89KM 750+
Los de las desbrozadoras acabaron a las 22:30, estaban preparando el jardín para un funeral, los chavales con las motos y su volumen de ópera acabaron cuando mágicamente se puso a llover y disolvió la reunión. Nos quedamos con el sonido de la lluvia tranquilos primero, luego más nerviosos conforme aumentaba la intensidad y movía toda la tienda de campaña. Por suerte acabó pronto. Para ser una zona rural, durante la noche no han parado de pasar camiones y tractores y algunos con sobre salto, me los veía metidos en la tienda con nosotros. Esa pobre familia tiene que vivir estresada toda la vida.
Nos levantamos con la calma, todo bastante más seco de lo esperado, más que la noche anterior que no llovió. Ruzenka nos ha preparado dos cafés turcos. Nos sentamos en las sillas que tienen fuera y mientras nos los tomamos, los tres nos miran. De nuevo tenemos que usar el traductor para poder hablar. Que los mayores no sepan inglés me parece normal, pero Nathea, con 12 años, no habla nada. La pena es no poder preguntarles cosas con normalidad y tener una conversación fluida sobre su vida. Con lo que el café se convierte en un mensaje al móvil, leerlo ellos, mensaje, leerlo nosotros. Parece un partido de tenis que no deja disfrutar del café ni de conocerlos. Y si nos quedamos callados, se hace raro tener tres personas mirando para que termines el café y dejarles tranquilos.
Nos despedimos con un abrazo, seguro que para ellos habrá sido una experiencia curiosa. Hay que pensar que no tendrán más de 70 años. Gente de campo, que hace 30 años estaban en plena guerra, que antes eran Yugoslavia y no creo que tuvieran una economía ni cultura del turismo como existe hoy. Con lo que es probable que esas personas no hayan salido de Croacia en su vida y llegan dos personas en bici que han recorrido medio mundo. Somos absolutamente conscientes de la suerte y del privilegio que tenemos, pero es importante no olvidarse de ello.
Mañana con un cielo nublado a manchas, como un cuadro romántico inglés. Buena temperatura, la tranquilidad del campo y pedaleamos felices hacia Garesnica. Ahí es donde dejaremos una vía más transitada. En una de las subidas noto como se rompe otro radio, mantengo la esperanza, pero al llegar arriba compruebo que se ha roto. Esta vez del lado de los piñones, que para mi es peor, pero como llegamos a Zagreb, la llevaremos a una tienda y que la ajusten bien. Así que en Garesnica pongo un poco de cinta para sujetar el radio para que no vaya golpeando. Tomamos un café, comemos un poco y compramos algo de fruta. Hay veces que pedir que te llenen los botellines de agua en un bar resulta violento y otras que es fácil. Por supuesto depende de la persona que tengas delante. La camarera se lleva los botellines a la fregadera e incluso les mete hielos y con sonrisa. Uno piensa, “con lo fácil que es ser amable…”. Desviamos la ruta con la intención de evitar el mayor tráfico que va hacia Zagreb. Nos sorprende porque siguen pasando camiones, pero tenemos la esperanza de que hay 12km por pista forestal que ese será nuestro oasis.
La verdad que este tríptico croata han sido etapas muy chulas. Cuando repasamos los vídeos vemos lo amable, verde, tranquilo que ha sido el paisaje. Hacemos unos 20km por pueblos agrícolas y vemos como se acerca nuestro bosque. Justo en el momento que pisamos la gravilla hacemos los 19.000km de rumbos olvidados. Hace 15 meses a 450km de donde nos hacemos la foto cumplíamos los primeros 1000km, con la sensación de haber vivido una aventura desde casa hasta Montenegro. Sin ser conscientes de lo que se venía encima y sin darnos cuenta llevamos 18.000km y cinco continentes más. Es todo tan intenso que admito que no hemos sido capaces de degustarlo, masticarlo y observarlo con la pausa que merece. Supongo que a todo el mundo le pasará igual. Al final el día tiene 24 horas para todos y un viaje de 15 días para ver la India dura lo que dura y no puedes sentarte dos días a observar un lugar cuando tienes todo un país por descubrir. Toda una vida puede ser muy corta dependiendo de que quieras hacer con ella.
