63KM 500+
Me remonto a unas semanas atrás cuando una noche de acampada en Turquía en mitad de la noche escuchamos un sonido seco que nos despierta a los dos, pensamos que ha sido alguna fruta que ha caído en la tienda de campaña y volvemos a dormirnos. Al despertarnos, me incorporo y de nuevo ese sonido, no es de arriba, ha sido justo debajo nuestra, el colchón inflable ha perdido dos tensores y ha salido un bulto en mitad. Está claro que no aguantará mucho tiempo y mucho menos el viaje entero. Ese día compramos uno por internet y el que se ha roto, reclamamos la garantía y nos han enviado uno que ha llegado a Tiflis, el 7 de agosto lo recogeremos. La cuestión es que hemos ido inflándolo poco y durmiendo tocando el suelo, pero de vez en cuando algún tensor saltaba. ¿Llegaremos a Tiflis? La respuesta es no. Ayer, inflando el colchón de repente reventaron como cuarenta tensores de golpe y en vez de una superficie plana teníamos un balón de playa en la tienda de campaña. Dormir ahí es imposible, así que lo deshinchamos y hoy tocará sentir el suelo, la cuestión es saber si seremos capaces de hacerlo ocho acampadas más que tenemos previstas.
Además de la noche a lo faquir, dos perretes que pasaron la tarde anterior con nosotros, han dormido a la vera de la tienda y de vez en cuando ladran. La tarde anterior hace mucho calor y viendo las estrellas decidimos no poner la lona por encima para que corra el aire, pero en mitad de la noche comenzamos a ver y escuchar relámpagos, así que toca salir de la tienda y clavar la lona y con ello pasar un poco más de calor. En definitiva, a las 6:30 suena el despertador y pedimos tiempo muerto hasta las 7:00, a duras penas levantamos el cuerpo pero lo conseguimos.
Al salir están nuestros perretes a los que les damos los restos de pan del día anterior y ya no se mueven de nuestro lado hasta que nos vamos. Recogemos todo, algo mojado y nos despedimos de ese bosque escondido tras las cabañas de lujo. Bajamos la rampa de cemento, nos despedimos del perro que nos sacó el corazón por la boca el día anterior y salimos a la carretera. Las nubes del amanecer, el asfalto lleno de agujeros, el tipo de vegetación y el río Rioni esperando abajo en una gran llanura, de nuevo bajamos hacia el Serengueti y adelantamos sentimientos que tendremos en pocos meses por las carreteras de África. Una vez en la carretera, la idea es para a partir de los 20km donde haya algún lugar para tomar café, pero a los cuatro vemos una cafetería que nos llama a gritos y nos ponemos dos americanos para despejarnos. Le preguntamos a un chico si el agua es potable de la fuente y dice que no, al rato aparece con una botella fría que ha comprado y nos la da. Con ese gesto nos despedimos de él y ahora sí hay que lanzar la etapa que son las 9:30 y estamos casi en la casilla de salida. En principio la etapa es fácil y no deberíamos tener problemas.
La idea es ir hasta Khoni, que es la mitad de la etapa, comprar algo para picotear y seguir. De primeras no sabemos que hacemos pero nos comemos 4km de autopista y tenemos que salir por la primera que encontramos. Ya en la carretera que toca, el tráfico es intenso y no deja disfrutar del sonido de la mañana. Estamos todavía a poca altitud y el perfil es plano picando ligeramente para arriba, el viento sopla en contra y el calor y la humedad están ya en apogeo. Sudamos por castigo. Los kilómetros pasan lentos. El entorno está plagado de granjas y por el camino parece que estamos en un zoo rural, cerdos, ocas, vacas, caballos cruzando sin miedo. Hay una acequia sucia donde los cerdos retozan y las vacas bajan de vez en cuando a beber. Saludamos a la gente que camina por el arcén, a los van en sus tractores, a los que trabajan en el terreno frente a su casa, a los que están sentados en las paradas de autobús esparcidas por la carretera, a todos, “Kamarjoba (hola)” y la cara seria se ilumina. Es increíble como una sola palabra puede cambiar tanto la actitud de la gente.
Por fin llegamos a Khoni y pensamos pasarlo casi del todo para comprar y justo el que habíamos elegido está cerrado, toca hacer otros 3km y hoy las piernas no están finas, quizá el calor y la humedad nos ha hipotensado, porque llevamos menos de 30km con poco desnivel. Al fin vemos un supermercado pequeño en mitad de la nada y en el rato que estamos sentados comiendo un yogur con frutas han pasado decenas de personas. Cuando llega el de los melones Sheila le abre la puerta y de regalo nos da un melón de 6kg que llevarlo en la bici se hará complicado, la cara de Sheila lo dice todo y nos busca uno más acorde al medio de transporte. Les damos las gracias y se van por su ruta. Nosotros estamos perezosos y no hay manera de arrancar, pero quedan 24km y hay que rematar la etapa.
Lo primero es llegar a Martvili que nos regala una carretera en obras que con el calor y los coches se hace eterna. El final de etapa será algo más empinado. La ruta por la que vamos es una sucesión de parcelas rurales con casas de una o dos plantas una detrás de otra. El aspecto es de abandono, como si fuera un país empobrecido por la guerra. Casas de hormigón gris, sucio con mohos, algunas de madera con porches y colores desgastados por el tiempo. Nos recuerda a Cuba, con antiguas parcelas coloniales venidas a menos. Pensamos que si tuviéramos que acampar iba a ser muy difícil porque en ningún momento hay terreno libre, todo pertenece a alguien.
A partir de ahí vemis carteles de descenso de cañones y raftig. Los ríos Abasha y Tekhuri se saturan de actividades de aventura y los laterales de la carretera se llenan de coches por el arcén. El paisaje pasa de llanuras a ver montañas al fondo y carreteras más sinuosas. En uno de los puestos de venta paramos para refrescarnos la cabeza y bajar la temperatura corporal supone un doping que nos motiva para realizar los últimos kilómetros a pesar de las rampas más rápido. El paisaje es super chulo, pero hay ganas de acabar la etapa y vemos que hay un guest house en una de las parcelas. Miramos y remiramos la foto de Google y parece coincidir con una, pero la luz es muy diferente y gritamos Kamarjoba. Sale una chica adolescente con ritmo caribeño y le preguntamos si se puede dormir. Casi diez minutos más tarde abre la verja para que entremos ya que hemos llegado a la conclusión de que sí y el precio nos cuadra.
Una pequeña casa de madera ajada por elsol, de dos plantas con porche en ambas será nuestro retiro. Una habitación de dos camas con su toalla y sus jaboncitos que resulta acogedora. Aún quedan unos rayos de sol y sacamos el campamento para secarlo. La ducha está en una pequeña caseta bajo las escaleras donde las gallinas picotean los restos de grano que hay por el suelo. Duchados, estiramos en el porche viendo como el cielo se oscurece por momentos y dando la razón al pronóstico de que habrá tormenta y de que la etapa del día siguiente será sobre mojado casi seguro. Por si acaso vamos pronto a la cama para descansar.
Ruta en strava.
