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ETAPA 239 LEÓPOLIS-BEREZHANI

98KM 905+

La noche anterior hubo dos cosas que me tuvieron despierto, la tormenta eléctrica que ruge y zarandea los árboles pegados a la casa y el partido que juega España en la final del mundial contra Argentina. Estas fuera de casa y eventos como estos tiran del tu cordón umbilical para sentirte parte de un lugar. Supongo que haberlo visto en algún local con gente expatriada habría sido más bonito. Además intuyo que la mayoría de las personas que estén en estos momentos en el país no será de vacaciones, será por motivos mucho más serios y alegrías como estas ayudan a superarlos. En mi caso lo escucho a la antigua usanza, en la tele no lo televisan, en el ordenador no hay manera de encontrar una emisión pirata en directo y lo oigo en una emisora de radio. Me siento como en la época soviética, en un bunker, con los bombardeos y escuchando un partido de fútbol que se juega en otro país lejos de la guerra. Pensaba relatar a un combatiente de la República en plena guerra civil escuchar las olimpiadas de Berlín, pero no fueron españoles, así que la imagen será de los franceses que vinieron a luchar apoyando la República en Belchite, escuchando la radio, los resultados de las olimpiadas en Berlín, como Robert Charpentier ganaba el oro en ciclismo. Ocultos en una trinchera, a la luz de una lámpara de carburo, con el tabaco de liar y una copa de vino tinto de las bodegas de alrededor.

Dejamos el romanticismo de la radio y volvemos a Leópolis, desayunamos tranquilos, Nataliia sigue dormida, no hemos querido despertarla, ya es jubilada. Cuando terminamos de comer y preparar los bocadillos de la etapa se despierta para despedirnos. Parece que nos despedimos de la tía del pueblo, todo el día haciendo conservas en el fuego de gas. A ella es probable que la veamos de nuevo, su hermana Nadia vive en Pamplona y va habitualmente.

La etapa inicialmente es de 80km hasta un pueblo que se llama Naraiv. El cielo está negro, salimos a las 9:02, dos minutos más tarde de que la ciudad se haya paralizado en homenaje a los soldados caídos. A ver si captamos esa imagen alguna de las etapas. Salir de Leópolis nos lleva 15km de carriles bicis por aceras, de ir ladeados en calles llenas de tráfico. Leópolis tiene varios sistemas de transporte, los tranvías, que algunos son de la época comunista y tienen 60 años, unos autobuses que parecen viejos y son pequeños y los grandes, lo que si es seguro, que por la guerra no han renovado flota y tiran mucho de reparación.

Por fin salimos de Leópolis y vamos por una carretera hacia Bibrka, es principal, es el mismo sentido de Ivano Frankist, lugar que miramos inicialmente para desarrollar el proyecto, pero al final el destino nos puso en Kamienets Podilski. Con la lluvia amenazando decidimos ir directos hasta Bibrka a 35km. Paramos en una gasolinera y cuando compro el café en la máquina, la chica me dice si quiero “grande”, le miro con cara de sorpresa y me dice que trabajó siete años en España, se llama Oxana y se alegra mucho, echa de menos España y su experiencia allí. Nos tomamos el café y comemos algo, ya tenemos hambre a pesar del buen desayuno que hemos hecho. Mientras estamos en la estación, Zoryana, una chica que nos ayuda, nos dice que nos ha encontrado un lugar para dormir, pero que hay que hacer 100km. Miramos el cielo y no pinta bien, pero saber que tenemos techo, ayuda a motivarse. Así que le decimos que para las 17:00 trataremos de llegar.

Ahí mismo salimos por una secundaria cruzando el pueblo. En mitad, en la plaza principal hay decenas de carteles con fotos de soldados y la bandera ucraniana. Esa es la tónica general en cada pueblo, su pequeño homenaje a los caídos. A partir de ahí la carretera está en peor estado, es rural, pero mucho más tranquila y bonita. Es sinuosa, va entre campos inmensos de cereal, girasoles, bosques, sube baja, curvas, es entretenida. Poco a poco las nubes van desapareciendo y el sol va dando calor y poniendo el cielo de azul. Los autobuses rurales son mucho más viejos, aquí si que tiran de reparaciones y renovar la flota es más costoso. En las paradas de bus encuentras a mujeres esperando con vestidos largos y pañuelo en la cabeza, muy fotogénicas, pero me da reparo pedirles una foto.

Como la etapa es larga no podemos parar mucho, ya es tarde. Tiramos hasta Naraiv, a los 80km paramos en unos bancos que hay en un monumento de mármol con imágenes serigrafiadas de cuatro soldados. Las banderas hondean en lo alto. En el rato que estamos comiendo un par de niños se acercan a curiosear, no hablan inglés, así que nos limitamos a sonrisas y gestos de esfuerzo con la bici. Ese era el lugar donde íbamos a dormir, un pueblito pequeño, casi seguro habría sido cerca de la iglesia o la escuela. Nos quedan 20km de campos de cereal ya recogido, una subida por bosque en sombra muy bonita que nos evoca lo que nos encontraremos cuando vayamos por Alpes o pirineos. Desde el alto queda la bajada por una carretera muy bacheada, casi incómoda hasta Berenzhani, un pueblito con un lago, bonito, tranquilo. Nos sorprende la amabilidad de la gente y las sonrisas que nos devuelven. Pensaba que iban a estar más taciturnos por el contexto. Allí nos espera un hotel que nos han reservado Alas de Ucrania, hoy nos han dicho que nos apoyan con el alojamiento los días que estemos en Ucrania, así que super agradecidos, porque en un proyecto tan largo que nuestros gastos salen de los ahorros, es una ayuda muy grande, además de darnos descanso en buena cama.

Nos metemos en el hotel y por la razón que sea, los dos estamos super cansados, como si el cansancio acumulado de las últimas semanas hubiera llegado de golpe. Me quedo dormido a las 20:00 sin escribir nada, sin editar y decidimos dormir bien y levantarnos pronto a trabajar. 

 

 
 
 
 
 
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Una publicación compartida de Y OS LO CUENTO/RUMBOS OLVIDADOS (@yoslocuento)

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