93KM 245+
La lluvia cesó a las 23:00 de la noche y con ella llegaron los mosquitos que no conseguimos echarlos. Ha tocado noche de palmeros y espirales. A las 4:00 de la mañana ya amanece, la claraboya sobre la cabeza no tiene persiana y la habitación se ilumina entera. Las dos horas siguientes son un duerme vela, pero sin descansar del todo. No sé como hacen en los países nórdicos donde no tienen persianas e incluso cortinas y hay días de casi veinte horas en Estocolmo u Oslo. En nuestro caso notamos mucho como los biorritmos se apagan con la luz solar. En países tropicales que oscurece a las 18:00, a las 20:00 ya no somos personas.
A las 6:30 decidimos levantarnos y aprovechar que la luz del día nos ha despertado. Desayunamos tranquilos. Por suerte de las cuatro habitaciones que tiene el apartamento están vacías y estamos solos. Tostadas de aguacate, tomate y queso con un café, como nos gustan estos comienzos de día.
Bajamos todas las cosas y Vladi nos escucha y sale a abrirnos la puerta donde están las bicis. Nos hacemos la foto con él y quedamos que nos mandará las preguntas para la entrevista. Se nota que se ha encariñado de nosotros, es recíproco y como siempre pasa, da mucha rabia no poder entendernos para darle las gracias en condiciones y poder charlar con él sobre su vida y qué cosas le mueven. Por ejemplo el día anterior nos preguntó si éramos pareja y le dijimos que llevábamos 16 años juntos, su respuesta fue que estuvo casado 30 años, pero que ahora estaba solo. No saber si era por fallecimiento, divorcio pero notar esa mirada triste por la soledad, fue un callejón de silencio repentino, “ahora tienes toda la energía de estás jóvenes colombianas y ucranianas que te llenan la casa”, no supe que decir, pero espero que le levantase el ánimo.
Nos hacemos la foto con Vladi en un día con niebla, el cielo está cubierto y de nuevo toca abrigarse. Abrazo “Dziękuję bardzo (muchas gracias en Polaco)” y él me responde con un muchas gracias acentuado, casi seguro como el mío. Empezamos la etapa con la buena energía que nos llevamos de ese lugar. La noche anterior escribimos a un hotel que hay en Parczew, desviado de la 19 y de Radzyn donde inicialmente queríamos dormir, pero el tráfico que estamos sufriendo nos pone los ojos en otro lugar del mapa y por carreteras aún más secundarias. La cuestión es que al contarles el proyecto nos dicen que podemos dormir gratis en su hotel. Felices modificamos la ruta, aunque en vez de 75km serán 86km. Vamos primero a Losice que está a 10km y aunque hemos desayunado, necesitamos pan y el cuerpo nos pide un café, así que entramos al pueblo. Cuando miras en google maps para ver donde hay supermercados no sale nada, pero hay varias tiendas, eso sí sólo un lugar donde dan café. Lo tomamos en la plaza central porque de momento no llueve. A parte de los madrugadores queda un grupo que tiene pinta que no ha vuelto a la cama y están bastante borrachos. Nos tomamos el café tranquilamente e iniciamos la etapa cruzando los dedos para que alejarnos de la 19 nos regale una etapa tranquila.
Al salir de Losice dejamos la principal y parece que funciona, aunque siguen pasando camiones. El motivo es que hay muchas granjas de pollos, animales y forraje y salen cargados, pero en poco tiempo vamos por una vía pequeña y llega la tranquilidad. Desde el primer kilómetro de Riga no hemos descansado y se agradece. En cuanto al paisaje no va a cambiar nada de lo vivido hasta la fecha, campos de cereal, ganado y bosques. Hay mucho pueblo, todos tienen sus tiendecitas y el día anterior buscando un lugar donde hacer la primera parada, no vemos nada grande donde poder parar, pero resulta que hubiéramos encontrado muchos.
La carretera tiene muchas bifurcaciones y en un par de ocasiones nos liamos, pero nada grave, el resultado final serán 7km más a final de etapa, pero con un día así no importa mucho. Lo que si pienso es que hace nada, en 2018 estaba viajando con mapa de papel y que hoy me hubiera perdido casi seguro o hubiera tenido que preguntar muchas veces. Si viajo un poco más en el tiempo, sólo quince años, no tenía teléfono y de viaje buscaba locutorios para comunicarme con Sheila, hace ocho años nada de mapas en el móvil y ahora no necesito ni gps, ni locutorios ni nada, el móvil me resuelve todo, incluso comunicarnos en pleno Tayikistán con gente que habla ruso.
A mitad de etapa paramos en uno de esos supermercados de pueblo y nos comemos los plátanos con una tableta de chocolate. En circunstancias normales nuestra dieta supondría un engorde masivo, pero andar en bici casi todos los días ayuda a mantenernos en el peso. En todos estos pueblos las casas son enormes, no sé si es la dinámica en Polonia, que esta zona es muy rica o que el precio de las casas es barato, pero tenemos un buen abanico de viviendas. Algunas son excesivas, con la de los aperos del jardín nos conformamos. Parece una vida tranquila, pero no sé si vendría a vivir aquí. Quizá con más montañas, cuando pasemos por los Cárpatos, Dolomitas o Alpes, el escenario cambiará y casi seguro que encontraremos un lugar que nos llame la atención.
Vamos por secundarios perpendiculares a varias principales y el sol comienza a calentar lo suficiente como para despejar el día y quitarnos los manguitos y el chaleco. Hacemos otros 25km adelantando tractores y muchas personas locales que se mueven en bicis de paseo desde las huertas. Lo increíble es que nadie nos devuelve el saludo. Yo no soy capaz de cruzarme con alguien en una carretera y no mirarle a la cara. Venimos de Sudamérica donde todos los días la gente nos saluda y nos anima. A falta de 20km paramos en otro de esos pueblos y de nuevo sentados a la sombra de un supermercado comemos pan con tomate y ensaladilla. Una chica llega con una super bici de carretera, equipada de arriba abajo, no habla inglés pero conseguimos explicarle que llevamos quince meses viajando, sonríe, come algo y se va de nuevo sin decir adiós. Nos reímos porque no queda otra.
El último tramo ya tenemos el sol a tope, parece más un día de julio y nos vamos acercando a Parczew, es relativamente pequeño, 10.000 habitantes, pero en la edad media era un lugar donde se decidían asuntos de gobierno. La Basílica se ve desde lejos, pero no llegamos a entrar en el pueblo. No es mala hora, pero ya tenemos ganas de acabar la etapa. El sitio que nos respondió la noche anterior está a las afueras, es el hotel Orion, mi duda es si el mensaje de “Si claro, venid que es gratis”, era literal o irónico y se nos quedará cara de tontos. En la recepción del hotel, el chico del mostrador lee el mensaje que efectivamente es el número de la encargada. Hace dos llamadas, coge una llave y nos indica nuestra habitación, otra noche donde alguien nos acoge gratis. Que suerte que tenemos. Subimos todas nuestras cosas a la habitación y nos quedamos ahí, ya que los sitios de comer cercanos están cerrados. Nos hacemos el famoso arroz con lata de alubias para salir del paso mientras vemos el partido de la selección en polaco. Mañana toca ir a Lublin con uno de los campos de concentración más severos de la 2ºGM.