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ETAPA 55 ZUGDIDI-KHAISI

77KM 1185+

El pronóstico anunciaba lluvias para la noche y el comienzo de la etapa. Pero a la noche se ha roto el cielo, tormentones con relámpagos que nos ha obligado a desenchufar el ventilador por si acaso. Lo siguiente ha sido comenzar a sudar y los mosquitos adueñarse de la situación y provocar que nos tapemos con la sabana y cocernos lentamente. Hasta que por fin a las 4:30 de la madrugada parece que las tormentas se van y encendemos de nuevo el ventilador y conseguimos dormir un poco.

A las 6:30 iniciamos el baile, como tenemos cocina desayunamos unos huevos y algo de yogur con fruta. Sacamos las bicis de un pequeño garaje dentro del recinto que el seguro de la puerta es una pesa de 18kg de gimnasio. A las 8:00 estamos ya pedaleando por las calles de Zugdidi y el tiempo es excelente, un cielo raso hacia el lugar al que vamos, el norte de Georgia, hacia Khaisi. Salir de las calles de la ciudad es una especie de ginkana para espantar decenas de perros abandonados que se abalanzan sobre nosotros al pasar delante de ellos, en una de las ocasiones una jauría de ocho perros detrás nuestra y sacando nuestro mejores graves y dedos índice hipnotizadores que podemos.

Iniciamos 32km hasta Jarvi de ascenso suave pero constante. Un gran llanura de campos verdes con ganado pastando que precede a una pared de montañas que vemos al fondo. Esa primera parte, gracias a la buena temperatura, a que los perros de vez en cuando salen a nuestro encuentro, a que el paisaje es relajante con sus paseos de árboles en la carretera que hacen túneles naturales y nos aportan algo de sombra los hacemos fácil. Aunque a la llegada a Jarvi, el cuerpo nos pide una parada para comer algo. En el restaurante Chito hay dos sillas fuera con una mesa y es perfecto para tomar dos cafés y los dos plátanos que tenemos de barrita energética. Llevamos 250+ y nos quedan casi mil más. A partir de ahí empieza lo duro. Antes de salir un chico francés con alforjas aparece y charlamos un rato, el va rumbo a Vietnam y su idea es acabar hoy donde acabaremos nosotros mañana. Le quedan 110km y 2600+ y son las 11:00. Le digo que vaya animal está hecho, pero dice que si se ve cansado se montará en un camión hasta Mestia.

Comenzamos un puerto de 8,5km con casi 500+. La primera parte es aceptable y la segunda con rampas del 15% en muchos tramos y un sol intenso saca nuestros mejores colores y sudores gran reserva. Conforme ascendemos vemos grandes cascadas al fondo y nieve en el alto de algunas montañas, aunque la altitud no sea superior a 700+. Antes de llegar a la parte dura vemos la gran presa de Enguri que recoge las aguas del río Inguri. Un montaña se intercala con el embalse y nosotros y nos quedamos por el lado derecho expuestos al sol y a 3km de rampas. Cuando llegamos arriba unos árboles son nuestro refugio donde comemos algo, bebemos y escurrimos la camiseta para quitarle agua ya que a la sombra, con la brisa hace frío.

Tenemos 4km de bajada que nos dejan más cerca del pantano que se ve muy vacío. Desde el agua con color blanquecino por los limos suben paredes de bosques de pinos casi verticales. El recorrido paralelo al pantano será un serrucho rompepiernas que entra y sale y de vez en cuando nos ofrece vistas del agua. Hasta que en la cola del pantano vemos todo seco y estamos a finales de julio. Seguimos por una carretera sinuosa a la sombra de vez en cuando y un perro tumbado en el asfalto parece inofensivo, desde lejos se le ve grande y nos ponemos en el otro carril en prevención. Casi lo hemos dejado atrás cuando un resorte se activa en su cabeza y se lanza obligándonos a cambiar por completo de carril y estar atentos al perro y al camión que viene de frente, que se hace cargo de la situación, frena y aprieta la bocina. El perro regresa a su estado del letargo y a nosotros nos deja en el lado opuesto, cercanos a un bombazo de anfetaminas metidos en vena de golpe. “¡Malditos perros, pero si estaba sobado!”, Sheila grita con una tembladera en el cuerpo que le cuesta un rato quitar, hasta que viene otro rampón de la sierra.

En un momento que nos hemos perdido, han debido desviar todo el agua del río Inguri que llega al pantano, porque de repente vemos un río de aguas bravas entre gris y marrón que baja como si hubiera habido tormentas. Nos obliga a pararnos en un puente a ver la fuerza del agua y como fluyen millones de litros por minuto en ese punto. Nos queda poco hasta nuestro objetivo y la segunda ginkana del día, encontrar la casa de Laia en el pueblo. En google maps no sale ni un camino hasta donde marca el punto que me ha enviado. Callejeamos por calles en cuesta y de tierra con pocas fuerzas, hasta que tenemos que mandarle un mensaje con una foto y pedirle que nos busque. Saliendo de una de las calles aparece una mujer de negro (por el luto de su hijo), que nos saluda efusivamente y nos pone en el móvil “seguid mi coche”. Bajamos a la carretera y nos tiene reservado el colofón, una subida al 9% hasta que giramos 180º a otra rampa de tierra al 15% que obliga a Shei a bajarse de la bici porque las baterías han caído. Subo a chepazos, le miro a Laia y le hago gesto de empujar otra bici y bajo a por Shei. Seguimos callejeando hasta que la última casa es la suya y cuando llegamos Laia dice “finish”. Y más vale, porque las piernas piden cama. Dejamos las bicis, nos señala la mesa donde hay dos platos, “primero comer, luego duchar”. Somos obedientes y devoramos una ensaladilla casera y un plato de berenjenas cocinadas que quitamos hasta el esmalte. Después ducha, tarea y sentarnos en el porche con vistas hasta la cena. 

Ruta en strava.

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