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ETAPA 300 URROBI-MUTILVA

  • por

la última

45km 430+

No hace falta despertador, me despierto varias veces mientras todos duermen. Al final suena la alarma de mi hermana y poco los ocho que estamos en el cuarto nos vamos levantando. Nosotros preparamos las alforjas, el resto recoge sus bolsos. Nos veremos en unas horas de nuevo. Desayunamos juntos en la sala que la noche anterior hacíamos la última cena del viaje. Montamos las bicis y la gente no deja de asombrarse la cantidad de bolsas y peso que llevamos. Nos ofrecen llevarnos el equipaje, pero ha sido parte del viaje y tenemos que llegar juntos. Hace frío, pero el día ha salido soleado. Días antes daban lluvia y mucho viento, así que de nuevo la suerte nos acompaña.

El camping está entre Burguete y Espinal, por aquí pasa el camino de Santiago y lo normal es ver peregrinos que llegan de Roncesvalles en sus primeras etapas en Navarra, con todo el camino para llegar hasta Santiago. Pero hay dos cosas que ocurrieron aquí que ponen este lugar en el mapa. Una es la famosa batalla del 778 donde muere Roldán, aunque los cantares de gesta lo narran como una derrota contra los musulmanes, la realidad es que no fue así. Carlomagno en su campaña contra los musulmanes en Zaragoza salió escaldado y en su huida no se le ocurre mejor cosa que atacar Pamplona. Aún o existía ni el Reino de Pamplona ni el de Navarra, pero por la zona ya estaban los vascones, que son los que atacaron la retaguardia del ejercito Carolingio y dieron muerte a Roldán. Luego la canción contó lo que le dio la gana. Ya mucho más cerca, en pleno siglo XX, Hemingway, el escritor americano, ya se sabe que se enamoró de Pamplona y su fiesta. Lo curioso es que después de la juerga, le gustaba venir a Burguete a descansar y pescar. Pues en su novela “The sun also rises”, traducida como Fiesta, en el capítulo 12, el personaje viene a Burguete y lo nombra. Con lo que Ernest no sólo puso Pamplona en el mapa, también este pequeño pueblo pirenaico.

Así que con un día a 5º arrancamos la etapa, estoy tan emocionado que casi no siento el frío. Sheila sí, va bien abrigada. Pasamos por Espinal y justo después subimos la pequeña cota de Mezquiriz. En la cima cruzan dos peregrinos cuando llegamos al alto. Bajamos, disfrutando de cada curva, de paisajes masticados mil y una veces, sólo que esta vez es especial, regresamos de la vuelta al mundo solidaria. Volamos y pronto pasamos por Sorogain y llegamos a Erro. De vez en cuando nos adelanta Javi y sus hijos y se paran para grabarnos, para animarnos. Nos quedan 3km de subida, la última del viaje. Hablamos y pedaleamos con facilidad, sabía que con la emoción del último día no nos enteraríamos. Además, después de los colosos que hemos subido, este puerto casi es una tachuela. En el alto nos espera Javi, nos hacemos la foto para despedir las cuestas, ahora sólo queda bajar.

Bajamos disfrutando e cada curva hasta Zubiri y el viento a favor nos lleva en volandas por todo el valle de Esteribar. A lo largo de todo el día nos cruzamos con cientos de ciclistas. Ana y Abel nos adelantan y comentan sorprendidos cuanta afición hay a la bici en esta tierra. No se imaginan cuánto. Vamos tranquilos y por estas carreteras, además de los ciclistas con sus bicis de carretera, pasan los que viajan con alforjas por el camino de Santiago. La gente está habituada a verlos y no son conscientes de que llevamos más de 17 meses pedaleando por medio mundo. Uno no sabe quien se esconde detrás de cada persona. Seguro que en un autobús, en un cine, en una biblioteca hemos estado sentados al lado de alguien especial, que ha escrito, viajado o realizado hazañas increíbles pero al no ser conocido no nos hemos enterado.

