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ETAPA 260 GOLUBAC-UDOVICE

76km 615+

A las 6:30 suena el despertador, damos vueltas hasta las 7:00, en realidad en nuestro cuerpo son las 8:00, desde que llegamos a Europa estamos en una hora más y ya nos hemos olvidado de esos madrugones de África y Sudamérica. Necesitamos acostumbrar el cuerpo a madrugar algo más para cuando lleguemos a Dolomitas y Alpes donde las etapas serán más duras. Desayunamos con calma en nuestro apartamento. Ahora firmo por encontrar lugares así a este precio el resto del viaje. Nos lo tomamos con calma y a las 8:30  arranca la etapa.

Salimos a una carretera en obras, uno de los carriles está cortado y toca ir pegado al arcén porque los coche esquivan los pivotes que hay en el medio. Nos metemos por una secundaria para salir de la 34 y disfrutamos de un buen rato de pueblitos que parecen congelados en el tiempo. Hasta los tractores tienen más de 60 años. El sol ha salido y los los agricultores sacan sus máquinas del cobertizo para ir a labrar. Nos saludan con entusiasmo, pocos ciclistas extranjeros verán por esas carreteras. Los girasoles ya casi desfallecidos, los campos secos y maíz por cosechar es la mayoría del paisaje. Pronto hemos dejado el precioso Danubio encajonado y nos adentramos por un día hacia el interior.

Es domingo y quizá influya en que vamos algo más tranquilos. En Srednjevo nos metemos de nuevo por una carretera secundaria. Toca algo de subida entre campos, por suerte hoy está nublado. Hay una cosa que ha ocurrido varias veces en el viaje, después de varios días de solazo agotador, Sheila tiene un gorro de Dora la exploradora que se pone por encima del casco. Con el viento se le vuela y llega el día que lo cose al casco. Ley de Murphy que al día siguiente se nubla. Hoy no ha sido menos. Así que todo el día encapotados y acostumbrados a estos calores, casi hasta hace frío. Lo que no sabemos es si nos lloverá, a ratos da todas las señales de que sí.

Después de varias subidas, estamos en el km29 de etapa y a 15 tenemos una ciudad grande: Pozarevac, pero Shei tiene cuerpo de café y parar un poco. “¿Hacemos un esfuerzo y seguimos?”, “Para anda”. Justo aparece un pueblito: Beranji, casi como mi apellido, Bernago, es una señal. Hay una pizarra con los precios de las cosas en un lado de la carretera, seguro que ahí podemos parar. Una silla con dos sandias, muchas flores y cuatro locales tomando algo en un porche. Al lado dos ventanas, es la Pekara del pueblo. Todos nos saludan con alegría. Hacen Burek de queso y de carne y tienen café turco, así que perfecto. Nadie habla inglés, pero con el traductor les explicamos de donde somos y qué estamos haciendo. Silvana, una chica joven, alucina. Les explica al resto lo que estamos haciendo. Nos saca dos burek que están riquísimos, sobre todo el de carne, dos cafés y una limonada casera que nos refresca mucho. Nos relajamos un buen rato y nos hacemos fotos para guardar el recuerdo. Cuando vamos a pagar, no nos deja. Lo gracioso es que Sheila pregunta en castellano “¿pero por qué?” y Silvana dice: “porque sí”, nos reímos y le agradecemos, Hvala, su regalo. Esa parada tenía que ocurrir, es un momento de esos que recuerdas y pasamos un buen rato. La realidad es que es el tipo de lugares donde te gustaría pasar la noche y saber el idioma.

Seguimos etapa, ahora algo de bajada hasta la carretera principal, que por suerte, esquivamos algo por las obras, ya que nos metemos por el carril cortado y vamos solos. Nos desviamos por una secundaria con una buena subida y desde el alto vemos toda la ciudad, es bastante grande. Cruzamos un centro saturado de tráfico y tiendas. Estética de antigua Yugoslavia en alguna esquina y no vamos a darle mucho tiempo. Queremos comprar verduras y pan para la noche, hay un supermercado a la salida, pero vemos un puesto de fruta y verdura que es una maravilla y es un negocio local. Nada más bajarnos de la bici a Shei le da un bajón, un apretón y se va corriendo a la gasolinera para darlo todo. Cuando regresa, compro verdura y fruta, en el poco rato que estoy, no para de entrar gente. Madre e hijo, los dos han vivido en Italia y nos lanzan un grace enorme con una sonrisa. Nos sentamos a comernos un cuarto de sandía, descansamos un poco y nos lanzamos a por los últimos 30km.

Nos quedan 20km de llano, muchos por una autovía que nos lleva en tensión todo el rato y de la que no hay escapatoria, ya que hay un puente y las secundarias no lo cruzan. Hasta que por fin salimos dirección Smederevo. Ahí ya descansamos algo y nos desviamos hacia Belgrado. Dejamos esa ciudad a los pies del Danubio y hacemos otra pequeña subida que circunvala la ciudad. Tenía un lugar marcado en el mapa donde he visto una gran campa al lado de la iglesia, vamos a jugárnosla. Así que entramos por callejas de un pueblito y seguimos la señal de iglesia que hay en mitad. El lugar es una especie de parque donde pasa casi todo el pueblo, ahí vive el cura y al preguntarle no duda ni un segundo, un sí rotundo, nos deja acampar detrás de la iglesia. Escogemos una especie de escenario que tiene techo y cemento, para las humedades mejor. Pasamos el resto de la tarde ahí, primero llenamos la bolsa de ducha para que se caliente con el sol que queda, buscamos un lugar discreto donde poder ducharnos, pero al lado hay un campo de fútbol y por este parque pasa mucha gente. Por suerte hay una especie de hileras de frutales y en una de ellas ponemos la bolsa y nos aseamos sin ser vistos. En cuanto empieza a oscurecen montamos la tienda de campaña, nos hacemos la cena y nos vamos pronto a dormir, que por la razón que sea los dos estamos muy cansados, creo que estamos incubando algo. 

 

 
 
 
 
 
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Una publicación compartida de Y OS LO CUENTO/RUMBOS OLVIDADOS (@yoslocuento)

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