Mientras hacemos la foto pasan dos camiones llenos de grano y nos tememos lo peor. Tenemos 12km de camino forestal, donde los rallos de sol se filtran, donde se escuchan los pájaros, donde hay tantas filas de árboles que no eres capaz de ver el final del bosque y donde varios camiones nos han dado sustos enormes porque aparecen a 60km/h por una pista estrecha de gravilla envueltos en una nube de polvo. Así que en vez de ir tranquilos, estamos pendientes de si en cada curva aparecerá un mastodonte de hierro. Lo que no entendemos es que si van en las dos direcciones como no hay accidentes a esas velocidades. A pesar de ese contratiempo, disfrutamos del lugar, porque en realidad es precioso.
Salimos a un pueblito minusculo, que imaginamos que estarán hartos de ese paso de camiones que ataja por esa pista forestal para no dar la vuelta por la carretera. Pronto llegamos a Cazma, que nos devuelve a la ruta hacia Zagreb. Paramos para comer algo, tenemos hambre, pero en 20km llegamos a la estación de tren y tenemos dos horas más hasta que salga el nuestro. Comemos un melocotón y unos cacahuetes en una placita donde hay un monumentos a soldados fallecidos en el conflicto. Del 1991 a 1995. El mayor con 39 años. La herida es muy reciente. Nos recuerda a nuestros días en Ucrania donde cada pueblo tenía estos mismos homenajes. Qué sinsentido tanta guerra que no llena más que los bolsillos de unos pocos con el sufrimiento de unos muchos.
El último tramo es con más tráfico, paisaje más llano y con la sensación de acercarnos a una gran ciudad. Cuando llegamos a Ivanic Grad compramos un refresco y nos sentamos en una estación de tren pequeña, con dibujos de hinchas del Dínamo de Zagreb. Mostramos el billete al jefe de estación y nos dice que sale uno en 20 minutos que no tenemos que esperar hasta las 18:00, así que genial por un lado, pero nos sacamos la comida para no tener todo desplegado. Subimos al tren que ya está esperando. Pensamos que saldrá pronto y que no tendremos tiempo de comer, pero sale con 40 minutos de retraso y al final nos quedamos sin comer nada. Da gusto ver la facilidad para poder subir bicis con alforjas, colocarlas en un sitio que tiene para sujetarlas y poder viajar en tren. En España es bastante difícil encontrar regionales donde hacer eso.
A las 17:00 el tren comienza a ir más despacio, llegamos a Glavni Kolovdor, la estación central. Vagones de tren pintados, paredes con grafitis, decenas de vías, es grande y se respira una gran ciudad. Hay una mezcla entre trenes modernos y algunos que tienen más de 50 años, donde las ventanas no cierran, tiene pinta de hacer mucho calor, parecidos a los que tomamos en Uzbekistán. Antes de salir de la estación de tren miramos los horarios para el día que haya que irnos de Zagreb, cuanto más caos urbano evitemos, mejor. Antes de buscar nuestra casa, queremos ir a una tienda de bicis para saber si nos la pueden arreglar. La primera impresión es una ciudad monumental, ya más alejados de la influencia balcánica y mirando más hacia Austrohungría. En todo momento vemos pasar tranvías azules modernos que son una constante en los dos días de descanso. Avenidas grandes con edificios bonitos. Hemos tenido suerte porque hemos hecho una evolución desde Chisinau y poco a poco las ciudades son más bonitas.
La tienda de bicis nos dice que tienen hueco para el día siguiente y ya con un médico para ponerlas en orden, nos quedamos más tranquilos. Nuestra casa está en un barrio alejado del centro y por la ruta que nos marca google maps nos tememos que tendremos subida ya que no hay calles transversales, solo en una dirección y al fondo una curva que las une todas. Efectivamente una subida de dos kilómetros que después de 84km, un parón en el tren y siendo ya las 18:00 de la tarde apetecen poco. Pero llegamos a una casa cerca de un parque, de un cementerio de proporciones exageradas, el Mirogoj con más de 60.000 tumbas. Nos espera Ivana, la casera, una chica super maja, atenta a todo y que encima nos hace el favor de lavarnos la ropa. Lo primero que hacemos es ir a comprar, a 700m hay un supermercado grande. Compramos para las cenas y los desayunos de los tres días, pero regresar con toda la compra y esas cuestas es el remate final. En casa desplegamos tienda de campaña, lonas, limpiamos las bicis, nos duchamos y nos hacemos unas hamburguesas enormes para concluir un día largo y muy cansado. Zagreb será otra crónica.