80KM 1260+
La noche ha sido tranquila, forzosamente porque en el camping estamos cuatro personas. Para estar a más de 1.000msnm no hace mucho frío y podemos salir sin perneras. La idea es desayunar en un pueblo que esta a 23km, Fay s. Lignon. Al salir a la carretera casi no hay coches, sobre todo si vamos por vías locales que unen pueblos remotos. Es sábado y temprano, la niebla cubre los pastos y las vacas y ovejas pastan pacíficas. Nos adelantan tractores que salen a trabajar. Aquí las casas son más de piedra, algunas tienen esas rampas laterales que por donde subían los caballos, pero que hoy es el acceso a la casa. Hay auténticas joyas, por fuera se ven rurales, pero por dentro al otro lado de grandes ventanales ves casas reformadas, con su muebles vintage, con el fuego encendido que te invitan a pedir que te dejen una mañana leer un libro con un buen café.
Circulamos por carreteras muy estrechas por bosques y un constante sube y baja, hoy la etapa será más dura. En un momento el paisaje se abre hacia una hilera de montañas donde está el Mont Gerbier de Jonc. Ahí nace el Loira, que dará primero una curva yendo al sur, para remontar hacia el norte. Hoy pasaremos por encima de él. Hace ocho años lo recorríamos en bici desde Orleans hasta Nantes. No imaginábamos entonces, con nuestras bicis sin alforjas que menos de una década después haríamos esto. Recorremos varios pueblos hasta uno que está en lo alto, Fay sur Lignon. Un pueblo bonito, con su plaza central donde una estatua con un gallo resalta en la plaza frente al ayuntamiento. Ahí compramos algo en la panadería, y aunque hace frío nos sentamos en un banco en la plaza. Un trozo de pizza, media barra de pan con nocilla y café. Tenemos el metabolismo a tope, nos comemos lo que nos echen. En ese momento aparecen por una de las calles, seis vespinos antiguas, con un sonido débil. Los dueños con cascos que parecen la hormiga atómica cruzan la plaza. Me da envidia que seis amigos hagan un viaje así por su país. Muy despacio, original, con gracia. Me acerco y les pido una foto. Quien sabe, quizá algún día seamos nosotros los que hagamos una bizarrada con amigos por el mundo con un vehículo peculiar.
En este pueblo hay una fortaleza que la construyeron en el s.X, a pesar de lo pequeño que es, se celebraban ferias de ganado y comida que atraían a gente de todos los sitios, especialmente la de los caballos. En varios lugares de la plaza hay dibujos y referencia a este animal. Desde ella salen decenas de caminos y rutas. Lo gracioso de este pueblo es que se llamaba Fay le Froid, que hace referencia al frío y en 1922 le cambiaron el nombre porque no era muy atractivo para que la gente fuera.
Después de desayunar bajamos hasta el río y desde ahí comienza un día de subidas cortas que nos irán castigando. Al poco de comenzar a subir nos pasa un grupo de ciclistas bastante mayores que han salido a dar una vuelta, todos nos van diciendo el famoso “bon courage”. Llevamos poco de etapa y para mi está siendo de las más bonitas que he hecho hace tiempo, alterna paisajes de bosques, poco tráfico, buenas vistas, vida rural, subidas, lo tiene todo. El frío lo vamos sacando poco a poco, sobre todo cuando pasamos Le Monastier que desde ahí ya comenzamos con las subidas. La primera es corta y hoy no hemos bajado casi de los 1.000msnm. con una bajada rápida llegamos a Goudet, donde hay un castillo que vigilaba ese paso de botella en el río Loira. El pueblo es precioso, de lo más bonito que hemos visto. Parece un decorado, con el castillo sobre una isla al fondo y un puente que cruza el Loira. Esta zona también se vio muy afectada por todas esas guerras que comentaba la etapa anterior.
Nos quitamos ropa para la subida y sale un señor, “very dificult”. A Shei le ha bajado la regla, tiene el cuerpo fatal, como dice ella, “siente que las piernas le cuelgan de la cintura, pero que no son suyas”. Tenemos 7km de subida con 400+, hace fresco y comienza a lloviznear. Hoy tenemos ganas de llegar para meterse a la cama, le duele todo. La subida, aunque bonita, se le hace dura y cuando llegamos a lo alto salimos a una principal con mucho tráfico.
Quedan 13km que se hacen eternos, viento en contra, llovizna, un constante sube y baja que no terminan nunca, con una cuesta de 2km para rematar. Por fin llegamos a Pradelles. Por este pueblo pasa una de tentas rutas de peregrinación, la de Regordene que va desde poco más arriba hasta el mediterráneo. El pueblo es muy bonito y lo dejamos para el día siguiente, está lloviendo y nos refugiamos en un pequeño porche a comer algo hasta que llegue la casera.
A los 20 minutos, Christelle, asoma desde la casa y nos abre la puerta del sótano. Metemos las bicis y subimos a su casa. Ella alquila una habitación. Vive sola, pero tiene la cas llena de tarros, papeles, decoración. Es muy amable y nerviosa. Nos invita la primera noche a cenar y conversamos hasta tarde. Esa noche descansamos bien. El siguiente día vamos pronto para comprar algo para desayuno, comida y cena. La única tienda cierra a las 12:00, es caro. Y el día que teníamos para recorrer el pueblo, me lo pego peleando con una aerolínea para que nos cambie un vuelo. Tras varias horas de chats, consigo que me ayuden y no llegar doce horas más tarde a casa después del proyecto en Filipinas, pero eso será otro proyecto y otra historia. De momento nos quedamos en Pradelles a dos semanas de llegar a casa.