A punto de llegar a Zabaldica nos adelanta un coche, pita y de la ventanilla asoma un cartel: “Bienvenidos tíos Xabi y Shei”, son nuestros cuñados con sus hijos. Se paran y el abrazo es inmenso. El hermano de Shei por fin la tiene cerca, la ha echado de menos más de lo que parecía. Anticipo de lo que nos espera. Les dejamos y llegamos media a Olatz media hora antes de lo acordado, así que hacemos tiempo. Mientras tomamos café, un vecino de toda la vida entra en el bar. Ha ido siguiendo el viaje por Strava y sabía que  ya estábamos llegando, al ver dos bicis con alforjas no ha dudado, son ellos y entra en el bar a darnos un abrazo de bienvenida. Al otro lado de la variante nos espera la familia de nuevo en el colegio de Sarriguren. Ahí están los padres de Shei, Marisa la abraza, de esa manera que una madre abraza a una hija para que nos vuelva a marchar. Si alguien nos ha echado de menos, ha sido ella. Están de nuevo mi hermana y mis sobrinos, mi prima, tres compañeros de curro y hacemos los últimos kilómetros juntos. Amaia, nuestra sobrina, nos acompaña, feliz, con energía. Ripagaina, Mendillorri, el Soto y los carriles bici nos llevan hasta la última recta, la avenida Pamplona hasta la plaza del ayuntamiento de Mutilva.

Hace 538 días salíamos de Mutilva, todo está igual, el cerebro conecta con ese día de inicio y parece que el tiempo no ha pasado. La diferencia es la cantidad de personas que hay, todas son conocidas. En cuanto pisamos las baldosas de la plaza la txalaparta comienza a sonar, es por nosotros. Ese instrumento tiene un componente épico en mi archivo de recuerdos. Lo tengo asociado a grandes eventos, a hazañas, a reportajes con escenarios míticos y ahora suena por nosotros. No soy capaz de asociar ese sonido a lo que hemos hecho, pero ver decenas de personas aplaudiendo, un cartel donde se lee 300 etapas y 21.200km, igual es motivo suficiente para que suene. Paramos las bicis, nos bajamos por última vez y comienza un desfile de abrazos. Abrazos fuertes, sentidos, una madre que te ha echado de menos, un amigo que te ha apoyado y alentado todo el viaje, un niño que ha seguido todas las etapas, unas lágrimas de alegría que se pegan en tu rostro. Hay mucha gente, no todos, porque algunas personas se han despistado con la hora. Paradójicamente, 18 meses pedaleando y nosotros llegamos puntuales a la cita y el que vive en el lugar llega tarde para la foto que inmortalizará el momento. Son muchas personas, quieres hablar con todos, quieren su dosis de respuestas, pero nos desborda, no somos capaces.

Amaia y Jhenny han pintado una bici y un bienvenidos Sheila y Xabi. Es el lugar perfecto para el recuerdo. Nos ponemos detrás, la gente sujeta el cartel y nosotros sentados al frente. Unai aprieta el botón, es un hecho, es la última etapa y mientras escribo esto trato de asumir que es verdad. Nos habían avisado, el tiempo pasa rápido y pierdes la noción del espacio y de los días, habrá momentos en los que quieras parar, pero cuando llegues, querrás empezar de nuevo. Mentalmente ya hemos empezado a proyectar un nuevo viaje.

Dos mesas largas, para casi ochenta personas, la gente va llegando, les recibimos, te abrazan, te acarician el brazo, de esa manera que se hace para comprobar que es cierto, que somos de verdad. No hay mejor manera que cerrar una historia que comiendo y sonriendo, así que hemos organizado una comida y el katering reparte los platos. De vez en cuando nos levantamos y saludamos en píldoras a la gente. La comida está buena y algunos preguntan por el vino, no hay, sólo agua. Después de los postres, sin micro, con el alma les pido que alcen los vasos llenos de agua, se les hace raro, pero después de recorrer medio mundo en bici, de sufrir por momentos la ausencia de agua en primera persona, pero sobre todo de ver el sufrimiento de millones de personas por no tenerla. De haber construido tres pozos y un depósito de agua para abastecer a comunidades que caminaban kilómetros para tenerla. De ver paisajes áridos por meses de sequía o lagos inexistentes donde un día hubo vida. Entonces ese vaso adquiere un valor que no somos capaces de apreciar porque lo damos por hecho, pero el mundo está cambiando y brindar con agua es un lujo para la mayoría del planeta, así que viva el agua, alzamos el vaso y disfrutamos ese trago, tenía sentido.

Después la gente se marcha poco a poco, vamos despidiendo hasta que todos se han ido a sus casas y nosotros en la nuestra meses después. Se nos hace raro que no se nos hace raro estar de nuevo sentados en nuestro sofá. Hemos vuelto, nos miramos, lo hemos logrado. Parece un sueño, pero es real. Necesitaremos días para degustar los recuerdos, para asimilarlos, pero lo sabemos, lo volveremos a hacer, no sabemos cuando ni donde, pero buscaremos rumbos olvidados en un futuro próximo. Así que no olvidéis esta web porque tarde o temprano aparecerá una nueva crónica.

Gracias a todos y todas por estar ahí. 

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