75KM 510+
La noche anterior ponemos los cojines cubriendo la ventana, doblamos las cortinas para que sean dobles, ponemos la manta tapando la puerta de cristal, parece que estamos fabricando un bunker, pero lo que hacemos es tratar de quitar luz para cuando amanezca, conseguimos oscurecer el cuarto varios puntos. Descansamos bien, pero se notan los nervios, estamos a una etapa de llegar al quinto proyecto, con todo lo que ello implica. Estuve cinco años organizando este viaje, dese la idea hasta la forma. Yo ya sabía que algún día quería parar mi vida para hacer algo que cambiara un poco mi vida, pero no sabía si caería en saco roto la propuesta. “¿Y si hacemos un viaje en bici por los cinco continentes por un tiempo?”, “Vale, pero con fecha de vuelta”. Esa respuesta me dio alas y el resultado cinco años después es que sí. Más adelante contaré el proceso de planificar un viaje como este, algunos dirán que mucho, otros que poco, para nosotros ha ido todo según lo planeado, así que felices.
El día anterior llegamos y parecía imposible que en ese pequeño pueblo de un país en guerra fueran a venir más turistas, pues han llegado tres parejas más. Aquellos exploradores del siglo XIX que alcanzaban el lugar más remoto del planeta y quizá veían unas ruinas, una tribu desconocida o un lago secreto hoy en día se desesperarían, siempre hay alguien vayas donde vayas. Aprovechamos la cocina y nos hacemos unos huevos con salchichas, que placer es desayunar. Si algo aprendes a hacer en un viaje de estos es a valorar una ducha, una cama, la comida, el sol, un buen paisaje, muchas cosas, entre ellas levantarte y prepararte con calma un desayuno, poner un café en la mesa y pausar el comienzo del día. No mucho, que nos separan 75km de nuestro objetivo.
Montamos las bicis en silencio que el resto de huéspedes duerme y salimos a un pueblo en calma. Hombres con sus bicis en la mano conversando, furgonetas descargando productos en los ultramarinos, mujeres con bolsas de verduras regresando a sus casas con la comida del día. Tenemos una cuesta para comenzar y cruzar el pueblo y justo cuando llegamos al cruce donde está nuestra carretera dan las 9:00. Casualmente me había parado para grabar a Shei pasando detrás de una estatua de la virgen dentro de la rotonda, en ese momento el coche de policía cruza el coche, una familia para el suyo y salen los cuatro y se quedan de pie cada uno es su puerta, suenan campanas grabadas, la canción que se ha convertido en himno: “Plyve Kacha po Tysyni” desde 2014 y que suena cada mañana, cada funeral y un mensaje gubernamental: “Minuto de silencio para recordar a todos los que dieron la vida por la independencia, la soberanía, la integridad territorial de Ucrania, militares, civiles, adultos y niños. Memoria eterna, ¡Gloria a Ucrania!”. Escuchamos el mensaje sin entender, pero sintiendo la importancia que representa, se nos pone la piel de gallina. De repente se cierra la grabación, la gente se mete en sus coches y todo sigue igual.
Inicia la etapa por zona rural. No sabemos si es porque vamos hacia Moldavia o que no hay muchas autopistas, pero el tráfico de camiones es intenso y molesto. Nos hemos informado y Ucrania en 2008, último censo, tenía 45 millones de habitantes, entre migraciones y refugiados se calcula que han saludo 18 millones. No se sabe cuantas personas hay exactamente en las zonas ocupadas porque no se puede entrar y a ellos no les dejan salir. Tampoco cuantos desaparecidos, capturados o fallecidos. Con lo que la cifra del país actual puede ser la mitad que hace casi 20 años. La mayoría gente mayor, niños y mujeres. Nosotros vemos una aparente normalidad, pero recuperar la economía de un país con esas dificultades no es fácil. Lo peor es que la guerra no tiene visos de acabar pronto. Rusia está planeando reclutar más soldados para hacer una ofensiva peor. Mientras vamos en bici, escuchamos un podcast que rtve hizo al comienzo de la guerra, Sara Blanco narra día a día con entrevistas lo que sucede, a los 35 días habla de que se plantea un acuerdo de paz. Han pasado 1604 días del inicio y el conflicto continúa y Ucrania ha normalizado un estado de guerra.
