81KM 590+
El sol sale por donde vimos la luna salir el día anterior. Los gallos ya llevan rato marcando territorio y las campanas de las 6:05, horario curioso, nos despiertan antes de nuestra alarma. Ponemos la cubierta de la tienda de campaña y las lonas en la portería de fútbol para ver si se secan algo antes de recogerlas, pero hay unas nubes que no dejan al sol radiar lo suficiente y nos toca guardar cosas mojadas. Salimos por el lateral del campo de fútbol a un pueblo donde la única persona en marcha es el panadero que ya está pitando por las callejas.
Para calentar tenemos un puerto de tres kilómetros suave. De nuevo nos espera una etapa tranquila, por zona rural que disfrutas de comienzo a fin. Si encima las subidas se dejan disfrutar aún mejor. Eso sí, la rueda de tractor se nota y se agarra al asfalto como si hubieran echado la brea en ese momento. En quince minutos ya estamos empapados de sudor, lo bueno es que hace buena temperatura. A mitad de subida a Shei le entra un retortijón y le digo que aguante por lo menos hasta el alto, que si no luego sigue quedando subida después de la parada. Desde el alto tenemos una bajada suave hasta Pleternica. Ahí es donde íbamos a dormir inicialmente y nos alegramos de la peregrinación porque nos ha regalado una acampada en un campo de fútbol buenísima. En la entrada hay una panadería y nos desayunamos dos trozos de pizza y un bollo de chocolate, super dieta ciclista. La panadera es de Albania y se alegra al escuchar que hemos pasado por su país, hace ya 16 meses…
Antes de salir de Pleternica nos acercamos a la iglesia de Nuestra señora de las lágrimas. Es el día más importante de las misas que llevan haciendo una semana. Siento curiosidad por ver como lo viven y frente a un escenario con altar hay cientos de personas con sillas escuchando al cura. El poco rato que estamos no paran de repetir la misma frase y el público respondiendo al unísono. Hace dos días en Vukovar había 100.000 personas repitiendo canciones patrióticas al borde del aborregamiento y aquí, en mi opinión claro, pasa algo parecido. Son perfiles muy diferentes, pero algo moviliza a miles de personas para repetir consignas sin reflexión. Es probable que tanto unos como otros miren por encima del hombro a otras personas y si se vieran desde nuestros ojos quizá no les gustaría lo que ven. No sé como se llama en psicología, pero ese pensamiento que convierte a miles de personas en una masa y no en miles de personas, es lo que empuja al mundo a ser lo que es, un lugar inseguro y sin tolerancia. Si el día de Vukovar unos niños de Serbia llevaran la camiseta de su selección de fútbol, sin intención, desde la inocencia de un niño que admira a su equipo, es probable que surgiera un conflicto. Esos mismos niños ante una persona que acude a ese concierto, en otro lugar del mundo, es probable que no serían observados desde el mismo prisma ideológico. Es un tema complejo que da para mucho debate, pero a mi es lo que me surge al ver ambos eventos.
En nuestro caso, le damos un cariz cómico al asunto y entrego mi rueda que me ha acompañado cinco continentes, 13.500km a San Caucho, merecido descanso. La dejo en el cubo de la basura cansada de rodar, sin fuerzas ya moribunda. Gracias por los servicios. Seguimos etapa y ya hace calor, de momento es una ascensión tranquila. Pronto a los 28km paramos en Pozega para comprar algo para comer en la etapa y un refresco que ya el cuerpo pide refrigerar. No están siendo etapas muy calurosas, pero se agradecen las sombras y las bebidas con hielos. Pozega tiene pinta de ser bonito, de tener un buen centro histórico. Todas las terrazas están llenas, pero hay que lanzar la etapa y salimos en busca de comer asfalto. En 3km dejamos la principal y nos metemos por una secundaria que nos devuelve la paz de los campos de cereal y girasoles. Siempre subiendo poco a poco. Los pueblos se suceden uno detrás de otro, sin aire entre uno y otro. Se tacha un nombre y encima aparece el siguiente. Da la sensación de que hace unos años eran pueblos muy distantes y comenzaron a colonizar terreno y la batalla termina cuando la última casa toca con la primera del otro pueblo. Vecinos que pertenecen a pueblos diferentes.
