Saltar al contenido

ETAPA 218 TRINIDAD-SAN IGNACIO

93KM 90+

La cena en casa de Paris para despedirnos de ellos, preparar todo, pasar vídeos y editar, hace que nos metamos tarde a la cama. Para colmo un grupo de niños llega a las 4:00 de la mañana y la monitora piensa que está en el mercado porque no para de gritar hasta que salgo y le pido que les hable como si fueran las cuatro de la mañana y hubiera gente durmiendo. Pilla la indirecta y baja la voz, pero ya son las 5:15 de la madrugada y a las 6:15 suena el despertador. Reiniciamos la marcha  y hemos quedado con Jancarla para firmar papeles a las 6:50, aparecen puntuales con Mikela, Aitor y Ander. En pocos días hemos creado una conexión muy especial con esta familia, desde el primer momento los niños nos llamaban tíos y con Jancarla y Dani muy a gusto. Te da rabia que el tiempo pase tan rápido y te quedes con ganas de haber disfrutado más de ellos.

Sin salir de caritas aparece Bianchi, el mecánico que nos ajustó el buje al llegar a Trinidad, hace dos días nos preguntó cuando salíamos y ha convocado a la asociación ciclista para que nos acompañe. No hemos desayunado, pero Bianchi está ya desde las 6:00 nervioso con el evento y sólo compramos algo en el mercado y dos cafés. En la plaza nos esperan unas 25 personas con sus bicis. Nos hace la entrega de una medalla de la asociación y un pañuelo de regalo, muy especial. Arrancamos desde la Plaza Pompeya, con sus puestos, el mercado, las baldosas rotas y sus borrachos tirados por los bancos permanentes. Nos acompañan 14km hasta puerto Varador. El día es soleado, el perfil llano y hay muy buen ambiente. Hay gente de todas las edades. Bianchi está feliz. Cuando llegamos al puerto, hay filas de camiones esperando para subir a una especie de barcazas con maderos donde se suben los vehículos. Nos hacemos la foto de grupo y nos despedimos para subir a una de ellas, tardan en salir y hay que aprovechar. Toca sujetar la bici haciendo equilibrio pegado a un camión. El sistema de carga y descarga de los vehículos es un desastre y toca esperar mucho para bajar porque el que llega no se aparta hasta que no vuelve a llenar, así que dependemos de que vengan coches. Hay barquitas pequeñas, mucho barro para llegar a ellas e incluso gente que vive en ellas. Por fin es nuestro turno y bajamos a un camino de tierra muy polvoriento. Tenemos cuatro kilómetros hasta el paso del río Mamoré por un camino donde pasan muchos camiones llenando de una película naranja todo.

Cuando llegamos al Mamoré hay un kilómetro de camiones esperando. Policía gestionando y una especie de poblado que vive ahí del paso de vehículos. El pueblo está desapareciendo porque el río se está comiendo la tierra, una escuela, varias casas y una torre eléctrica ya han desaparecido. Nos subimos en uno de los pontones donde ya hay tres coches. Hay varios esperando a salir. Al otro lado del río hay cola para descargar por el sistema tan ilógico que tienen. Lo hablamos con los del coche y piensan lo mismo y se han quejado mucho, pero los sindicatos insisten: “son gente ignorante y cerrada”. Con lo que estamos los cuartos para salir. A los cuarenta minutos de espera, empezamos a valorar intentar llegar a tierra, ya que otras llegan a unas tablas y los peatones caminan por una zona con tablas sobre el barro, pero justo la nuestra está encima de un barrizal imposible para bajar una bici de 65kg con seguridad y sin pringarse entero. Pero uno de los camiones que sale se queda atascado en el barro y colapsa la entrada y salida de todo. Hay que intervenir o perderemos la mañana, son las 11:00 y nos quedan 80km bajo el sol. Así que con un tablero largo, mucho equilibrio y miedo a partes iguales, ayudados por la gente del coche, bajamos las bicis por una tabla hasta una zona medio seca. Nos manchamos algo, pero lo conseguimos. Pasamos por el único hueco que queda al lado del camión por un camino lleno roto del paso de vehículos pesados. Un poco más allá, en vez de una fila de entrada de camiones hay tres filas de vehículos en las dos direcciones que es la muerte del tráfico fluido, no sabemos como lo van a hacer, pero pinta mal.

