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ETAPA 228 RIGA-CERAUKSTE

81KM 275+

La mejor manera de no descansar es tener una web y saber poco de informática. Últimamente todo lo que actualizo en la web no lo leen las personas desde España. Temas de ip, vpn y más letras que no entiendo. Desde Bolivia he tenido que hablar mucho con chat gpt y sobre todo con un santo, Ismael Yagüe, un amigo que vive en Burlada que si no es por él, no tendríamos ni una web. Así que lo primero de todo agradecerle todo lo que lleva haciendo este tiempo, porque nos ha salvado muchas veces y sobre todo en la situación tan compleja que ha tenido. Isma, miles de gracias. La cosa es que una actualización me ha dejado sin web y tratar de arreglarla me ha tenido hasta las cuatro de la madrugada mirando el ordenador, Sheila con duerme vela y yo iluminado por una pantalla y dando cabezazos. Resultado tres horas de descanso para afrontar la primera etapa en Europa. País número 32 de rumbos olvidados, Letonia.

Desayunamos algo en la habitación, montamos las alforjas a cámara lenta y bajamos todo dos pisos más abajo, comienza la rutina. Lo primero que hacemos es ir a la tienda de bicis para grabar un vídeo agradeciendo su currazo y ahí sí, comienza la parte europea. Las nubes dicen que hoy nos mojaremos, la cuestión es saber cuándo. Salimos de las calles monumentales de Riga por carriles bici hasta el río Duina y lo cruzamos por uno de sus numerosos puentes. Parece que estamos en otro planeta, calles anchas, carriles bici, la mayoría de los negocios son grandes superficies o tiendas de ropa de marca, pero no el avispero de negocios callejeros, taxis, decenas de barberías en una sola calle o puestos de en cada esquina, sólo el sonido de los pájaros y el de los coches de alta gama pasando a cada instante.

Queremos evitar las grandes vías y por suerte tenemos más de 20km de carriles bicis que nos alejan de la capital del país. Quizá algún día regresemos a conocerla de verdad, lo que es seguro es que no dormiremos en el hotel Viktorija. La etapa es muy llana, no superamos los 50 metros de altitud, hace nada estábamos 4.000 metros más arriba dando bocanadas en busca de oxígeno y con dolor de cabeza. La magia de viajar. Hacemos una parada en una gasolinera para ir al baño, descansar un poco y preparar el agua de lluvia.

A los pocos kilómetros una cortina de agua viene a la velocidad del rayo, lo justo nos da tiempo a pararnos y ponernos el chubasquero. Llueve de manera intermitente y caemos en la trampa de una franja de sol que seca la carretera y nos quitamos el pantalón de plástico. Al rato la cortina de agua escondida tras un pinar nos moja enteros, ya sin remedio. El paisaje es de campos de cereal, verdes a estar alturas del verano, con casas y granjas muy bien arregladas. Todo parece tranquilo, vemos hasta un ciervo corriendo por el cereal. Nada de señales de jaguares, llamas o cocodrilos. Desde ahí el ritmo se acelera por el clima, desaparece el carril bici, no hay arcén y los camiones pasan cerca y rápido, con lo que no es un comienzo plácido como había imaginado llegando en pleno verano a Europa. Lo peor es que el pronóstico juega en nuestra contra. Mientras hay una ola de calor en otro lugar de Europa, aquí tenemos lluvia y frío.

A falta de 35km paramos en una gasolinera porque hace sol y vemos si hay manera de poder secar algo la ropa. Estamos tan motivados que utilizamos el aire a presión para secar las playeras y los calcetines, no es una secadora, pero algo nos quita. Queremos evitar lluvias y pedaleamos rápido hacia Bauskas, allí hay un Lidl donde podremos comprar algo para comer y decidir donde dormir. La idea era ir acampando estos días a las afueras de los pueblos, pero el clima nos va a obligar a buscar refugios y gastarnos más.

Cuando llegamos a Bauskas el cielo gruñe, amenaza y cumple justo cuando llegamos al supermercado. No entender lo que pone en los carteles ralentiza la compra y entre una cosa y otra se nos va más de hora y media. El cielo da un respiro y nos la jugamos hasta un alojamiento que tiene zona de acampada a 8km. Tenemos las nubes y la lluvia estirando el brazo intentando agarrarnos de la camiseta, pero no llega a pillarnos. Nuestro alojamiento es un lugar de bodas, con un molino antiguo. No es nuestro presupuesto. Al entrar parecemos dos mendigos, el camarero nos ve con los chubasqueros y las pintas y nos dice algo como: “¿qué se os ha perdido?”, le comentamos que habíamos escrito y que cabía la posibilidad de acampar. No tienen ningún cubierto, nos ofrecen dormir por 20€ en el suelo con nuestras cosas y sin duchas en un salón de conferencias o por 35€ con super descuento una especie de casa. Es el primer día, no hemos dormido nada, está lloviendo y queremos descansar, así que hacemos el esfuerzo y aceptamos la oferta. Acaba la primera etapa en una especie de granja con molino tipo holandés rehabilitado. El sitio es un lujo. Ducha caliente, cocina y descanso. Ya estamos en Europa, mañana Lituania. 

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