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ETAPA 255 ROSIORI-CARACAL

60KM 170+

Última noche en Bucarest, la verdad que hemos dormido muy bien las tres. La hora de salida la hemos negociado a las 12:00, parece que hay un mundo, pero entre que te levantas con calma, haces el desayuno, comes tranquilo, miras un poco la etapa, preparas las maletas y poco más, ya son las 11:30 y nos vemos haciendo malabarismos para bajar todo por el ascensor. Es de esos viejos que tiene puertas que se pliegan, así que mi bici la bajo por las escaleras, porque con la de Shei casi no se cerraban las puertas. Preparamos todo a la sombra de los árboles. Ya estamos de nuevo en marcha. La bici tiene ese encuentro en que ansías llegar a los días de descanso, pero cuando regresas a la bici te produce una paz y una alegría inmensas.

Es domingo, recorremos la ciudad con poco tráfico, ya que algunas calles están cerradas sólo para peatones, incluso nosotros tenemos que bajarnos de la bici. Recorremos la calle Victoria, quizá la más bonita de Bucarest con la bici en la mano, nos hacemos alguna foto que otra y pasa un grupo de madrileños, señalan nuestras bicis dicen algo y les respondemos en español. Para estar a 3.000km de casa, ser de su país, nos dan poca bola y siguen su camino. Nosotros vamos de nuevo al Monstruo de parlamento que construyó Ceausescu para hacernos la foto de despedida, ahora el sol nos da de cara y aunque es enorme y feo, es bastante simbólico de la ciudad. De ahí hacemos tiempo en uno de los parques tomando un café y escuchando a un chaval tocar la guitarra increíble, no puedo evitar echarle algo de pasta, nos ha dado un buen concierto de guitarra de conservatorio.

Desde el parque toca ir a la estación, ya son las 14:00, queremos llegar con tiempo para no estresarnos para subir al tren. A falta de media hora ponen nuestro andén, ya está el tren y nos dejan subir tranquilamente, ha sido fácil. Para ser la estación central no es muy grande y es sencillo acceder a los andenes. En algunas que hemos estado, entre ascensores y túneles suele ser algo lioso. Al tren sube gente de apariencia campesina, pocos turistas, Nuestro tren va hasta Rosiori Nord. Como ya conté el otro día, era el único que llevaba bicis en todo el día y porque fui muy persistente, si es por la de la taquilla nos quedamos en tierra.

A las 14:55 en tren da ese golpe que va directo a la cervical, desencaja la máquina y arranca para salir de la estación. El tren tiene dos vagones y nuestras bicis las tenemos a la vista, no molestan y ha sido fácil meterlas al tren. Comemos un sándwich que ya traíamos de casa y un poco de fruta. Mi idea es leer, pero a la primera página se me cierran los ojos. Nos alejamos de las montañas, estamos casi al nivel del mar y de nuevo llegamos a inmensas llanuras de campos cosechados. Ojalá me equivoque, pero me temo que hasta Eslovenia ya no volvemos a ver montañas, eso sí, luego nos vamos a hartar. Las dos horas pasan rápido y pronto llegamos a Rosiori, bajamos las bicis al andén, que esta vez si que está abajo y cuesta bajar esos escalones con 60kg de bici. La estación es algo vieja y la mayoría de las personas que hay esperando son personas con pieles curtidas, fumando y sin algún diente que otro, nos indican la salida al fondo de la estación, ya que todo son escaleras. Vemos varios coches y suponemos que habrán llegado por un camino. Acertamos y salimos de Rosiori a la carretera que nos lleva a Caracal.

Son las 17:15, como poco queremos llegar a Caracal para que los próximos dos días hasta Drobeta no sean muy largos. Tenemos 53km y es tarde, si no le damos caña, se hará de noche. Por suerte no hace viento y el perfil es medio favorable. Nos ponemos las pilas y rodamos del tirón toda la distancia. Quizá sea el día con menso tráfico desde que entramos en Moldavia a finales de julio. Se agradece quitar ese zumbido constante y rodar más relajado. El sol lo tenemos en contra y poco a poco va alargando nuestra sombra, hay que darle. Sorprendentemente hacemos una media de 22km/h y llegamos a un pueblo industrial y algo humilde. Hay un Lidl abierto para comprar algo de agua, un refresco y un poco de cena. Me acerco a preguntar a dos hombres que hay cuidando a sus hijos en el parque debajo de su casa y me dicen que este lugar no es seguro, que el no acamparía a las afueras. Siempre te entra la duda, pero son más de las 20:00 de la noche y ya no tenemos margen, no queda otra que morir al palo y buscar un sitio para dormir seguro. Lo más barato que encontramos es un lugar de eventos que tiene habitaciones y que cuesta 38€, no es super caro, pero no contábamos con ese gasto extra. Para colmo, el dueño viene media hora tarde y mientras esperamos nos acribillan los mosquitos en el atardecer. Nos instalamos, hacemos la tarea y a la cama, hoy si que tendremos la sensación de empalmar una etapa con otra. 

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