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ETAPA 52 KOBULETI-SAJAVAKHO

73KM 930+

Los dos días de descanso vuelan y siempre ocurre lo mismo, cuando no tienes que hacer etapa te despiertas pronto y no aprovechas la cama y el día que reanudas la bici, al sonar el despertador lo tirarías por la ventana. Al otro lado del cristal el cielo está raso, hace muy buen día para comenzar a conocer Georgia. Recogemos el desván donde nos alojaron la abuela y su nieta y bajamos por esas escaleras de película de miedo, de una madera oscura y estrechas que salen al pasillo principal del segundo piso. Toca hacer varios viajes de puntillas, es pronto y en esa casa se alojan muchas personas. Desayunamos un yogur con frutas y a punto de salir, la abuela sale de su cuarto y nos muestra que de la transferencia que le hicimos de 48€ le han llegado 41€. Al enseñarle que nuestro banco nos ha cobrado 16€, se consuela levemente y ambos nos quejamos por lo bajo en nuestro idioma de lo ladrones que son. La abuela recupera la sonrisa y nos despide.

Ahora sí, parece que comenzamos con las etapas duras y qué mejor que con buen tiempo. Salimos de Kobuleti con un par de sustos con los perros que salen de todos los lados hacia nosotros. Toca ladrar más alto, pero no entienden castellano. Con las pulsaciones ya en su sitio nos dedicamos al paisaje. La humedad del mar y la orografía montañosa genera un bosque casi tropical, por momentos sentimos que estamos en Sudamérica. La primera parada la programamos en Ozurgueti a 27km. Hasta allí es un rompepiernas con una humedad rozando el 70% que abre el grifo de nuestros poros y rodamos con la camiseta totalmente calada toda la etapa. La parte inicial se construye a base de rampas del 10% y bajadas cortas, sin superar los 200msn.

Además de los perros tenemos que estar alerta porque las vacas aquí viven caminando por el asfalto, ya lo vimos los dos primeros días, pero ahora es una constante y te sorprenden al salir de una curva cruzando la carretera. Nos extraña no ver accidentes ni vacas reventadas en el arcén por la cantidad de circulación que hay. Con lo que todo el rato tienes que andar esquivando vacas de color marrón que mastican en el arcén y te miran con parsimonia.

Tras varios subes y bajas por fin llegamos a Ozurgueti y empezamos a sentir que nos alejamos de lo turístico, la gente nos saluda más, nos sonríe e incluso se interesa. La reflexión es que en los lugares turísticos la gente local harta de turistas no te hace caso porque eres uno más, los turistas, hartos de turistas van a lo suyo, con lo que caminas en tu burbuja todo el día.

Nos tomamos un café al lado de un mercado callejero donde vemos ya una imagen más acorde a lo que esperábamos, camiones con sandías, puestos con verduras y gente más sencilla. Entramos en una pastelería y nos habíamos planteado comer sólo fruta y dejar los dulces por unos días, pero una vitrina inmensa con cientos de opciones es demasiada tentación y termino comiendo uno. En la cocina, sin exagerar hay quince mujeres trabajando sin parar haciendo repostería. Les hago una foto y posan diciendo palabras que no entiendo, pero la sonrisa indica que es algo alegre.

Salimos hacia Chokhatauri a 27km de nuevo. Esta vez tenemos una pequeña subida en mitad y un perfil ligeramente ascendente hasta el pueblo. Vamos subiendo por una carretera de curvas con rampas suaves y de vez en cuando entre los árboles vemos montañas rebosantes de vegetación y un valle enorme a la derecha. Hace calor y se está mejor rodando ya que el aire que mueves te refresca algo. Pequeña bajada para descansar piernas hasta el río y seguiremos su curso desde la derecha. Grandes rectas de árboles que nos ofrecen sombra y un respiro a los más de 30º que hacen. Cientos de vacas suponen estar alerta con ellas y los coches que pasan cerca al esquivarlas. Detrás de los pasillos de árboles grandes extensiones de pasto verde hasta las montañas.

