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ETAPA 250 SALCIOARA-ADJUD

76KM 1025+

Descansamos en el hotel de Oneta bastante, la idea es salir pronto porque el calor nos está afectando y llegamos consumidos. A las 6:30 nos despertamos y vamos a donde dejamos las bicis el día anterior para coger los vasos y algo para poner en el pan, pero la puerta del restaurante está cerrada. Nos comentó el día anterior que vendría a las 8:00, pero no que cerraría las puertas donde tenemos las bicis. Así que nos toca hacer una hora y media de tiempo. Ni hemos dormido hasta las 7:30 ni salimos pronto. A las 8:00 aparecen y montamos las bicis. Con lo que a las 8:30 comenzamos ya con bastante calor. En días como estos, lo ideal es salir a las 7:00, hace buena temperatura, hay buena visibilidad, lago menos de tráfico.

Marcamos Barlad a 18km para parar a desayunar y desde ahí se desvía por una secundaria hacia Adjud. Esos 18km se hacen eternos. El tráfico de camiones es enorme, hay poco arcén y no tienen paciencia. Vmos por un paisaje absolutamente llano, de campos de girasol, de pueblecitos rurales y con el sol a nuestra izquierda. Es la carretera que baja a Bucarest y deseamos que al desviarnos todo cambie. Entramos en Barlad, que es más grande de lo esperado, con varias zonas comerciales. Paramos al final de pueblo, para sentir que arrancas y la etapa comienza y no tienes que cruzarte una ciudad entera. Nos sentamos a la sombra en la entrada a un supermercado, comemos bollería, zumo y café. Nos sorprende el poco caso que nos hace la gente. En Sudamérica varias personas habrían saludado, otros preguntarían de donde somos, otros que hacemos, pero dirían algo. Desde que aterrizamos en Europa, pocos saludan y mucho menos se interesan. Es verdad que nosotros llevamos viajando en bici muchos años y que nos vamos a fijar en un cicloviajero estemos donde estemos, pero creo que el saludo sería lo mínimo que le daría.

Llenamos el estómago con un poco de marranería y desde ahí comienza el bloque central de la etapa, 45km con siete subidas y 1000+. No van a ser muy exigentes, pero el calor y el nulo descanso entre ellas es lo que añade el factor de dificultad. Nada más salir de Barlad entramos por una carretera que tiene algo más de árboles, más estrecha y rural, pero hay bastante más tráfico del esperado. Vamos subiendo por campos cosechados de cereal con lo que la sensación de calor es aún mayor. La primera subida se hace muy larga y nos informa que no va a ser fácil la etapa. Desde el alto vemos un horizonte de pequeñas ondulaciones de campos roturados, por cosechar o llanura. Pero nada de árboles. Un cielo plomizo, algo nublado, con un sol casi vertical. La sola imagen ya te aplatana. “Pensaba que cruzar los Cárpatos iba a tener otro paisaje”. Son unas cordilleras increíbles, y seguro que las del norte son preciosas, pero las orientales y en su aproximación, algo decepcionantes. Vamos a pedalear por una Castilla León en pleno agosto, para hacerse a la idea.

Nos marcamos hacer cuatro subidas, descansar y afrontar las otras tres. Sinceramente, se nos atragantan todas y vamos descontando una a una. En la segunda, tengo que mirar varias veces el mapa porque se me está haciendo muy larga. Shei con el calor no funciona muy bien y si encima hay subida que no le permite sacar el botellín con seguridad, llega a los altos con la cara roja y con ganas de limpiarse el sudor que le chorrea por la cara. Paramos un poquito en cada alto y nos lanzamos al frescor de la bajada que nos aporta el viento. De 6km/h a 40km/h. Vamos conquistando lomas. Algunas ves la bajada y una carretera que sube por la de en frente que te mina un poco la moral porque ya sabes lo que te espera.