Es un camino de tierra y hay 3km de camiones, gente fuera acalorada, desesperada, les avisamos que adelante hay camiones mal puestos y que tienen que moverlos para agilizar. No sabemos si lo hacen, nosotros seguimos camino. De vez en cuando vemos pilas de cerdos muertos con cientos de carroñeras comiéndolas. A los 26km llegamos a la carretera, nos quedan 70km y justo se le rompe la pata a Shei, así que hay que buscar sitios para parar donde pueda apoyarla. Iniciamos una especie de contrarreloj, es casi la 13:00 y nos queda mucho.

Desde el comienzo vemos extensiones llanas a los dos lados, con pastos anegados, con vacas y sobre todo con carteles de animales: zorros, cocodrilos y jaguares. No sabemos cuántos de esos animales veremos, pero que exista la posibilidad asusta. Un cocodrilo desde la carretera apetece ver, ya los jaguares es otra cosa. La zona es un pantanal perpetuo. Pedaleamos sin pausa hasta la comunidad Fátima y paramos para comer algo, se ha hecho tarde y ya son las 14:30 y estamos cansados. Paramos en una sombra, comemos algo de fruta, algún bocadillo, un café frío y aún nos quedan 40km. Tres horas más tarde de haber bajado de la barca aparecen nuestros compañeros de barcaza. Se les ve cansados. Nos alegramos de verlos y comentamos la posibilidad de verlos a la noche si llegamos bien.

Recogemos todo y emprendemos el último golpe de bici, ya es bastante tarde y las piernas van lentas. Seguimos viendo señales de animales, pero sólo eso. Pasan pocos camiones y estamos tranquilos. En un momento dado para una moto con un saco enorme, es un chico, Kevin, que nos quiere regalar naranjas. Le aceptamos seis, pero no más, no queremos más peso. Nos quedan 14km, vemos el fin más cerca. Mientras tanto Leo trata de buscar una movilidad para poder llegar, se ha relajado para buscarla y dudamos de que sea capaz de poder llegar esta noche. A las 17:00 de la tarde llegamos a San Ignacio, el sol ya está queriendo irse y encontramos un lavadero que nos deja limpiar las bicis que están super sucias y ya suenan mucho. Vamos directos a la casa del cooperante. Dejamos las cosas, nos duchamos y tenemos que ir a cenar algo porque ya es tarde. El pueblo es diferente a lo que hemos visto hasta ahora, la plaza principal está preciosa, con muchos árboles, limpia, con una iglesia de madera tallada y con dibujos de colores. Es muy especial, las calles adoquinadas, porches coloridos, quizá lo más bonito que hemos visto en el país. Cenamos algo de pollo con arroz para variar y al ir hacia casa aparecen Romina y Miguel, la pareja del coche, tengo que trabajar mucho, pero paseamos con ellos, vemos la iglesia por dentro y nos llevan a la casa de música, la lleva un español. Así que tocamos el timbre y abre la puerta Toño, un irundarra con el que charlamos un buen rato. Se ha hecho tarde y mañana tenemos etapón, nos dormimos de cansancio sin hacer los deberes y ponemos el despertador a las 5:00. Caemos rendidos a las 0:00 de la noche.

 

 
 
 
 
 
Ver esta publicación en Instagram
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

Una publicación compartida de Y OS LO CUENTO/RUMBOS OLVIDADOS (@yoslocuento)

Wordpress Social Share Plugin powered by Ultimatelysocial