58KM 1500+
Que rápido pasa el tiempo de descanso cuando se está bien. Caroline y Joakim nos han cuidado como si fuéramos su familia. Nos dicen que están felices de que nos hayamos cruzado en su camino y de haber conocido nuestro proyecto. Uno cuando vive en primera persona su vida, normaliza acciones que hace hasta hacerlas cotidianas. Lo mismo que nos ocurrió en Ucrania, ver que la gente paseaba por una ciudad con sacos que cubren las ventanas, que asiste a funerales diarios o canta el himno cada mañana a las 9:00 como si fuera normal. Lo mismo nos ocurre a nosotros, que levantarse cada mañana en bici o ir a construir un pozo en Angola es relativamente normal. De repente te sientas a hablar con una pareja que ha viajado por el mundo con mochila, en bici y que no es el estándar pasivo que se queda en casa y aún y todo, tu vida le parece una aventura. Un tema lleva a otro, a fronteras africanas, a bloqueos en Bolivia o dormir en un ayuntamiento en Moldavia y al narrarlo te das cuenta que eres el protagonista de esa historia y piensas: “vaya aventura que hemos vivido…” Nuestra estancia con ellos ha sido buenísima. Justo un día antes de llegar, Shei comentaba que habría estado bien comer algo de comida local, pero que ir a un restaurante es prohibitivo. Casualidad con ellos probamos conservas locales hechas por ellos, una pasta al pesto riquísima, unas patatas con una salsa local y salchichas y para cerrar, la última cena, una raclete de queso local que no queríamos que se acabase nunca. Todo aderezado con buenas conversaciones sobre la geopolítica actual que tanto preocupa. Si entiendo bien, los suizos eligen a donde quieren enfocar sus esfuerzos y votaciones y ahora están decidiendo el gasto en armas y porque no hay un posicionamiento más claro sobre los conflictos de Ucrania y Palestina. Da gusto cuando te puede desahogar e insultar a Israel sin medias tintas.
Nos levantamos pronto, ya que Caroline (56) se va en bici a trabajar, 25km. Tiene todo preparado, se viste de ciclista y desayunamos un café y unos cereales con ella. Mientras desayunamos, se levanta Joakim para despedirnos. No hace mucho frío, pero lo suficiente para ir abrigados hasta Martingy. Caroline se marcha, nosotros montamos las bicis y nos despedimos de este oasis suizo. Esperamos volver a verlos. La etapa arranca llana hasta la ciudad, ahí gastamos nuestro últimos francos suizos en algo para cenar y nos quitamos la ropa, ya que ahí mismo comienza la subida al Forclaz. Me acuerdo cuando preparé las etapas del viaje, esta etapa para pasar a Francia le tenía un poco miedo y mira que hemos hecho subidas duras en este viaje. Pero tenemos 13km al 8% y luego otros 7km al 5%, puede ser una etapa muy dura.
De momento hace buena temperatura y subimos al mismo ritmo que siempre, pero algo más descansados. El día anterior nos dimos una sauna con baños fríos y creemos que algo habrá ayudado. Conforme subimos vemos todo el valle del Ródano por el que hemos bajado. Es impresionante. Creo que si nos ponemos en el sitio adecuado llegamos a ver la subida al Furka Pass. Uno imagina que una subida de más de 1.000+ será bastante bonita, pero quizá es de las más feas que hemos hecho. En todo momento subimos con una pared de piedras a la derecha, con árboles a la izquierda y sin sentir que ascendemos un gran puerto, como si fuera una carretera normal algo empinada. El porcentaje es constante, con lo que no hay nada de descanso. Hay mucho tráfico y se hace muy latoso, uno detrás de otro casi sin conversar, en realidad Shei va con lo justo y las subidas suele decir poco. A mitad de subida hay un semáforo por una de tantas obras y eso hace que desde ahí el paso de coches sea intermitente, ratos de silencio y ratos de caravana molesta. En esta ocasión cada kilómetro está indicado y vemos el porcentaje que tiene cada uno. En esta ocasión cada cartel supone una alegría, uno menos, ya estamos más cerca. Dos horas y media sin parar hasta la cima del Forclaz a 1527msnm. Según la distancia, ya sé a qué velocidad vamos a subir y hay veces que en las primeras rampas pienso: “tenemos más de dos horas de ascenso…”. Dos horas pueden hacerse eternas, sobre todo si hace al tiempo. En ese tiempo hemos podido ver una película o ir de Pamplona a Bilbao en coche.
Cuando llegamos arriba hay varios negocios, un par de fuentes, bancos y un día buenísimo. En esa cima ganaron Bahamontes y Menendez. Comemos algo, nos abrigamos y nos despedimos de la última subida en Suiza y del país, cuando lleguemos abajo nos encontraremos con la frontera con Francia. En cuanto comienza a subir el Col de Montets pasamos la aduana. Nadie en las ventanillas y un cartel que anuncia que llegamos a Francia. País 41 del viaje y ya no entraremos en más. Habrían sido 42 si no es por los chubasqueros dichosos, en nuestro recorrido estaba Austria planificado, pero gracias a eso hemos conocido el Valparola, Gárdena, Tonale, Bernina, con lo que el cambio ha sido para mejor.
La primera subida francesa en realidad es suave, al 5%, pero el Forclaz nos ha dejado las piernas congestionadas. Subimos poco a poco y en este caso es una subida por bosque muy chula y por el parque de las agujas rojas, llegamos al Mont Blanc. Hay senderos por todo, fuentes, casas de madera, todo es muy bonito. Paramos en la cima y como hace un día perfecto, nos sentamos en un banco de madera y comemos dos sándwiches con vistas a las agujas. Hay días que son un regalo. Ya estamos en Francia, ahora nos queda cruzarlo, dieciséis etapas hasta casa, no nos queda nada.
Tenemos 14km de bajada hasta Chamonix. Una bajada con muchas curvas al comienzo y luego ya bajando el valle hasta la ciudad a los pies de la montaña más alta de Europa occidental. Hay mucho turismo, sobre todo por el buen tiempo que hace. Una pareja nos dice que sólo hay un camping abierto en Chamonix, esperemos que quede sitio. Sobre todo porque todo es carísimo. Al entrar en la ciudad se respira montaña. Por una lado esa parte elitista del esquí, los apartamentos de lujo, por otra la del alpinismo, la de los descensos de enduro, es un paraíso para estos deportes. Hay turistas de todas las nacionalidades. Compramos algo de verdura y comida para la siguiente etapa y nos vamos en busca del camping. Llegamos a las 16:00 y por suerte hay sitio. Hace calor y de primeras sentimos que quizá no haga falta abrigarse mucho, pero sé que en cuanto se meta el sol, nuestro discurso cambiará. Montamos tienda de campaña, nos duchamos y nos relajamos un poco. Hacemos las tareas de cada día y en cuanto el sol nos abandona nos ponemos el plumas. El arroz caldoso entra de lujo y hay días que emociona acampar. Hacerlo a los pies de un glaciar, de los pocos que quedan es un privilegio y ya nos quedan pocas acampadas del proyecto, hay que saborear cada una.