En la cuarta subida, justo en el alto hay una tiendecita con sombra. De ella salen varios paisanos, con su gorro típico, la camisa de manga corta, pantalón de tela y sacos. Bajan caminando y al cruzarse con Sheila la miran con cara de no comprenderla. Refrescamos un poco, comemos algo de fruta y bajamos pulsaciones. Con el calor no entra muy bien la comida, pero hay que forzar, porque si a la dureza le sumamos una pájara es un problema. Desde ahí quedan las tres subidas más largas del día. La primera la afrontamos con la frescura del descanso y la hacemos relativamente bien. Hay menos tráfico, pero casi nada de árboles, el sol nos golpea de lleno. La segunda es la más dura, duran entre tres y cuatro kilómetros cada una, no son largas, pero con rampas del 8% en la segunda, cuesta llegar hasta el alto. Espero a Shei entre campos de girasoles. Algún día investigaré el capítulo del aceite de girasol, las pipas, las flores, hoy me quedo con que casi todos los campos ya son de girasoles maduros, cabizbajos, sin pétalos, la imagen es algo triste, acorde con el cansancio. La espero en el borde de la carretera, mirándola entre plantas de girasol. Llevamos seis subidas, un poco de frutos secos, mojamos cabeza, hidratamos garganta y a por los 4km de la subida final. Quizá la más fácil de las tres, pero el cansancio se nota.

Buena bajada y ya son casi las tres de la tarde, nos metemos en Lespezi, un pueblito que tiene una gasolinera con sombra. Nos sentamos en el suelo, compramos un refresco y comemos pan con jamón, queso y huevo. La chica de la gasolinera sale, habla español, ha vivido en Guadalajara. “mi jefe os ha visto por las cámaras, ¿podéis moveros allí?” Miramos a un lugar donde el sol da castigador, ni una sombra. Le miramos con cara de “¿en serio?”, “dile a ti jefe que ya nos lo has dicho, si viene ya negociaremos con él”. No vamos a comer a pleno sol porque un tontolín desde su casa esté amargado. Así que seguimos tranquilamente, de hecho tomamos un café y un helado, nos despedimos de la chica y el jefe por su puesto ni se ha dignado en aparecer.

Tenemos 12km hasta Adjud, llanos, alimentados y sabiendo que acaba etapa, vamos bien. Cruzamos el río Siret, que dan ganas de bajar a darse un remojón, pasamos Adjud viejo y enfilamos una carretera donde hay varias fábricas hasta las afueras de Adjud donde hay un alojamiento. Es super caro a pesar de estar apartadísimo, 60€ la noche, lo increíble es que la chica nos avisa, ahí hay un salón de fiestas y no apagan la música hasta mañana, yo no dormiría aquí. Me quito el sombrero. Así que vamos hacia el centro de la ciudad. Se ven varias iglesias que sobre salen, las casas no son muy altas. Casas algo viejas y vemos un hospedaje con poca presencia, no pone ni nombre, sólo una puerta con la palabra recepción encima. Preguntamos y nos pide 76€ por dos noches, está mucho mejor, pero sigue siendo alto para nuestro presupuesto, le digo si puede bajar a 70€, dice que no y salgo para ver si hay más sitios. Shei pregunta en una clínica dental, la chica llama a un hotel y es mucho más caro, nos tememos que tocará asumir ese precio. Cuando vamos a entrar, salen Alexandra y Ana, dos trabajadoras de la clínica, “hemos visto lo que estáis haciendo en vuestra web, queremos pagaros las dos noches”. A veces la gente te deja sin palabras. Entran en la recepción, le dicen a la señora que pagan ellas porque lo que hacemos es muy bonito. La dueña que antes no podía bajar 5€ ahora decide invitarnos a cenar, dos niñas le han sacado los colores. Charlamos un rato con ellas, nos damos contactos y acabamos la etapa. Poco más hacemos esa tarde. Bajamos para tomar una sopa que está muy rica y regresamos a tirarnos y no hacer nada. Que la etapa ha sido una buena paliza. Al día siguiente descansamos, lavamos ropa, bicis, actualizamos web y recuperamos fuerzas para ir poco a poco hasta Bucarest. 

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