104KM 550+
La lluvia llega antes de lo previsto, mientras nos lavamos los dientes, Shei tiene que ir a meter el ordenador a la tienda y cerrar las cremalleras porque empieza a llover. Parece un txirimiri, pero estando ya dentro de la tienda, preparando las cosas para el día siguiente comienza a llover cada vez más intenso y con relámpagos. De momento la tienda aguanta y no cala por dentro, aunque ya tenemos balsillas delante. Nos dormimos con la lluvia golpeando toda la tela y por lo menos nosotros estamos secos.
El despertador suena a las 6:00, hoy tenemos etapa larga y queremos desayunar antes de salir. La tela de nuestra tienda no repele mucho el agua y aunque lleva horas sin llover hay gotas por todo. Tenemos que recoger y asumimos meterla mojada, pero trato de quitar todo lo posible con una bayeta. Escurro siete veces el trapo y sigue mojada. Metemos todo a los bolsos, montamos las bicis y desayunamos fruta, cereales y yogur yo y Shei pan con embutido, ella es más de salado.
Salimos a las 8:00 de la mañana, por suerte a los 2km hay una ciclovía que nos lleva hacia Ratece. El día ha salido buenísimo. Es difícil describir el paisaje. Arrancas la etapa con una pared rocosa al fondo, con cimas escarpadas, subimos por un valle con dos paredes muy inclinadas llenas de árboles. La ciclovía entra y sale por bosques y hay árboles a ambos lados que construyen túneles verdes por donde se filtra la luz del sol. Hay praderas de un verde nuclear con vacas pastando. Pensamos que nada tiene que ver la carne y la leche de una vaca que come hierba seca o lo poco que encuentra en lugares por los que hemos pasado o tener estas alfombras verdes que me dan ganas de comer hasta a mí. Me acuerdo de una vez que viajaba con un amigo y cuando veía las vacas pastar en los prados decía que “Imagina que caminas y todo lo que pisas son pizzas, filetes de carne, platos de alubias… los animales están todo el día zampando del suelo que pisan”. Desde entonces no para de imaginarme correr por praderas de pizza.
Si los dos días anteriores hemos visto ciclistas, hoy desde el comienzo hasta que llegamos a Carnia, en Italia, no hemos dejado de ver personas en bici ni un minuto. Sin exagerar, hemos visto más personas en bici hoy, que en todo el viaje junto. Es lo que tiene hacer 95km por una ciclovía en un paisaje espectacular. A lo largo del recorrido hay tiendas de alquiler de bicicletas eléctricas, que hace que gente mayor pueda disfrutar de este paisaje. En realidad pueden irse hasta Bled con toda la tranquilidad.
A los 12km, que el sol calienta un poco, en la entrada de una casa que tiene asfalto suficiente, desplegamos la tienda de campaña y las lonas a ver si les quitamos agua. Pasamos quince minutos y casi las dejamos secas, pero el sol no está rabioso todavía. Montamos todo de nuevo y subimos hasta lo más alto, 820msnm, ahí hay un grupo enorme de chavales con bicis y al apartarse vemos el cartel de Italia. No hay puestos fronterizos, simplemente Italia, muchas pegatinas y nos hacemos la foto de rigor. Aquí un refugiado disfrazado de cicloviajero tiene poco control. La idea no es mala, montas una especie de excursión con bicis y cuelas miles de refugiados en Italia. Todos los que quiso llevar al Meloni a Albania, de regreso por la frontera de Eslovenia.
Desde ahí tenemos 64km de bajada suave, con alguna cuestilla, pero muy pocas. Sigue haciendo fresco y pide ponerse chaleco, sobre todo porque muchos ratos son por bosque. Desde aquí vamos a ir jugando a cruzarnos con una carretera nacional y una autopista. La antigua vía del tren y dos vías haciendo dibujos por el paisaje. Bajamos hasta Tarvisio, entramos por una antigua estación de tren. De hecho han dejado por toda la ciclovía las estaciones, aunque un poco abandonadas. Tarvisio está rebosante de turistas, gente con motos, coches, bicis. Las terrazas llenas, mucha tienda de deportes de montaña y de esquí. No encontramos supermercado, así que comemos algo en una pastelería. Dos trozos de pizza con café. Muy italiano. Ya podemos hablar medio italiano y español. Hace casi 500 días pisábamos Italia y de repente estamos otra vez. Han pasado tantas cosas que parece que son Italias de diferentes viajes. Las chicas nos atienden con mucha alegría, de hecho en general la gente nos saluda más.
Después del almuerzo, se ha hecho tarde, tenemos mucha bajada y valoramos avanzar todo lo que podamos, mañana 99% nos va a llover y cuanto más corta sea la etapa, menos sufriremos, así que valoramos seguir 20km más de lo pensado como mínimo. Aunque la ciclovía es bastante intuitiva, toca ir mirando el mapa para no confundirnos en alguna bifurcación y aparecer a kilómetros de distancia. Bajamos siguiendo el curso del río Fella. El cauce es enorme, pero vemos casi todo el fondo. En tramos la anchura es gigante, pero sobre todo son cantos rodados y por un lateral baja un río con poco caudal. No sabemos si en primavera llena todo y ya el cambio climático ha causado estragos aquí.
Pasamos decenas de túneles, bien iluminados, muy frescos, casi se agradece salir al sol. Todo el rato ciclistas que suben hacia Eslovenia con sus bicis eléctricas o sus bicis de alta gama para carretera. Hemos pasado de ser los únicos ciclistas en carreteras de Bolivia a pasar desapercibidos en un hormiguero. El valle por momentos se abre hacia un paisaje de montañas enormes y el escenario es inmejorable. Luce el sol y parece mentira que mañana cambie tanto el tiempo. Hay un bar en la ciclovía donde fácilmente hay 200 ciclistas tomando algo en las decenas de mesas que hay en un jardín con árboles. Por lo menos, la inversión en adecentar esa antigua vía de tren ha favorecido a los negocios locales.
La bajada acaba en Carnia, donde el Fella se une al río Tagliamento. Cuando la velocidad baja, el calor sube. El sol en estos momentos y zona montañosa da fuerte. Hemos bajado hasta los 250msnm y en los siguientes días los iremos recuperando. Cruzamos un río casi seco y paramos en Amaro. Comemos un poco, terminamos de secar la tienda de campaña y ponemos Villa Santina como fin de etapa. Esta vez ya toca ir por la carretera y nos hacemos a la idea de que esta parte dolomítica será algo molesta, por la estrechez y por el gran tráfico que tiene Italia por todo. Cuando pasamos por Tolmezzo hay una tienda de bicis, aunque lo intentan no tienen la pieza que necesito. Tolmezzo tiene la calle cortada por el mercadillo que abarca casi todo el pueblo. Comemos algo de fruta, compramos verdura para la cena, nos refrescamos y hacemos los últimos kilómetros. Nos desviamos para entrar a Villa Santina por el pueblo anterior. Shei mira las casas a ver si tienen algún sitio para protegernos de la lluvia que anuncian. Ninguna tiene cobertizos. Al final llama al timbre de una y le pregunta si podemos dormir en su garaja. El chico es joven, llama a su novia a ver que le parece y aceptan. Nos dejan dormir en el garaje, nos ofrece una toalla y la ducha, nos hace un café. Qué más se puede pedir. El chico es muy joven, 26 años y ya tiene la vida resuelta. Es muy majo y está atento a todo lo que necesitamos. Nos instalamos en el garaje y ellos se van pronto a la cama. Así que nos hacemos la cena, escribimos la etapa y a dormir, Ya estamos en Italia.