Ahora sí le damos un pequeño empujón a la etapa y hacemos 40km del tirón. Gozamos el paisaje, los pequeños pueblos con sus graneros y tractores viejos. Saludamos a los paisanos que nos devuelven el saludo con alegría. Una pequeña subida para culminar este tramo y una bajada hasta Dragovic donde se desvía el camino. Algo curioso es que muchas casas parecen inacabadas, todas están con el ladrillo y los chorretones de cemento, pero dentro están perfectamente amuebladas y gente viviendo, si hubiera sido una pensaría que le queda terminarla, pero siendo cientos, creo que es algo normal en esta zona de Croacia.
Nos refugiamos del sol a la sombra de la iglesia, si no quedasen 16km para acabar la etapa, sería un buen lugar. Comemos un par de sándwiches, un café soluble frío y el cuerpo pide echarse una siesta tremenda, pero es mejor acabar la etapa y descansar más rato. Para comenzar tras la comida tenemos una subida de 2km. Es un camino estrecho entre árboles y a ratos de gravilla. Evitar la carretera nos regala un rato por pueblitos y a cada uno encontramos un rincón donde acampar. La bici te regala estas cosas, si viajáramos en autobús jamás nos habríamos metido por estos caminos y nos habríamos perdido esa Croacia rural. Salimos a la carretera y aunque queda poco para terminar etapa, como el pueblo que hemos elegido es minúsculo, compramos un refresco y nos lo bebemos casi de trago. Dejamos el desvío hacia Daruvar y nos metemos hacia una secundaria. El primer pueblo es Gronji Sredani, la idea es acampar en el siguiente, pero en la curva vemos una iglesia y una escuela. Preguntamos en la casa de en frente y salen dos ancianos y su nieta. No hablan nada de inglés, por suerte hay señal y usamos el traductor. No les parece seguro que acampemos en esa zona y nos dicen que lo hagamos en su parcela, además nos ofrecen ducha y un café. Así que montamos la tienda de campaña debajo de sus ventanas y nos dan paso a la ducha. Están super atentas, sobre todo la abuela y la nieta. Se llaman Ruzenka, Bartol y Nathea. Tomamos café contándoles el proyecto y preguntándoles cosas de su vida. Ya no tienen animales y tierras, están cansados. Al rato salimos afuera para escribir la etapa y editar el vídeo. Bajo un árbol, con el tractor en el garaje, pilas de leña para el invierno por todo y el sonido de las gallinas de fondo. Vienen a preguntarnos si necesitamos algo, pero tienen ganas de charlas más con nosotros, así que con el traductor vamos contando cosas y preguntando otras. El tema Serbia y la guerra que hubo hace sólo 30 años sigue levantando ampollas. Uno viaja por estos países sin ser consciente de que quizá la convivencia no es tan buena. “No creo que vayan a pedir perdón por todo el sufrimiento que causaron”. Si que nos da la sensación de que la guerra de los Balcanes fue Serbia contra todos y que no se llevan muy bien con ellos nadie de sus vecinos. La conversación hace que se nos haga de noche. Nos cocinamos un par de latas de alubias con arroz y cenamos a las 21:30, de noche y con nuestros anfitriones en la cama y el vecino dándole a la desbrozadora a esas horas. Me dan ganas de ir y decirle si le parece normal, pero vete a saber, si es capaz de tocar las narices a medio pueblo a esas horas… ya suelen decir, pueblo pequeño, infierno grande.
Hacemos las tareas, recogemos todo y nos metemos a la tienda con la banda sonora del vecino y de unos chavales en la escuela hablando para todo el pueblo.