Saltar al contenido

ETAPA 221 QUIQUIBEY-SAPECHO

54KM 1125+

ETAPA 221, 15 JUNIO, QUIQUIBEY-SAPECHO, 54KM 1125+

Con el cuerpo molido de la primera etapa de montaña sería después de muchos meses, nos metemos a la tienda para ver si descansamos. El pueblo ha estado toda la tarde sin luz, la primera mujer a la que hemos preguntado si podemos dormir en la escuela, lo primero que ha hecho ha sido pedirme que le cargue el móvil con la batería externa. Nosotros viajamos en bici y necesitamos esa batería por si acaso. Cuando ya nos instalamos en el aula, un niño viene para ver si tenemos batería externa, le decimos que la necesitamos y al rato viene la misma mujer e insiste, así que le cargo el móvil, aunque ella dice que la luz volverá. Efectivamente la luz vuelve y la mujer regresa a por su móvil. Resulta que iba a estar jugando al bingo online y quería tener batería. La próxima vez digo que no. Con la luz llegan los niños a la pista de fútbol y aunque es tarde y mañana hay escuela, nadie se va a su casa, tampoco el del altavoz que pone la música para todo el pueblo. Nos echamos a dormir con la esperanza de aislarnos del ruido y por lo visto lo hacemos, porque ninguno de los dos sabemos a qué hora se fueron.

A las 6:30 suena nuestro despertador, los niños vendrán pronto y queremos tener todo recogido antes. Los baños están abiertos, inundados y sobre tablas hacemos nuestras necesidades y tiramos de la cadena con un cubo de agua que llenamos fuera. No llueve casi, pero hay una niebla cerrada que moja igual. A las 7:30 salimos a la carretera con todos los niños caminando por el arcén rumbo a la escuela. Dejamos un pueblo de casas de madera apostadas a los dos lados y desde el mismo final del pueblo comienza una subida de 13km, relativamente fáciles, pero son de camino de tierra, con barro, lluvia y sin desayuno. Shei todavía no está recuperada del todo y le cuesta tener ritmo. Hacemos la subida en dos golpes. Parece que han abierto alguno de los bloqueos porque nos cruzamos con varios camiones. Justo con una subida de barro que nos salpica, pero nos alegramos por la realidad boliviana que lleva mucho tiempo paralizada.

No podemos parar mucho porque estamos mojados y no queremos resfriarnos así que tratamos de hacerla del tirón hasta Sillar, un pueblecito muy humilde en el alto. La niebla oculta las casas. Buscamos un sitio donde guarecernos y poder desayunar un poco. Una caseta de madera que tiene unas sillas de plástico y una mesa parece el lugar. Nos metemos y espero que el dueño se apiade al vernos. Comemos un poco de pan con crema de cacahuete y plátano, tenemos hambre. Los gallos y gallinas merodean a ver si cae alguna miga. En ese momento viene Abraham, tiene una serrería justo al lado y es su sitio. Hablamos de la realidad de Bolivia, están cansados, el no puede ir a vender los muebles porque no tiene gasolina y se echa la mano al cuello de que no tienen comida. Es un buen hombre y aunque se inclina hacia Evo Morales, entendemos su hastío.

Nos despedimos y comenzamos a bajar el puerto por un camino de tierra que de vez en cuando tiene un asfalto roto y desprendimientos. El sol aparece por arte de magia cuatro curvas más abajo. Un kilómetro más arriba no secaríamos la ropa en días y ahora en cuestión de minutos. Paramos a echarnos crema porque el sol pega fuerte. Disfrutamos de la bajada que nos muestra unos paisajes que hace mucho que no veíamos, con tanta llanura. La niebla y las nubes nos estaban privando de un espectáculo. Cordilleras de montañas, valles, ríos. La carretera a ratos está muy rota y rocas enormes tapan la carretera, hay surcos de ruedas que las esquivan y parece un circuito de entrenamiento. Bajamos de nuevo hasta el río y pasamos por un pueblo bastante grande justo con la salida de los niños de la escuela. Llamamos mucho la atención y todos nos miran a la espera de que les saludemos. Todos sonríen e incluso nos dicen “hello”.

Desde ahí comienza el segundo puerto del día, 8km con 500+, que son más llevaderos de lo esperado para mis piernas, pero que a Shei se le atragantan un poco. Vamos poniéndonos en situación de lo que se nos viene encima. El buen tiempo, saber que llega día de descanso es una buena motivación. Lo hacemos en dos tiradas. A mitad de puerto nos sentamos en el asfalto, tomamos aire y lanzamos la bici hasta la cima. Conforme llegamos al alto se ve todo más luminoso. Arriba hay unos puestos de venta de fruta y un poco de todo. Tomamos un jugo, unas mandarinas y un poco de aire sobre todo. Nos asomamos al mirador desde el que se ve el río Mojoy abajo del todo y la siguiente hilera de montañas por las que iremos hacia Caranavi. Tocan 13km de bajada rota de nuevo. Los camiones nos pasan y hay dos trozos muy embarrados. Las bicis ya suenan mucho y la arena y el barro desgastan mucho las partes. A poco de llegar nos desviamos por un camino que entra en Sapecho. Calles de tierra hasta la avenida que dicen ellos. Ahí está el sitio donde dormiremos. Desmontamos las alforjas y dedicamos un buen rato a limpiar todo, aunque la pega es que la siguiente etapa de nuevo llueve y hay camino. Sin ducharnos nos vamos al pueblo a ver si alguien da de comer. En la plaza principal hay un sonido curioso, el de bombonas de butano chocando y apoyándose en el suelo. Un fila que da la vuelta a la plaza de personas esperando para ver si consiguen gas del único camión que ha llegado. La escasez de gasolina y combustibles está siendo un problema, pero ellos se lo toman con calma y no se les ve muy indignados.

Hasta las cinco no dan de comer y aprovechamos para hacer compra. Luego comemos arroz con pollo y regresamos para ducharnos, relajarnos y esperar que el día de descanso sea efectivo para afrontar la siguiente etapa.  

Wordpress Social Share Plugin powered by Ultimatelysocial