83KM 215+
La falta de inspiración hace que la última noche en Belgrado esté escribiendo hasta tarde el 16º artículo del viaje. Cuando me acuesto me quedan menos de seis horas para despertarme. Han vuelto a volar los días de descanso, por lo menos hemos conocido la ciudad y he cumplido con parte de mi responsabilidad. Nos levantamos con pereza y recogemos todo, hemos decidido no desayunar en la habitación y hacerlo en un supermercado casi saliendo de la ciudad. Antes de irnos queremos hacernos una foto en una calle peatonal que lleva a la plaza de la República. El lugar no tiene mucho interés, pero tiene un valor sentimental importante. Hace diez años, en ese punto, Gus, un fotógrafo mexicano me hacía una fotografía en un día de lluvia. Mi reflejo y yo en un proyecto solidario en bici, aquella vez por los refugiados. Lo que no sabía es que aquella iniciativa terminaría siendo la semilla de Y os lo cuento, que después de dar voz a los refugiados y recaudar dinero para ellos, iba a recorrer medio mundo construyendo infraestructuras en lugares vulnerables. El mismo punto, la misma persona, la pregunta es ¿me imaginaría yo el rumbo de mi vida, soy mejor persona que entonces, he enfocado mi vida hacia donde quería enfocarla? Hay tantas bifurcaciones, elecciones, oportunidades que nunca sabemos la de universos paralelos que hay sobre nosotros mismos. Por lo menos espero estar camino de mi mejor versión.
Después de la foto enfilamos la salida de Belgrado, un túnel nos enfoca hacia uno de los puentes que cruza el río Sava. En su paso por Belgrado es enorme. Casualmente ese puente lo cruce hace diez años caminando y fuimos a sacar fotos a refugiados que estaban durmiendo debajo. Por aquel entonces la ciudad estaba desbordada, había refugiados por todos los parques, cada mañana llegaban autobuses desde Bulgaria, Grecia, Macedonia… Hoy no queda nada de aquello, pero siguen habiendo refugiados en busca de asilo, pero no se les ve.
Nos cuesta un buen rato salir de la ciudad, paramos en un supermercado y tiene un buen sitio la sombra para desayunar tranquilos. Yogur con cereales y frutas. A ver si bajamos algo de peso, que desde que hemos llegado a Europa no paramos de engordar, a este paso volvemos más gordos de lo que salimos. Yo creo que al comienzo, entre que la alimentación varió y bajo algo y que pasamos de no hacer bici a casi todos los días, el cuerpo quemaba mucho. Después de África, creo que el cuerpo se acostumbro a hacer bici casi siempre y a poco que comiéramos peor de lo normal, hemos subido de peso. Miedo me da el día que lleguemos, habrá que comer hojas de lechuga y conformarnos con oler la comida.
Entre una cosa y otra, se nos hace tarde y estamos a las 11 de la mañana con 11km, nos quedan más de 70 para llegar a donde nos hemos marcado. Hoy de nuevo hace calor, aunque lo prefiero a las lluvias mil veces. Justo esta noche ha ocurrido el desbordamiento del río con barro en Nepal y las imágenes son terribles. Uno en su casa ve llover y está en su casa pensando que está a salvo y de repente ocurre eso, no hay nada que hacer. Salimos de la ciudad, pero vamos por la 100 hacia Stara Pazova. Nada de arcén y de nuevo mucho tráfico. Cómo echamos de menos las carreteras vacías de Bolivia por los bloqueos. Ganas de llegar a los Dolomitas y los Alpes, queremos pensar que allí a parte de un paisaje alucinante, tendremos paz en ese aspecto.
Hacemos 23km por una carretera llana, de vez en cuando arboledas que nos cobijan del sol, mucho pueblo que se extiende a lo largo y mucho campo de cereal. Llegamos con ganas a Stara Pazova y nos compramos un refresco para bajar calor. Cuando estamos a punto de irnos aparece una chica que nos pregunta nuestro rumbo. Ella trabaja investigando en Oxford. Después de contarle nos da la enhorabuena, se lleva nuestro contacto y dice que son necesarias más personas así que inspiren a la gente, porque nadie hace nada por los demás y sobre todo, nadie se plantea que haya que hacer nada por los demás. La dejamos caminando por la acera camino de su casa, la saludamos desde la carretera y afrontamos otros 25km hacia Ruma.
Ahora no hay ni árboles que nos den cobijo, las llanuras de cereal cosechado suman calor a la vista. Hoy bebemos más que otros días, pero el agua está como el té. En días como estos hay que ponerse en modo hidratación. Una etapa de nuevo aburrida en ese aspecto, pero nos acordamos de la suerte que tuvimos con los días del Danubio. Llegamos a Ruma, una ciudad algo fea, industrial. Es hora ya de comer algo y preferimos meter combustible a esperar a terminar la etapa. Son casi las 15:00. En un parque seco por el calor nos sentamos en un banco a la sombra. Están cotizados y muchos de ellos por vagabundos que están bebiendo alcohol. Comemos unos sándwiches, descansamos un poco y nos mentalizamos a hacer los últimos 25km con este calor. No hay mucho desnivel y lo poco que había que subir ya lo hemos hecho. Ahora rodamos algo más ligeros, pero con el mismo paisaje. Son etapas intranscendentes. Pensamos en ello, es imposible tener siempre grandes escenarios, toca afrontar etapas de transición para valorar lo bonito.
Cuando estamos llegando a Sremska Mitrovika, antes de entrar hay un parque de bomberos. Están lavando los camiones. Probamos suerte a preguntarles si es posible acampar en su parcela. Directamente dicen que no, bastante sosos, “es un edificio de gobierno”. En donde trabajo también lo es y he alojado a varios cicloviajeros en cuatro de los parques que he trabajado. Así que vamos a la ciudad, compramos algo para cenar en un supermercado y continuamos con el plan inicial. Cuando preparé el viaje, vi que había zona de árboles al lado del río Sava. Vamos con la bici hasta allí y hay unas playas con mucha gente bañándose. Poco más adelante, hay varias casas de veraneo y barcas atracadas en la orilla. En la primera hay una señora mayor, su hija y sus nietas. Les preguntamos si podemos acampar delante de su casa y tardan medio segundo en decirnos que sí. ¡Vaya suerte! Dejamos todo ahí, nos vamos al río, nos damos un baño, bajamos temperatura y encima hay duchas, de agua fría, pero duchas. Regresamos rejuvenecidos. Sacamos las sillas con vistas al río y comenzamos a hacer tareas, se ha hecho tarde. Jansa, la abuela nos trae sandía y bollos y encima nos ofrece ir al baño. No desaprovechamos ni una ni otra. Así que la última noche en Serbia es plácida. Las acampadas en este país han sido un lujo y han dejado el listón muy alto.