Nos planteamos parar en Chemerivtsi a 30km, hace buena mañana, pedaleamos felices, pero uno detrás de otro, hay mucho vehículo y sin arcén. Lo bueno es que los camiones respetan, cuando no pueden adelantar se paran. Poco antes de llegar a nuestra parada en la carretera hay una hilera de ramos de flores, un grupo de personas está ahí. Son unos 50 metros de flores amarillas por mitad de la carretera, algunos coches frenan, otros pasan rápido y se las llevan, la mujer sale cada vez a colocarlas de nuevo. Les preguntamos que es. Un homenaje al héroe caído hace dos años, el traductor falla y no nos queda claro. Les hacemos una foto y seguimos hasta la gasolinera. Mientras tomamos café pasa al rato un cortejo fúnebre. Ahora entendemos, esperaban al coche con el fallecido, dos años más tarde han recuperado el cuerpo. Es algo que repetiré durante nuestra estancia en Ucrania, sin ver guerra, la vamos a vivir constantemente. La muerte está en cada esquina.
Les escribimos al orfanato, “estamos a tres horas de bici”, “no comáis nada, os esperamos a comer”. 45km para llegar. La etapa no es muy dura, algún repecho, pero el ritmo es bueno y estamos muy cerca. El paisaje es el mismo casi todo el rato, este país es el segundo mayor exportador de cereal de Europa y es a base de paisajes de cultivo. Aun y todo hay mucha zona forestal que nos hace sombra y no sientes que la economía base haya arrasado con todo como hemos visto en otros lugares. Pueblo a pueblo estamos más cerca y por fin vemos el cartel de Kamenets Podolski. Nos hacemos la foto, nos grabamos vídeo: “242 etapas, 17.330km y quince meses después hemos llegado al último proyecto”, se dice pronto y vivir un presente continuo hace perder la perspectiva de lo vivido y hecho, no seremos conscientes hasta que no acabemos y nos sentemos a contemplar el viaje con reposo. Es como el chaval que lleva entrenando toda su vida para ser campeón del mundo y de repente está en el podio, está feliz, pero no sabrá ni se sentirá campeón del mundo hasta que al día siguiente vea la foto, en ese momento es parte de la inercia y no da tiempo a reflexionar. A nosotros nos pasa igual, entramos en una ciudad adoquinada, medieval, con un castillo impresionante como ante sala. Las bicis y los empastes se nos desmontan con los adoquines y las cuestas hasta llegar al centro de la ciudad, por suerte nuestro orfanato está al comienzo, en una callejón hay una valla abierta, un silo para guardar comida pintado con abejas y motivos infantiles, es el lugar. Hago un selfie para contar que hemos llegado y en ese momento pasa un señor que se sorprende “Anda, hablas español”. Es del ayuntamiento, habla español y le han enviado para recibir a dos personas, pero no sabe a quién, le contamos y alucina. En ese momento salen Nadia y Natalia, la directora y una de las educadoras, varias empleadas, con un ramo de girasoles, nos abrazan, sonríen, hablan en ucraniano, pero nos entendemos, estamos felices. Para ellas nuestro esfuerzo y acordarnos de su centro vale oro. Llega Lili, nuestra amiga de Alas de Ucrania, que vive en Pamplona y con quienes hemos gestionado la reparación de los baños. Ella será la traductora, ha venido para darnos cobertura. Un gesto que las engrandece. Foto, alegría, foto, abrazos. Es un hecho, estamos en el quinto proyecto, ha sido fácil y difícil, ha sido todo.
Dentro del centro en la sala nos regalan un mapa de Europa con dos ciclistas y un itinerario en bici desde España hasta Ucrania, es precioso, nos regalan dos medallones que representan su centro, el nombre significa el candíl que ilumina el camino. Foto, discursos, agradecimientos. Todo es muy intenso. “Tendréis hambre después de la etapa”. Efectivamente estamos hambrientos y nos pasan a una salita. Comemos con ellas, platos caseros, con cariño, deliciosos. Lili hace de interprete y hablamos de las cosas que nos mostrarán estos días. Pero hoy es tarde de relax, nos enseñan las instalaciones, vemos a Bogdan, el albañil que está arreglando los baños, conocemos a los niños y niñas, que se nos abrazan y la tarde para nosotros. En uno de los cuartos de los niños nos dejan un lugar para nosotros. Es verano y parte de los niños regresa con sus familias. Un colchón inflable en el suelo, mesitas a la altura de los niños, lavabos y váteres minúsculos, parece que hemos entrado en una casa hobbit, ese será nuestro hogar una semana. Tenemos seis días para convivir, para contar su día a día, para cerrar la parte solidaria del Rumbos Olvidados, no queremos perdernos nada. Nos duchamos mientras los niños juegan en el patio, el cuerpo hace click, se sabe en lugar seguro y me quedo dormido. Cenamos pasta que nos han hecho con las rodillas sobresaliendo de la mesa infantil, la cuidadora, traductor mediante, nos desea buenas noches y se marcha con la luz del móvil por el pasillo. Buenas noches, ya estamos en Kamenets Podolski.