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ETAPA 294 BUZET SUR TARN-TOULOUSSE-CARBONNE

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25KM 100+

Descansamos bien en casa de Grego y Zoe, madrugamos ya que nuestro tren sale a las 8:40 de la estación de Saint Sulpice. Recogemos nuestras cosas y Zoe ha dejado su desayuno preparado sobre la mesa y la cafetera lista para que nos echemos un café antes de irnos. La casa es una granja vieja restaurada. La calidez de los muebles, los colores, un estilo vintage que saben usar muy bien en Francia. En la cocina los muebles son antiguos y en una de las paredes hay un antiguo fogón pintado de blanco con una estufa de pelets dentro. La casa es muy grande, pero si nos dijeran qué tipo de casa nos gustaría, sería algo así, de una planta, pequeña, con ventanales, con muebles antiguos restaurados. Mientras nos tomamos el café aparecen los dos. Ella tiene que tomar un tren algo más tarde que nosotros y Grego se ha levantado para despedirnos. Son una pareja encantadora que ha viajado mucho en bici y ahora se adaptan a una hija que odia ese medio de transporte. No suelen pedir por la aplicación de warmshowers porque son muy tímidos, pero ahora nos conocen, así que esperamos que algún día se animen a visitar Pamplona.

Salimos del antiguo establo donde hay un pequeño rocódromo donde entrena Grego. Es casi de noche, comienza a amanecer, pero está nublado y nos obliga a ir con frontal y luz trasera. La temperatura es buena. Hace nada estábamos a casi 1.000msnsm y ahora a poco más de 100m. Llegamos por alamedas hasta la ciudad, todo está apagado, casi hasta la estación. El río de esta ciudad es el Tarn, que desemboca en el Garona que conoceremos hoy en Toulousse. El Garona desemboca en el Atlántico en unos 300km y estamos a 100m de altitud. Lo bueno de estas vías verdes que acompañan a los ríos en Francia es que son casi planas y te dan la posibilidad de disfrutar de la bici sin grandes palizas. Si les sumas los castillos, las iglesias y estos pueblos tan bonitos es un planazo.

Cuando llegamos a la estación aún no sabemos cuál es nuestro andén. No podemos montarnos en el que queramos, ya que hemos comprado unas ofertas de la web que valen 1€ cada billete y tiene que ser el que hemos comprado. Tuvimos suerte de estar con Françoise porque nos dio el consejo de mirar por internet, si no nos habríamos gastado 32€. Así que nos sentamos en el banco y nos hacemos nuestro café soluble con agua fría. Dentro de nada echaremos de menos estos momentos, esa sensación de libertad de parar la bici, sentarte en un banco y tomarte un café con unas galletas autogestionado, aunque sea sentados en el suelo y el agua esté fría. Esa sensación de libertad es impagable. Muchas veces cuando estamos sentados en el suelo, comiendo un poco de pan con embutido y la gente nos mira, está la mirada de compasión, la de indiferencia, la de cierto rechazo y está la de envidia sana. Esa es la bonita, con la que yo miraría a dos personas que están viajando con una bici y les ves disfrutar un bocadillo de jamón y queso tanto como otro disfruta un menú sentado en un restaurante. No estoy diciendo que sepan igual de buenos y sean igual de cómodos, lo que digo es que se aprende a disfrutar todo y a lo largo de este viaje y de muchos que hemos hecho, cada momento es oro y ese es el mayor aprendizaje que nos podemos llevar.

A falta de 20 minutos marcan el andén B para nuestro tren. Tenemos que meter las bicis haciendo caballito en el ascensor para que quepan. Subir al puente y bajar en nuestro andén. Aquí no hay nadie, pero en ciudades grandes, como haya colas en los ascensores y el transfer sea corto, te pones muy nervioso. Se va llenando el andén de personas y a las 8:46 llega puntual nuestro tren, subimos como podemos, ya hay cuatro bicis y las nuestras las metemos a duras penas. Nos cuesta hacer entender a una madre y una hija que están sentadas en los sitios destinados a bicis. Hay una pareja alemana en el tren que viaja mucho en bici y nos pegamos todo el trayecto hablando con ellos de este y sus viajes. Ellos siguen hacia Burdeos.

Pronto llegamos a Toulousse. Esta ciudad tiene más de 2.000 años de historia y ya entonces se llamaba Tolosa, los romanos respetaron el nombre. Ha sido una de las ciudades más importantes de Francia, incluso antes de pertenecer a Francia. Nuestra Tolosa, se llama así por ella, Alfonso X eligió ese nombre en su fundación (1256), vamos a decirlo así, con enfoque de marketing, a ver si la gente al escuchar el nombre de una ciudad tan importante de Francia, viene atraída por el topónimo que ya conocen. La cuestión de Toulousse es que hoy tienen poco más de medio millón de habitantes y es la cuarta de Francia a poco de la tercera. Con casi 70 millones de habitantes que la tercer tenga poco más de medio millón de habitantes habla de la cantidad de gente que hay en zona rural, de la diseminación de pueblos que hay por todo. Paris que es una de las ciudades más visitadas del mundo tiene 2 millones, no es nada comparada con la dimensión histórica, cultural y turística que tiene. Hoy en día Toulousse en el aspecto tecnológico es la sede de Airbus y es el polo aeroespacial del continente.

