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ETAPA 217 CASARABE-TRINIDAD

54KM 50+

Nuestra primera noche en un ayuntamiento transcurre con calma. Parece increíble que un edificio oficial esté en esas condiciones. No hay agua y las salas que hay están llenas de tierra. Ponemos el despertador pronto, la etapa es fácil, pero el sereno dijo que llegaría temprano. Admito que dormir a la intemperie en una zona de acampada en la naturaleza es cien mil veces mejor, pero el proceso de recogida, guardar todo mojado por la humedad del ambiente, montar las bicis es mucho más lento. Dormir bajo techo te permite ganar media hora fácil. Mientras recogemos todo llega el sereno, no se le ve muy perjudicado de la cena de la noche anterior. Nos despedimos y salimos a las calles de tierra de Casarabe. Hay una tiendecita con verduras, frutas y un poco de todo. Sheila la tarde anterior les compró algo para hacernos la cena y regresó encantada de haber charlado con la señora. Al ir a la mañana, la señora, Abelina, y su marido, Dionisio están ya atendiendo. El hombre nos cuenta que su mujer le dijo algo de unos gringos que viajan en bici y le contamos exactamente. Una pareja encantadora que nos regala una botella de agua y unas empanadas. Son adorables y de nuevo si no tuviéramos que andar en bici nos quedaríamos a charlar con ellos.

La etapa del día es sencilla, son 55km llanos. Es curioso cuando te vas acostumbrando a hacer distancias largas y con desnivel que una etapa de más de 50km te parezca un trámite. De nuevo es temprano y por la razón que sea no hemos madrugado mucho en Sudamérica y las luces matinales en las etapas no son la de los últimos días. Luces que sí hemos vivido en África. Carreteras llanas, el sol saliendo por el horizonte tumba las sombras y las alarga casi de lado a lado del asfalto. Tonos anaranjados, que tiñen la vegetación. Pedaleamos con estos matices y sentimos que estamos por África, pero no, es Bolivia. Hoy hay algo más de tráfico, parece que esta zona se va distensionando poco a poco, al revés que en La Paz donde se ha aprobado una ley para aplicar el estado de excepción en esa zona.  

A los 15km llegamos a la Elvira, hay un puesto de policía, cuatro casas de madera y un par de tiendecitas. En una hay unas mesas de plástico y una chica hace empanadas y café. Le pedimos dos y nos sentamos para comer algo, los buñuelos que nos han regalado Abelina y Dionisio, unos panes viejos que tenemos con dulce de leche y los cafés. Aquí hay que indicarles que no te pongan azúcar o será azúcar con café. Se nos olvida y está super dulce. Comemos mientras la niña de la casa no para de mirarnos. Les llamamos mucho la atención a los niños. Con algo de comida en el estómago ya salimos.

Hoy la etapa es muy sencilla, hace bueno y aunque hay más tráfico y el asfalto está bastante mal, rodamos rápido. Seguimos por campos de cereal, viendo palmeras, vacas y zonas encharcadas. Estoy muy atento a ver si sale alguna serpiente o yacaré, pero seguimos sin suerte. Hoy queremos llegar rápido para intentar arreglar la rueda antes de ir al alojamiento. La llegada a Trinidad, sin ser una ciudad muy grande dura bastantes kilómetros. Conforme llegamos la cantidad de motos es una locura. Pasamos por muchos negocios de construcción, talleres que suelen estar a las afueras y ya llegamos a las inmediaciones. De nuevo hay colas enormes para entrar en las gasolineras. En la rotonda donde están las letras de la ciudad, grabamos la llegada a nuestro cuarto proyecto. Han sido algo más de tres meses para llegar desde Puerto Montt hasta aquí. Han sido muchas experiencias y cuando miramos fotos somos conscientes de todo lo que hemos recorrido y vivido, pero nos queda muy lejos. Por delante tenemos unos días en Trinidad y otros en San Borja para nuestra cooperación. Que ya narraré en los próximos días.

Conseguimos adaptarnos al río de motos que van por las calles. Las canaletas llevan agua negra y hay bastante basura por todo, los edificios son viejos, con la pintura ya ennegrecida, algunas edificios sin acabar. Muchos negocios por todo, puestos en la calle y en la plaza Pompeya que está cerca de nuestra casa es donde veo una tienda de bicis. Ahí está Bianchi, un señor mayor que me dice que puede desmontarme la rueda y montarla de nuevo. Así que dejamos las cosas en Caritas que es donde dormiremos los cuatro días y regresamos con la bici a la tienda. Mientras comemos en la bajera de abajo sopa y arroz con carne, Bianchi desmonta el cassette, saca el núcleo, lo limpia, lo engrasa y lo vuelve a montar, parece que ya no roza ni suena como antes, quizá la rueda llegue a final de Bolivia. Bianchi nos lo hace gratis, es un buen hombre, se hace fotos con nosotros y nos desea buen viaje.

Mientras comemos llega Jancarla, la médica con la que hemos organizado todo y nos conocemos ya en directo. Ya es un hecho, ella tiene que ir a casa a dar de comer a sus hijos y quedamos para más tarde. Tomamos un café en el mercado, calles de cientos de puestos, pasillo de ropa, de verduras, de carnes, de restaurantes, abigarrado, casi no pasa la bici. El pasillo de las carnes tiene de todo colgado, sin refrigerar, llama la atención que la gente no se ponga enferma de las tripas, entre ellos nosotros, que en definitiva comemos de esas carnes. Nos sirven un par de cafés y compramos unos arroces con leche en otro puesto. La verdad que comer en estos mercados te da la vida, podrías hacer un documental de la cantidad de historias que hay dentro.

Regresamos a casa, organizamos las cosas y nos duchamos. Leo, nuestro amigo enfermero que llega hoy, lo hará más tarde, su vuelo sale con tres horas de retraso, con lo que nos vamos a un fisio que hemos buscado para soltar el cuerpo. Vamos caminando y no hay muchas calles bonitas, la ciudad no tiene mucho atractivo. El fisio se llama París, en su fachada ha puesto el escudo del equipo de fútbol, Paris saint Germain y justo una hora antes ha ganada la segunda champion, así que viene feliz. Mientras nos atiende llega su mujer y charlamos del proyecto que estamos haciendo, están asombrados y admirados. Casi terminando llega Jancarla con Leo y por fin nos encontramos. Seis meses sin ver amigos, desde Camerún cuando vinieron los voluntarios a Dschang. Nos cobra simbólicamente y nos invitan a comer el lunes después de montar las incubadoras. De ahí Jancarla nos deja en la plaza Pompeya, cenamos pollo para variar y nos vamos a casa. Buen rato de charla más y a dormir que estamos muy cansados. 

 
 
 
 
 
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Una publicación compartida de Y OS LO CUENTO/RUMBOS OLVIDADOS (@yoslocuento)

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