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ETAPA 280 ANDERMATT-BRIG

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78KM 1190+

Al irnos a la cama nos abrigamos como no lo habíamos hecho en todo el viaje, las mallas, calcetines y jersey más gordo que tenemos. No descansamos mal, pero al sacar el brazo del refugio de la colcha entra una corriente fría que nos deja helados. La previsión para la noche era de 4º, pero parece más. Una hora antes de despertarnos metemos la ropa con la que andaremos en bici ese día dentro de la cama. Al principio está congelada, pero luego se va templando. Por lo menos al ponérnosla no será un infierno. De normal en noches así, con el frío de fuera la tienda está llena de condensación, pero hoy es una fina capa de hielo en la que podemos dibujar. Abrimos la tienda y la hierba, las bicis, todo tiene una capa de escarcha, hemos dormido bajo 0º. Nos vestimos rápido y recogemos las cosas. Las manos cada vez están más frías y cuesta cerrar las bolsas. Quitamos el hielo de la bici y secamos el sillín y las manetas. La tienda de campaña no tenemos otro remedio que guardarla tal cual está. Ha amanecido, pero el sol no asoma y tardará horas en incidir para secarla. La doblamos con hielo y de lo que ocupa casi no cabe en la bolsa.

Antes de salir calentamos las manos en el agua caliente del baño y nos ponemos los guantes. Hoy nos toca una subida dura, el Furka Pass. Primero una aproximación de 9km hasta Realp con el valle aún en sombra. Es con seguridad la mañana más fría de todo el viaje. Ascendemos poco a poco hasta el pueblo pequeño a los pies del puerto. No hemos desayunado y paramos en unos garajes donde el sol ya calienta y comemos algo. Entramos en calor y llenamos estómagos. Por delante tenemos 13km de subida hasta los 2.436msnm.

Aunque hace frío, nos quitamos casi toda la ropa, pronto entraremos en calor y el sudor a esas alturas es peor. Por suerte casi no hace viento y al sol no hace mucho frío. No muchos, pero nos adelantan algunos ciclistas. Una chica en concreto se para un poco y nos pregunta cuanto peso llevamos, ella va con una bici de carretera solamente y le está costando subir. Al responderle el peso: 65kg, suelta un “¡estáis locos!, mucha suerte en el camino”. Se aleja mientras nosotros seguimos a 5km/h. El comienzo del puerto son 7km al 8% con varias curvas de herradura. Rápidamente vamos subiendo y se tenemos una perspectiva mayor del valle del que venimos. De repente una de las curvas es de 90º y si lanza hacia la montaña y descubrimos un nuevo escenario. Nos queda más de la mitad y a lo lejos vemos una diagonal en una pared y unas casas pequeñas al fondo. A veces ayuda, otras desmoraliza. “Venga Shei, que vas muy bien”. Nos motivamos y poco a poco con varias curvas de herradura más nos plantamos en un hotel abandonado que hace un tiempo tendría unas vistas increíbles. Desde ahí suaviza un poco y se hace más llevadera. Avanzamos hacia la cima, no es el típico puerto que ascienda por la loma o por un bosque, eres parte del escenario todo el rato y consciente de la dimensión de la subida. Desde hace rato no se ven árboles, meses antes a 3.000 metros había una jungla en Bolivia en esa altitud y aquí sólo la roca. Queda un último esfuerzo para llegar arriba. Es increíble porque vemos el Oberalp Pass que hicimos el día anterior y no parece tan lejos. Vivir en cualquiera de estos pueblos y gustarte la bici puede ser una bendición o una pesadilla. Cada vez que sales tienes una subida de 1000+, como se te ocurra descender al otro valle, la vuelta ya se sale de madre. Pedalear por estos puertos es un privilegio, pero como un suceso puntual en tu vida. Me alegro de vivir en Pamplona donde tienes una oferta increíble de desniveles y distancias desde casa.