Salimos a las calles sin saber nada de todo esto, desde Matabiu, la estación central. Muy bonita con aires de Palacio francés. Prácticamente toda la ciudad tiene una red de carriles bici para entrar y moverte por ella que la convierte en una ciudad muy cómoda y segura por moverte con este transporte. Desde el primer momento vemos parkings de bicis urbanas para que la gente las use por todo. No hay un momento en el que no veas a gente moviéndose en bici de un lado a otro. Con lo que hemos escogido muy bien esta ciudad para visitarla, aunque sea con alforjas. Bajamos por la avenida de Jean Jaures, el socialista del que os hablé el otro día hasta la plaza del Presidente Wilson. De momento todo es comercial. A partir de ahí seguimos el itinerario que nos hemos descargado con 15km urbanos por calles para hacernos una pequeña foto de Toulousse. Muchas de las calles tienen casas bajas de ladrillo rojo, de hecho se la conoce como la ciudad rosa por los matices que toman los ladrillos con la luz. El centro tiene muchas calles peatonales y hay gente por todo.

Paramos primero en la plaza del capitolio con un edificio lleno de banderas de Francia, es el ayuntamiento, y donde aprovechamos para enviar unas postales. Desde ahí callejeamos hasta la basílica de San Cernin, uno de los edificios más importantes de la ciudad de época románica. Cuando llegamos están celebrando misa, no dejan entrar en pantaloneta y además tenemos hambre. Compramos un poco de pan en una panadería y nos sentamos en un banco de la plaza a desayunar con lo que nos queda por las alforjas. En ese momento aparece un grupo de Madrid que siente curiosidad y charlamos un buen rato. Quien sabe, pero quizá surjan charlas en Madrid dentro de unos meses. De cada dos grupos de turistas, uno es español.

Recorrer una ciudad en bici te da la oportunidad de ver mucho a un ritmo sosegado, sobre todo si es llana como esta. El recorrido nos da un pantallazo de esas calles con terrazas donde la gente disfruta del ocio, de los barrios con la salida de la escuela, de los parques, muchos parques. El itinerarios nos hace cruzar varias veces el Garona, el río que de aquí sale hacia el Atlántico. Muchos puentes de todos los estilos, destaca el puente nuevo. En el río hay dos islas y en una de ellas un gran parque. Nos metemos por ahí y como hace un día soleado disfrutamos de la naturaleza, del ambiente de la gente paseando, andando en bici y nos quedaríamos más, pero la visita tienen caducidad, a las 15:00 tenemos que regresar a la estación para tomar otro tren. Así que antes de llegar al centro comemos en una  calle donde hay muchos puestos de comida rápida y nos alimentamos algo regulero. En muchos de los barrios hemos visto mercados callejeros de comida, ropa, flores y la vidilla es enorme. Pasamos por la catedral de Saint Etienne, y de ahí vamos regresando hacia las calles por las que hemos comenzado.

Después de año y medio en bici, a falta de seis etapas se me ha roto el trípode, así que buscamos por esas calles comerciales algo barato para inmortalizar los últimos recuerdos del viaje y no vivir a base de selfies. Algunas de las calles tienen una especie de flecos dorados colgando a modo de techo que impiden ver la dimensión total, pero el dan un aspecto navideño hortera a toda la calle, para gustos.

Lo bueno de que haya tanta bici, es que la gente está habituada y nadie se molesta de que vayas por las calles centrales pedaleando. El día se nos acaba y regresamos a la estación central. Parece un aeropuerto, con su galería comercial y varias zonas de espera. Hay muchas vías y a cada rato salen y llegan trenes hacia toda Francia. Mucho turista mirado las pantallas azules que hay en el vestíbulo y por fin pone 1C, desde ahí tomamos el tren que nos aleje de la ciudad hacia Carbonne. Esta vez el vagón para bicis es aún más pequeño, donde deben ir tres sin alforjas, van seis y nos toca a los ciclistas lidiar con las miradas de la gente que tienen que esquivarlas para ir hacia sus asientos. Tenemos media hora de tren hasta el destino. Nuestro último transporte del viaje. Todos los que hemos tomado estaban contemplados antes de empezar el viaje y hemos cumplido y sobrevivido a todos. Ahora sólo queda pedalear hasta casa, nos quedan seis etapas.

Bajamos en una pequeña estación en Carbonne, hace mejor tiempo que en Toulousse y nos quitamos la ropa. Hoy dormimos en casa de Annaïg y Laurent, nos acogen a través de warmshowers. La puerta de la casa está abierta, Laurent está algo enfermo y nos enseña una casita donde pasaremos dos días. Por lo que sea estamos muy cansados y el resto de la tarde nos quedamos tirados, cena de sopa con verduras y a dormir. El día de descanso arreglo la rueda de la bici, escribo etapa, edito vídeo y merendamos y cenamos con Laurent, Annaïg está trabajando en las Seychelles. Otro día tranquilo y bonito donde preparamos lo poco que nos queda. Ya vemos los pirineos de cerca y parece que las lluvias mojarán las últimas etapas del viaje. A ver si tenemos suerte y el pronóstico cambia. 

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