Cuando llegamos al segundo descanso de la etapa, una pequeña tiendecita nos ofrece una sombra y compramos un refresco para espabilarnos un poco para la mayor subida del día. Uno de tantos perros abandonados se nos acerca en busca de caricias. En parado y con algo que recibir todos son amistosos, pero nos gustaría saber que cable les cortocircuita cuando ven las bicis y se lanzan a por ellas. La mujer del puesto nos carga agua, que por suerte sigue siendo potable y nos quita trabajo de filtrar y comenzamos 5km de subida, que el calor endurece. La carretera se retuerce hasta los 300msn sin exigir mucho, con lo que vamos sumando desnivel positivo sin mucho esfuerzo.

La bajada nos refresca y regala un paisaje de bosque que emana un olor característico a verano mediterráneo con sus pinos. La idea es acabar en un lugar cerca del río en Kvemo Nogha, pero al llegar no hay zonas donde acampar. Hay una panadería y un pequeño supermercado, nos sentamos en unas sillas que hay donde la panadería y el hombre nos regala dos botellines de agua helada que son medicina para el calor. Nos ofrece un pan, pero ya tenemos y nos parece abusar. En la tiendecita las verduras que hay están maduras y arrugadas, se nota la distancia a un buen suministro y el calor. Compramos las dos mejores nectarinas y seguimos camino para acampar. El señor de la tienda ha dicho que en un kilómetro “ok”. Pero nada más salir de la tienda, la carretera está en obras, un camino de tierra que mira hacia arriba y el termómetros se dispara. La escasa velocidad, el polvo del camino y el calor a las 14:00 de la tarde no son la mejor opción, pero en breves encontraremos algo. Con la tontería nos comemos 5km de subida y vemos en el mapa que cerca, hay un hotel con cabañas con mucho césped, quizá nos dejen acampar. Hay que probar suerte. Bajamos con la esperanza de lograrlo y de repente entre los árboles vemos una gran llanura dividida por el río Rioni. La luz de la tarde, el verde boscoso que desciende por las montañas hasta el río y el tipo de paisaje nos evoca lo mismo a los dos, parece África en un documental en el que el narrador baja por un camino hacia el río para ver hipopótamos.

Nos queda algo de bajada, pero la entrada a ese posible camping aparece en una curva. Una puerta de madera da acceso a una rampa de hormigón vertical. Un perro encadenado asoma sin avisar ladrando y Sheila casi se cae de la bici. Sale un señor que se lleva al perro dentro y con gestos nos dice que subamos. Toca empujar la bici con ese calor y rampas del 15 al 20%, “por favor que haya lugar para acampar”. El lugar para preguntar es el más alto del sitio. En una explanada a mitad una piscina con varios usuarios bañándose, un camarero en una barra chill nos llama a gritos. En la subida vemos pequeñas cabañas de lujo con coches de marcas caras aparcados. Nos da la sensación de que no es nuestro lugar. Arriba del todo,  en una terraza enorme con vistas, hay otra barra de bar con el que parece el dueño. En una mesa, comen tres personas engalanadas de joyas y con apariencia de  ver a las Kardashian. El tipo con gorra de marca, camisa abierta, gafas Gucci, medallón y puro es el contrapunto a nuestra apariencia. Nos atraviesan con la mirada hasta el desprecio. Al fin del dueño se acerca y nos ofrece dormir en un bosque atrás, para él quizá sea algo rústico y perroflaútico, para nosotros es perfecto. A la sombra de los pinos, con el sonido de la cigarras y solos. Desplegamos campamento, nos duchamos sobre un suelo de piñas y hojas de pino secas y tratamos de frenar el sudor incontrolable que el esfuerzo final a puesto en marcha en la sala de máquinas de nuestro cuerpo. Hacemos tarea, estiramos, preparamos cena y de nuevo acampada, que hacía mucho que no disfrutábamos.

Ruta en strava.

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