40KM 985+
La noche ha sido fría, por suerte Patricio nos dejó un colchón y mantas. Fue un rato super agradable con los niños charlando sobre la cama improvisada en el salón, mostrándoles fotos. Ellos duermen debajo, abren la trampilla y nos dejan con toda la confianza ahí. El viento durante la noche, el frío y los nervios de afrontar la última etapa de Sudamérica y una de las más duras.
Aún es de noche cuando suena el despertador, hace frío y esperamos a escuchar ruidos abajo para movernos. Al final a las 6:40 comenzamos a recoger la cama. Bajo las mantas ha dormido al final de la noche la ropa que usaremos para subir. No sabemos cuánto viento hará, si habrá niebla, qué frío tendremos durante la subida. Es una incógnita, hemos porteado ropa de invierno todo el viaje para este día. Antes de salir Cristina nos cocina un bocadillo de huevo con salchicha y un café. Desayunamos charlando con Natalie, una de las hijas de lo que quiere ser de mayor, médica, pero la realidad en Bolivia es complicada. Todo lo que hemos comido ha sido más caro de lo habitual, pero han sido muy hospitalarios y la experiencia merece la pena, mejor a ellos que a un lugar de turistas.
No queremos salir, pero si no la etapa se hará muy larga. A las 8:20 estamos pedaleando. Por delante 15km de puerto con 1000+, a priori no es una salvajada, pero partimos de más de 3700msnm. No hace tanto frío, aun y todo vamos con dos térmicas y el cortavientos. El primer kilómetro es al 10% y a Shei le sienta mal, a parte de que está con la regla. A los mil metros, Shei pide parar, no puede, se ahoga. Nos quedan 14km y cada vez será más duro, me toca motivarla, pero está muy reacia. Le propongo ir uno a uno. Vamos saliendo según curvas al sol, el resto siguen cubiertas por la montaña. Conseguimos hacer algo más, pero pide parar de nuevo. Trato de que se hidrate, ella toma un punacap, que es una medicación para la altura y se mete un caramelo de coca, está harta de masticar coca. Un poco más de fuerzas y el siguiente empujón dura más, hasta los 5km. Empiezo a ver la luz, además hace algo más de calor y nos quitamos prendas, la pega es que el viento está viniendo en contra y lima muchas fuerzas. Otro golpe de 2km, pero no consigue mantener el ritmo y mirar para arriba. Yo si lo hago y después de varias curvas donde la carretera entra y sale cada vez más alto, veo una diagonal que me preocupa, los camiones van muy lentos. Shei se marea, a veces pierde el equilibrio, pero sé que puede, lo está haciendo. Comemos un poco, bebemos, descansamos y a por el siguiente golpe, otro kilómetro más y cada vez vemos más cerca la cima. Nos quitamos algo más de ropa y llegamos a la diagonal, efectivamente es al 10%, pero no la subimos tan mal como pensaba, pero en el alto, Shei pide parar de nuevo, nos quedan sólo tres kilómetros, no es nada, pero cuando estás en esa situación piensas que no eres capaz y que todo tu mundo es sufrir hacia la cima. Llevamos más de tres horas, así que consigo que coma algo de fruta y cacahuetes. Cada vez estamos más altos, más de 4.400msnm, se nota, hacemos casi un kilómetro y Shei se para de nuevo, estamos más cerca. Hay nieve por los costados y el viento frío se mete por todo, pero sin nubes el sol calienta y se agradece. Veo la última curva al final de una diagonal, ese es el objetivo, pero de camino, Shei se para de nuevo, no puede más, “estamos ya, lo tienes hecho, tú puedes”, y con esa premisa hacemos el último empujón, ya son cientos de metros, vemos la cima, las antenas y el viento en la cumbre es alto, a mi me saca de la carretera. Aunque voy más firme, noto el esfuerzo porque me cuesta mucho subir la bici hasta el asfalto. 300m, 200m, 100m y ya lo hemos hecho. Desde que salimos de San Borja, las etapas iban enfocadas a culminar la ascensión hasta la cumbre, más de 12.000+ en ocho etapas con la épica hasta los 4.670msnm, una auténtica hazaña para ir con tanto peso y con el cansancio acumulado de más de un año de bici y tanto proyecto.
