcurre haciendo curvas suaves entre colinas llenas de bosques. Es un paisaje bonito, pero el estrés del tráfico impide contemplar las vistas. En las paradas de autobús casi siempre hay personas esperando que saludan a nuestro paso o mejor dicho a nuestro “kamarjoba”. Vamos bien de hora, son poco más de las 9:00 y estamos llegando a Borjomi, pero el desviador que le han puesto a Sheila es malo y comienzan a saltar los cambios. Nos obliga a parar en un trozo de arcén que parece un poco seguro y estamos casi una hora tratando de ajustar el cambio para que no salte. El temor es que termine rompiendo desviador o cadena. Sudo tinta china para dejarlo algo ajustado para buscar en Borjomi alguien que lo apañe.

Antes de entrar pasa un tren de pasajeros despacio y las barreras las sube un señor de forma manual, girando una manivela mientras los vehículos dan acelerones impacientes. Paramos en la primera sombra que hay y unos chicos pasan en bici. “¿Hay alguien que arregle bicis?”, señalan la puerta de al lado, pensamos que hemos entendido mal, pero un señor que pasa grita “Edward”, lo que sigue imaginamos que es, hay dos turistas en bici que te necesitan. Un señor mayor con gorra y una camisa llena de grasa baja unas escaleras y nos abre. Muestra las palmas de sus manos y encoje los hombros, gesto de ¿qué pasa?, le señalamos el desviador, hacemos ruidos con la boca y hacemos ver que salta. Nos mete dentro, un montón de piezas de bici, soltamos las alforjas y sujeta a una correa de la barandilla que sube el sillín. Pedalea, observa, ve que la pata de cambio está algo doblada y muestra que el desviador es bastante fulero. Tenemos siete etapas a Tiflis, le escribimos en el móvil “¿si nos la ajustas, llegaremos?” hace ver como que sí, pero quién sabe.

Soltamos la rueda y aunque no debo, con una tenaza enderezo un poco la pata de cambio, ya no puedo hacerlo más. La suerte está echada, la cuenta atrás de etapas ha comenzado. Edward no nos cobra y nos desea suerte. El pueblo no es bonito, es de paso, calles estrechas con casas a los dos lados flanqueando el recorrido. Ahora subiremos siguiendo el curso del río Gujaretistkali. La etapa va a ser un constante ascenso hasta Bakuriani, con subida final algo exigente.

Nuestra idea era desayunar algo en Borjomi, pero con lo del cambio nos hemos olvidado y nos vemos subiendo poco a poco con bastante calor, por un valle algo más tranquilo de tráfico, pero con más del que esperamos y por un recorrido de bosque con bastantes fábricas de material de construcción que afean el comienzo de la subida.

A los 28km encontramos una cafetería en mitad de la carretera y nos resguardamos a la sombra, ya hace mucho calor y estamos sudando mucho. Comemos pan con nocilla y un par de cafés y nos cuesta arrancar, estamos perezosos y ya se nos ha hecho tarde. Hay que lanzar la etapa, no queda mucho pero todo es de subida y a los dos kilómetros la rueda de Sheila se mueve, ha pinchado. Hoy toca armarse de paciencia. Nos orillamos a la sombra de un árbol. Los coches pasan y pitan para saludar. Encontramos donde está el pinchazo, el primero en casi 4.000km, no está mal, un pequeño clavito que quizá sea de la casa de Edward al quitar la rueda. A los veinte minutos ya estamos en marcha, pero ya son las 14:00 de la tarde y quedan los 15km de subida desde Tsaghveri. No es duro, pero nos llevará a 1700msn con 700+. A esas horas, con tanta parada, ese calor sofocante nos aprieta y cuesta subir más de lo normal. Lo kilómetros pasan lentos y ni saber que queda poco ayuda a motivarse. Paramos más de una vez y a falta de 9km tenemos que parar de nuevo porque el cambio no da tregua, otra hora más parados, pero tiene lo bueno de que el sol baja algo, nos dan más sombra los árboles y ha bajado el calor, con lo que en menos de una hora llegamos. Aunque son 15km de puerto, es el tipo de subida que curvea por la montaña mostrando solo los 200 metros que hay delante con lo que se hace monótona la subida y con poco cambio y paisaje. Sólo a tres kilómetros de acabar la etapa se abre el paisaje y vemos las montañas de alrededor con más de 2500msn. Es una ciudad que sobre todo funciona en invierno por las pistas de esquí. Carteles con esquiadores por todos los lados y muchos negocios enfocados a eso. Nos sorprende que hay mucho árabe con sus mujeres con burka que por lo visto escapan del calor de su país y vienen al relativo fresco de estas montañas.

Al fondo de la Mountain Street está nuestra casa, pero la ubicación es errónea y un chico se asoma a su balcón y nos pregunta que buscamos. Llama a la dueña y nos acompaña hasta la casa. Aquí muchos de los alojamientos en los que hemos estado es en casas de la gente. Tiene su encanto, aunque también a veces toca compartir el baño con la gente de la casa y toca esperar turno. Es tarde, ya son las 19:00 de la tarde y aunque la etapa no era larga, las circunstancias la han alargado mucho y estamos fundidos. Descargamos todo y ahí nos espera Maia, una hija de rusos de Osetia del sur, bajo influencia rusa y de la que han tenido que salir. Habla con cierta tristeza. Nos acomodamos, nos duchamos y vamos a cenar algo que no hemos comido casi nada en todo el día. En la calle un chico nos pregunta en inglés que buscamos. Está feliz de hablar con unos extranjeros y practicar el inglés. Es de Tiflis y quizá lo veamos de nuevo al llegar a la capital. Cenamos y por las justas llegamos a la cama y caemos en un profundo sueño. Al día siguiente tenemos descanso que necesitaremos, porque la próxima etapa tiene un comienzo exigente hasta 2.500msn.

Ruta en strava.

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