23KM 1110+
Desde el coche que pasó justo cuando arreglábamos el pinchazo no ha pasado ninguno más. En cuanto oscureció preparamos la cena y comimos dentro de la tienda porque ya hacía frío. No ha llovido nada y lo única han sido las gotas de humedad que caen de los árboles sobre la tienda. De puro cansancio nos dormimos y la verdad es que recuperamos bastante. Aunque nos duele todo, de vez en cuando nos despertamos y sentimos todos los músculos del cuerpo. El sonido de la cascada y el arroyo sirven de sonajero.
A las 6:00 suena el despertador y lo vamos postponiendo hasta las 6:30, andamos perezosos, pensar en que quedan 7km de camino hasta la carretera nos tira para atrás. Recogemos todo y siguen sin pasar coches ni nadie. Arrancamos, pero el cuerpo tiene pocas ganas de hacer equilibrios esquivando piedras y vamos de nuevo kilómetro a kilómetro. Cuando llevamos dos, vemos todo el paisaje y sobre todo hasta donde tenemos que llegar, se ve muy arriba. Shei está harta del camino y le empieza a superar, hay que hacer un esfuerzo mental para los 4km que quedan. Es curioso como a veces los esfuerzos te impiden disfrutar de lo que estás viviendo. Pero las pedaladas por esos cortados, esas vistas, paredes que gotean en el camino y una subida llena de curvas. Por fin llegamos a Chuspipata, ahí hay un mirador donde descansamos un poco, comemos algo y nos mentalizamos para los 2km que quedan. Las rampas son superiores al 8%, a ratos más y comienzan a superarnos, pero metro a metro vemos por fin el asfalto y un cartel que pone bienvenidos al camino de la muerte. De momento no queremos saber nada de caminos de piedras durante un tiempo.
A 200 metros hay unas casetas donde venden desayunos, nos acercamos y pedimos dos cafés, con el pan que tenemos recargamos un poco de energía. El señor está contento porque comienza a ver más tráfico y el negocio va mejor. Nos regala cuatro panes y nos despedimos. Nos quedan 17km para llegar al final de etapa. Hay días donde 40km parecen poco y otros donde diez son un abismo como el día anterior que nos costaron cinco horas. Según la altimetría los siguientes 11km son al 2%, pero es que promedia con bajadas y no avisa de las subidas que hay entremedias. El tramo que pensábamos que iba a ser de descanso, nos pone a tono para la parte de subida más dura del día. Hemos salido con chaleco y cortavientos y pronto nos hemos puesto a sudar. El problema es que ya estamos a más de 3000 metros de altitud y comienza a hacer frío. La niebla hace acto de presencia y sube a mucha velocidad, parece una máquina de humo por la ladera.
El paisaje cada vez se abre más, el valle se ancha y subimos lomeando. La montaña tiene salientes y se ve la carretera como sube en cada uno de ellos. Hace unas horas nos despertábamos en una curva de un camino lleno de vegetación, en mitad de la jungla y ahora las montañas ya comienzan a pelarse, además la verticalidad, la altitud y la roca hacen casi imposible que nada pueda vivir en ellas. Pedaleamos mirando montañas de más de 5.000 metros. El tramo de descanso acaba con una pequeña bajada hasta Undavi, ahí hay un peaje para la parte final del puerto. Unas pocas tiendas donde los viajeros paran para comprar.
Nos quedan 7km hasta Pongo al 7%, a priori no es muy difícil, pero ya estamos muy altos, hace más frío y sobre todo estamos muy cansados. Para colmo a Shei le ha bajado la regla tres días antes. Un extra para añadirle épica a esta subida. Pasado el túnel de Undavi paramos un poco, nos quedan 5km. Comemos algo y animo a Shei a intentar hacer todo del tirón hasta el final. Salimos y el ritmo es de 5km/h. Poco a poco vamos avanzando. Se ven los camiones bajar desde lo alto, entrando y saliendo en las curvas hasta que llegan a nosotros. A falta de 2km Shei pide una parada. No nos queda nada. Poco más de veinte minutos. Hoy han sido casi cuatro horas pero por fin vemos el cartel de Pongo, el sol sale entre la niebla, calienta un poco y acabamos a las 13:30, es muy buena hora. Pongo está bajando por un camino de tierra y no queremos añadir distancia a la última parte de la subida, así que preguntamos en los restaurantes que hay apostados a la carretera. Al cuarto, Cristina accede a dejarnos dormir cuando cierra.
Sacamos la tienda y las lonas que están mojadas de la noche ya que no la usaremos esta noche y para quitarles la humedad. La gente de los otros puestos miran curiosos. Le pedimos a Cristina que nos haga arroz con carne y para la noche pescado. El espacio sólo son mesas y cocina, ellos duermen debajo con una trampilla que se abre en el suelo. No hay baño y toca segundo día sin ducha, sobre todo porque la temperatura baja rápido y nos acercamos a cero grados.
Durante la tarde Shei entretiene a la hija de un año de Cristina mientras ella atiende a los clientes. A las 19:00 llegan otros dos hijos y el marido desde La Paz, allí tienen la escuela a 40km. Como la del pueblo es muy precaria, cada día tienen que ir hasta allí y el marido hacer tiempo para recogerlos ya que tienen 7 y 9 años. Escribo la etapa, editamos vídeo y hacemos tiempo hasta la cena con la niebla tapando el paisaje. Después de cenar, cierra el local, apartamos las mesas y ponemos nuestra colchoneta. Ya veremos mañana si no hemos pasado mucho frío.