Saltar al contenido

ETAPA 231 GINENAI-MARIJAMPOLE

70KM 255+

La noche anterior pensamos como hacen esos cicloviajeros que recorren países fríos y no tienen la suerte de tener este tipo de campamentos tan protegidos o hacer descansos en hoteles cada equis días. Porque con días fríos, lluviosos, húmedos, si no tienes un techo donde resguardarte, no tienes otro remedio que meterte dentro de la tienda de campaña y hacer tiempo. Por otro lado oscurece a las 23:00 y amanece a las 5:00, el cuerpo sigue activo por la luz del sol y notamos que nos faltan horas de sueño. A la inversa también nos ha ocurrido, en lugares donde a las 18:00 de la tarde ya es de noche, a las dos horas de oscurecer sientes que es más de las doce de la noche y que es muy tarde, incluso bostezas y quieres irte a la cama. Quizá sea que no somos animales nocturnos, pero en muchos viajes que hemos ido a lugares tropicales y que oscurece a las 19:00, a las 21:30 ya estamos dormidos en muchas ocasiones porque las baterías se han desconectado.

Entre una cosa y otra a las 0:00 a dormir y no ha habido noche que lo hayamos hecho antes. Toda la noche lloviendo y nosotros agradecidos a esta pareja que nos ha dado un techo. Descansamos bien, pero a las 7:30 suena el despertador y el cuerpo no pide bici. Que nos haya llovido todos los días influye mucho. El pronóstico aún nos da como poco cinco días más de lluvia, así que no queda otra que plastificarse, pero cambia mucho afrontar una etapa con un día soleado, templado, con el sonido de los pájaros o el río y no el de la lluvia repicando en los techos.

Montamos las bicis y salimos poniendo la cadena en la puerta como si estuviera puesta con candado. Es una zona residencial de nivel alto, varias casas de tamaño considerable y de diseños vanguardistas. Uno se imagina, desde la ignorancia absoluta, que estos países bálticos, repúblicas ex soviéticas tienen un nivel de vida bajo y que vamos a pedalear por escenarios anclados en el tiempo, pero nada que ver. Quizá la siguiente etapa ahonde un poco en el proceso de estos países bálticos de independencias e invasiones durante el siglo XX. La cuestión es que dado el costo de las cosas y la tasa de desempleo, el nivel de vida es bueno y pedaleamos por carreteras con carriles bici, coches de alta gama, casas de lujo, muchas grandes superficies. Por un lado uno podría pensar que es mejor, pero a la vez, todo el mundo tiene coche, casi no hay vida que se vuelque en las carreteras, no hay personas caminando, ni puestos de venta de comida o lo que sea, con lo que las etapas son anodinas. No hay fotos ni contacto humano, salvo que entres a una tienda donde pocos hablan inglés y tu vocabulario se ciñe a un hola y un gracias en el idioma local.

Por carriles bicis y protegidos con el cortavientos de las gotas de lluvia que caen de los árboles llegamos a Kaunas por el río Neris, la ciudad que llegó a ser capital en un siglo XX convulso de idas y venidas entre polacos, nazis y soviéticos. Una ciudad que sufrió las primeras matanzas del holocausto y fue bastión de resistencia contra la unión soviética con Roman Kalanta que se inmoló en 1972 y se convirtió en símbolo de resistencia. Para salir de sus dos ríos cruzamos varios puentes y sufrimos nuestra primera cuesta seria de Europa. Ya enfocados para salir de la ciudad, compramos algo de comida en un super y nos las comemos a refugio en una gasolinera.

Nos quedan 55km para terminar y de nuevo el cielo es un manto de nubes negras con ganas de mojarnos. La cuestión será ver quien gana la carrera. Para salir de Kaunas tenemos unos siete kilómetros donde pasamos no se cuantas grandes superficies para comprar en una misma recta. Poco antes en la gasolinera, sentado en la mesa veía una estantería llena de refrescos de diferentes marcas y en diferentes formatos, dentro de las neveras otros tantos y por los pasillos otros tantos. Me viene una reflexión de esas que es incuantificable y le comento a Sheila, piensa la de recipientes que hay en estos momentos en esta gasolinera, en todas las tiendas de esta ciudad, en todas las del mundo. Hemos pasado por caminos de tierra en mitad del Congo en un pueblo de casas de adobe y paja y la tiendecita del pueblo tiene botellas y bolsas de patatas. Imaginaros para llevar todos esos recipientes a cada confín del mundo, montañas de Nepal, selva de Bolivia, desierto de Jaisalmer, siempre he encontrado refrescos. Todo lo que hay en el mundo en estos momentos para ser consumido, todo lo que está en contenedores moviéndose para llevarlo en camionetas, sherpas, motos a todas esas tiendas y todo lo que se está fabricando en este mismo instante que lees este texto. Cuando uno compra una botella de refresco, sólo ve esa botella, pero si mira el pasillo de el supermercado, ve miles de botellas para ser vendidas, y si piensa en todas las tiendas que hay sólo en su ciudad, en su provincia, país, continente, mundo, asusta. Cuando haces reflexiones de este tipo vemos lo absolutamente destructivos y consumistas que somos. A veces es necesario mirar en macro para ser conscientes de que algo tenemos que cambiar, yo el primero.

Dejando el mundo capitalista aparte, la etapa tiene poca historia ya que para llegar a Marijampole tenemos que esquivar la A5 yendo por una vía de servicio paralela. Los pocos tramos que tenemos que circular por obligación por la autovía son estresantes. A veces no hay manera de evitarlas si no quieres hacer muchísimos kilómetros más. Agradecemos el rato que circulamos por la 230, que va por pueblecitos de granjas y tranquilos. A diferencia de los días anteriores casi no hemos tenido camiones pasando a un metro y que te tienen alerta toda la etapa.

A mitad de etapa incluso el sol hace acto de presencia y nos deshoja la ropa para secarnos algo, aunque sigue haciendo algo de fresco, no superamos los 15º. Los últimos kilómetros vuelven a ser una vía de servicio paralela a la autovía y con industrias, talleres, desguaces para entrar a Marijampole. A pesar de haber salido tarde, llegamos a la hora de comer y ya con la lluvia pidiendo descargar. Nos instalamos en una especie de residencia de estudiantes, compramos algo en el supermercado y nos relajamos. El cuerpo desde que salimos de San Borja el 14 de junio no ha tenido descanso y comenzamos a tener señales, herpes en los labios, alguna erupción cutánea… así que excepto el paseo para ir a comprar la cena y el desayuno nos relajamos en el hotel. La verdad es que toda la tarde escuchamos la lluvia en la claraboya y no importa mucho.

El día de descanso aprovechamos para hacer tarea de web y de proyecto. El rato que la lluvia da tregua salimos a dar un paseo por el centro. La ciudad no es muy monumental, parques, la basílica y el arte urbano, lo suficiente para desconectar. Aquí fe el despertar nacional lituano y como todos estos estados bálticos pasó por muchas manos, incluso las de Napoleón.

A la tarde regresamos, remato la web y nos relajamos viendo una peli y preparando el paso al siguiente país, Polonia, probablemente bajo la lluvia. Con ganas de ver el sol veraniego europeo. 

Wordpress Social Share Plugin powered by Ultimatelysocial