En el alto hay un lago, llamas, gaviotas, muchas personas clasificando patatas para cuando nieve enterrarlas y mucha luz, todo el esfuerzo a concluido. Nos abrazamos, Shei llora, pensaba que no era capaz, pero yo creo más en ella que ella misma. Ha sido durísimo. Nos hacemos la foto de rigor y nos sentamos a descansar, comer, abrigarnos. Unos bollos con pate y huevo, un poco de aire. El lugar es impresionante y parece bueno para acampar y ver las estrellas, pero hay que seguir etapa, quedan 25km de bajada, pero hay que hacerlos. El viento hoy viene del suroeste, justo en contra y sopla fuerte. En esa altitud, es frío y por suerte ha salido un día soleado, sin nubes y buena temperatura. Hace una semana daban lluvias y hace un mes todo estaba nevado, así que muy felices. Entre los bloqueos, los problemas de combustible, el pronóstico del tiempo, había muchos frentes abiertos que se han ido despejando conforme llegábamos. Somos super afortunados. La bajada al comienzo es pronunciada, todo es roca anaranjada, algunos lagos. Hace dos noches dormíamos en plena jungla, humedad, pájaros, cascadas y ahora no hay nada, parece que estamos en otro país. Tengo reminiscencias de Tayikistán o Jordania. Me he dejado algo de ropa pensando que soportaré la bajada, pero las manos van heladas y el cuerpo tiembla de vez en cuando. La carretera cada vez está más bacheada y las manos con los frenos ya están agarrotadas.
A falta de 15km vamos entrando en La Paz, todo casas de ladrillo, tramos de tierra y piedras, mucho camión, mucho negocio. De repente asoman las colinas de en frente llenas de casas, una enfermedad del ladrillo que ha contagiado todas las montañas. La ciudad metida en una olla a casi 4.000msnm. Vamos callejaeando, hay mucha gente, mucho tráfico, cientos de talleres, tiendas y de todo. Seguimos bajando hasta que aparecen balcones entre casas a toda la ciudad. En frente la montaña más alta de la zona, 6.430 metros, el Illimani. Queremos acabar, pero a la vez significa que todo nuestro periplo americano llega a su fin, 4.800km, 64 etapas, 42.000+, hace cuatro meses aterrizábamos sin saber que nos iba a deparar este tiempo y ha sido mucho mejor de lo planeado. Sobre todo a nivel humano. Nos hacemos la foto con la ciudad al fondo, se la mandamos a todas las personas que hemos conocido por el camino y les damos las gracias.
Queda callejear por cuestas imposibles, más vale que son de bajada, una nos toca empujar para arriba y la altitud nos pone en nuestro sitio. Hay mucha gente por todo, estudiantes saliendo de la escuela, funiculares volando sobre nosotros para ir a los altos, edificios en el centro que no imaginaba en esta ciudad. Nosotros estamos cerca del centro, bien ubicados. Por fin llegamos al alojamiento. Subimos todo al cuarto, ahora toca desmontar todo y meterlo en cajas, siguiente destino Riga. Estamos vacíos, lo hemos dado todo y el cuerpo sabe que descansará unos días, además hace frío. Nos damos una ducha y mientras preparamos todo, Brian, un médico sin trabajo nos trae unas cajas que nos había prometido. Ha venido desde lo lejos para hacerlo. Un gran detalle dada la situación que tiene en casa con su hijo recién nacido. Super agradecidos. Dejamos las cajas para el día siguiente, cenamos y yo escribo etapa y actualizo web, Shei hace rato que se ha despedido entre las mantas, no puede con la vida. Mañana será otro día, ya en La Paz.