Por fin llegamos al refugio, es la cima más alta del continente europeo. 2.731 hicimos en Asia en el Sacristán, 1.835 en África en Leba, 888 en Australia en Cradle Mountain, 4.670 en América en La Cumbre. Estamos dos mil metros por debajo de nuestro mayor paso en Bolivia y se nota, dentro de la dureza, nuestro ritmo, nuestra capacidad de hablar, de disfrutar es mucho mayor que aquel día en Bolivia donde parábamos cada kilómetro porque nos faltaba el aire.

En la cima hablamos primero con un holandés y luego con otro alemán, los dos mayores de 60 años que viajan en bici. Como siempre alucinan con el peso y aplauden el proyecto. Nos abrigamos un poco, no tanto como otros días, ya que el sol da fuerte y no hace mucho viento y vamos a por la bajada. No sé cuál de las dos vertientes me ha parecido más espectacular, pero creo que ha sido el puerto más bonito de todo el viaje. Nada más comenzar a bajar tenemos vistas a toda nuestra bajada, vemos las herraduras, el fondo del valle y la subida al Grimsel Pass de fondo. Toda la subida está salpicada de motoristas, coches, ciclistas que se encuentran en diferentes puntos del ascenso. La primera parte vamos haciendo curvas de herradura hasta llegar a una recta que acompaña al río Ródano. Este río llegará hasta Marsella. Suiza con sus aguas desemboca en el Mar del Norte con  el Rin, en el Mar Negro con el Eno, en el Adriático con el Tesino y en el Mediterráneo con el Ródano. Volvemos a tener otras sucesión de herraduras en el comienzo del Grimsel Pass y nos adentramos en bosque que nos lleva al valle del Ródano. Estaremos dentro de ese valle hasta que salgamos a Francia. Ahora toca sobre todo descenso suave hasta Martigny. En cuanto llegamos a Obergoms desplegamos la tienda de campaña, cuatro horas más tarde sigue con hielo. La bolsa de plástico en la que la hemos metido está llena de agua. Hace mucho viento y cuesta sujetar las lonas y la tienda, pero veinte minutos más tarde tenemos todo seco. Comemos un poco a refugio del viento y continuamos etapa. A partir de la 13:30 en este valle el viento sube hacia las montañas y sopla muy fuerte.

Es un valle abierto, la bajada se alterna con subidas a pequeños pueblos que se van sucediendo. El paisaje es muy bonito y cuando llevamos 58km paramos en Fürgangen, casualmente tiene un puente colgante impresionante que cruza el río a 90 metros sobre el río y casi 300 de largo. El lugar merece la parada, pero en nuestro caso supone los 20.000km del proyecto. En ese momento llevamos la mitad de la circunferencia de la tierra pedaleando. Creo que ya es una cifra reseñable. Nos hacemos la foto para el recuerdo. Y seguimos bajando.

Tenemos otros 20km más hasta Brig, seguimos por carriles bici y ya cerca de la ciudad nos metemos por el casco urbano. La bajada no ha sido tan fácil como parecía, entre el viento y las subidas empinadas se nos ha hecho las 17:00 de la tarde. Ahí dormimos en casa de Adrian, otro warmshowers. Vive en un edificio en el centro. Primero descargar maletas en el portal, segundo llevar las bicis a un cuarto en la parte trasera del edificio donde guardan muchas más. Está abierto a la calle y de nuevo confiamos en el buen hacer suizo. Subimos todo y estamos agotados, al poco llega Adrian y nos pide el favor de hacer la cena, ya que tiene que hacer recados. Comparte piso con otros tres chicos, así que hoy hacemos de cocineros. Nos duchamos y mientras escribo, Shei cocina unas patatas y calabaza al horno y una ensalada. Cuando está terminando van llegando y con hambre. Cenamos las dos bandejas y la ensaladera. Uno de los compañeros es Pablo, un gaditano joven que primero en Alemania y ahora aquí trabaja de biotecnólogo. Charlamos todos de la realidad mundial, de los viajes de Adrian que además de la bici, se lleva el parapente. Sus viajes son más de aventura y con nuestras bicis es imposible acceder a esos lugares. Entre una cosa y otra se hacen las 23:00 y caemos rendidos en la cama sin la tarea hecha. 

 

 
 
 
 
 
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Una publicación compartida de Y OS LO CUENTO/RUMBOS OLVIDADOS (@yoslocuento)

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