72KM 615+
El pequeño camping de este pueblo es de los más completos que hemos estado para el precio que tiene. La tarde anterior nos resguardamos en una sala que tienen, que parece la de una casa de la juventud. Hay lugares que merece la pena apuntar por si en el futuro vuelves a pasar. Poco antes de despertarnos llueve un poco, pero por suerte no se muja mucho la tienda. Anuncian lluvias para esta etapa y esperamos no mojarnos mucho. La realidad es que estamos teniendo mucha suerte con el tiempo, nos mojamos la etapa de subida al Albula, la de llegada a Forni de Sotto, pero las dos coincidieron con días de descanso donde teníamos tiempo para secar todo. Y tenemos que remontarnos a Polonia para encontrar el siguiente día que nos mojamos en etapa. Estadísticamente es mucha suerte.
Recogemos todo y salimos de ese pequeño pueblo encajado entre dos ríos y montañas. Para comenzar tenemos que elegir bien la ruta, un cruce con cinco carreteras, que como te despistes apareces 20km más al sur. Miramos y remiramos el mapa para asegurarnos, estamos bien. Y lo que viene al primer kilómetro es una subida corta con 200+ en 3km para entrar en calor. Estaba deseando regresar a Francia para ir por estas carreteras, secundarias, rurales, con prados verdes y pequeñas cordilleras al fondo. En realidad no estamos a gran altitud, a 600msnm, pero suficiente para hacer una pequeña subida super bonita hasta Miribel des Echelles. Todos estos pueblitos de casas rurales, iglesias, panaderías y pequeños negocios. Desde ahí bajamos dirección Voiron, pero paramos en Saint Etiene de Crossey al ver una de esas panaderías. En vez de irnos a un supermercado, comemos algo en un negocio local. Hay ofertas de sobras del día anterior a buen precio, un par de cafés y listo. En el poco rato que estamos, entran decenas de personas. Los mostradores tiene varias estanterías con decenas de cosas super apetitosas. Toda la vida en España se ha tratado a los franceses de gabachos, estirados, pero debo decir que siempre que he venido a Francia me ha parecido gente super amable, sonriente y educada. En esta zona en la revolución francesa fueron expulsados los cartujos, con incendios, epidemias y saqueos. Luego tras la revolución regresaron.
Seguimos etapa hacia Voiron, es mucho más grande de lo que pensaba, desde el alto se ve una neblina sobre la ciudad, con las paredes al fondo por donde está saliendo el sol. La ciudad es pequeña, pero tiene una iglesia neogótica del s.XIX, que parece una catedral, no lo es porque no hubo obispo, pero destaca. Nos detenemos lo justo para ver el interior, es algo oscuro, tiene unas vidrieras muy bonitas. A lo largo del viaje hemos visto muchos tipos de templos y no ser religioso, no implica la curiosidad por la historia religiosa. No sabría decir cuales me han impactado más, ya que han sido decenas, pero las mezquitas de Estambul, La catedral de Alejandro Nevski en Sofia, las Madrasas de Uzbekistán, las iglesias ortodoxas de Ucrania o la Catedral de Zagreb, son muchas y todas tienen mucha historia detrás.
El resto de la etapa es simple, vamos por carreteras secundarias llanas, con campos de cereal cosechados y la verdad que pensamos en llegar a la casa de Françoise, la madre de una chica que estuvo en nuestra casa antes de irnos de viaje. Sobre todo pedaleamos rápido porque la lluvia está llegando y el cielo cada vez es más negro. Cuando entramos en Beaurepaire compramos y comemos en el supermercado. Ahí comienza a llover ligeramente, tocará mojarse algo al final de la etapa. En este pueblo los alemanes en su retirada en 1944 mataron a personas de la resistencia contra la ocupación alemana. En este lugar se lanzaban materiales desde aviones para luchar, fue centro de operaciones. Un agente británico Cammaerts de Churchill enviado para apoyar la resistencia, en uno de sus viajes en avión, se averió y tuvo que saltar en paracaídas, cayó lejos y la gente local le ayudó y le dejó una bici con la que llegó hasta Beaurepaire.
Los últimos 7km los hacemos con algo de llovizna, con tres pequeñas cuestas hasta casa de Françoise. Este lugar tiene restos de los romanos con más de 2.000 años de historia. Al llegar a la casa ahí esta Françoise, jubilada, canosa, de ojos azules. Vive en una casa rural, con un garaje lleno de aperos y herramientas, nos aloja en una habitación en el sótano que tiene de todo. Ella ha sido profesora, asistenta social, está implicada en iniciativas sociales de la zona y es super interesante. Al rato de llegar viene una de sus primeras parejas y padre de Manon, nuestra amiga. Cenamos los cuatro y charlamos sobre muchas cosas, sobre como está el mundo y disfrutamos de una velada buenísima. La casa es sencilla y siempre me ha gustado esas casas francesas que tienen muebles antiguos restaurados, muchos libros, suelos de madera y decoración sencilla que habla del mundo.
