103KM 80+
Uno llega a un pueblo minúsculo y le dejan dormir en un colegio que se quedará vacío a la noche, bajo un cielo estrellado y con el sonido de las cigarras. Lo más normal es pensar que la noche será tranquila hasta que los obreros que están construyendo un aula nueva llegan a las 21:00 de la noche, encienden unos focos y ponen música a todo volumen. Casualmente uno de ellos nos ha dejado un cubo para poder asearnos, así que con la excusa para devolvérselo tanteo cuanto van a trabajar y si cabe la posibilidad de que bajen algo la música. La primera respuesta del menos listo es que busquemos otro lugar para dormir. “Ya tenemos todo montado y es el único aula abierta”, su respuesta es más o menos que no tiene intención de bajar la música y que trabajarán hasta tarde. Como no tengo ganas de discutir, les pido por favor a ver si pueden bajar la música, cosa que no ocurre, así que nos metemos a la cama a ver si la parte del cerebro que quiere descansar es capaz de aislarse de los corridos y la música boliviana. Más o menos lo conseguimos y creo que hacia las 0:00 se fueron.
Nos despertamos a las 6:00, a las 7:00 comienzan las clases y no queremos que nos pillen los alumnos montando las bicis ni alterar el horario escolar. Antes de esa hora estamos en marcha y no ha llegado nadie al colegio. No lo comenté la etapa anterior, pero las instalaciones y la dejadez de la escuela es de las peores en las que hemos estado. Los dos baños que hay tienen un olor a pis enorme, detrás de los baños hay un vertedero de basura y casi todo el recinto tiene restos de basura por todo. Si los profesores ven normal ese lugar para que los alumnos se eduquen, muestra un poco de como viven en sus casas. La tarde anterior varios niños con paquetes de galletas los tiraban delante mía en el suelo y es porque ese lugar les ha enseñado eso.
Salimos con un día soleado, cielo raso y sin tráfico. El bloqueo se debió abrir la noche anterior porque no pararon de pasar camiones durante una hora, pero ahora no pasa nadie, quizá lo hayan puesto de nuevo. Tenemos San Pablo a 15km, es muy cerca para la etapa tan larga que tenemos, pero luego no hay pueblos y queremos comer algo. En menos de una hora llegamos a un pueblo de casas de madera, un mercado lleno de basura por sus alrededores y una sensación de que esta zona es mucho más pobre que la que hemos estado antes. Compramos unas empanadas, dos cafés y nos sentamos en un banco de un puesto callejero que está vacío. La gente, sobre todo los niños, nos miran como si fuéramos extraterrestres, cuando les saludamos en castellano, sonríen de la sorpresa.
Con el estómago lleno salimos a la carretera, hoy de nuevo es muy llana, sobre todo de rectas y a lo largo de la etapa no paramos de adelantar vacas que caminan por la carretera. Hay muchos campos de cereal, pero también zonas encharcadas, que por un lado son fuente de mosquitos y por otro de serpientes y cocodrilos, aunque seguimos sin verlos. Queremos hacer una tirada larga hasta los 60km, pero las piernas están ya cansadas de tanto llano que no deja descansar, el culo hoy no soporta al sillín y no hay manera de sentarlo sin que duela. Hay etapas que parece mentira que llevemos más de un año en bici, es como si fuera el primer día.
Hemos salido de Nueva Jerusalén, pasamos por Belén, Nueva Palestina, Buen Jesús y muchos pueblos más con nombres que parecen sacados de la Biblia. Por no hablar de los nombres que dan a las haciendas como El esfuerzo, La esperanza, Lomas de amor y pasteladas por el estilo. Desde que entramos en Sudamérica hay más pueblos, haciendas, términos Esperanza que Springfields en EEUU. No sabemos si es el calor o qué, pero el cuerpo nos pide para antes y a mitad de etapa nos sentamos en una sombra en el arcén de la carretera. Como casi no pasan coches, lo hacemos con relajo. Comemos un plátano y seguimos etapa.
En días tan llanos, hay que buscar excusas para que el tiempo y los kilómetros pasen más rápido, porque si no se hacen eternas. Cuando hay subidas, el propio paisaje ya es un entretenimiento, la dificultad te hace centrarte en superarla, las bajadas te divierten y avanzas sin esfuerzo, pero en etapas llanas todo el rato es lo mismo y llega un momento que miras el gps y sigues en el mismo lugar que hacer diez, veinte, treinta segundos. Así que muchos de estos días repasamos cosas que nos han pasado a lo largo del viaje, como veces que nos han invitado a dormir en una casa particular o veces que hemos acampado o qué hemos comido carne, lo que sea para estirar la mente hasta ese día, recordar el lugar y no pensar en la recta infinita y plana que tienes delante.
30km después llegamos a Buen Jesús, la idea era dormir ahí, pero es un pueblito que no tienen ni tienda. Una pequeña unidad escolar, una parada de bus y lo que hacemos es comer unos bollos con paté y dulce de leche, una café frío y nos echamos un poco para descansar algo. Es curioso como uno normaliza es estar itinerante, comer a base de bocadillos como un nómada, casi 400 días así, cuando regresemos a nuestra rutina normal, se nos hará raro.
Nos quedan 20km y el descanso se nota, vamos algo más ligeros y pasamos por Villa Banzer, otro lugar que habíamos pensado para dormir, pero que nos desaconsejaron porque estaba lejos de la carretera y suele haber muchos jaguares, así que seguimos hasta Casarabe. Como ya hemos comido, lo único que queda es buscar un lugar donde nos dejen poner la tienda de campaña. La escuela está cerca de la plaza principal. El pueblo de nuevo es de calles de tierra, tiendecitas que se caen a pedazos, un campo de fútbol con vacas haciendo de jardineras y en el parque principal vemos la subalcaldía abierta. Tres salas vacías llenas de polvo y una oficina con una chica aburrida que le pilla por sorpresa nuestra visita. Le pedimos asilo, llama a la subalcaldesa (no entiendo porque no es alcaldía), pero no contesta, esperamos en la calle hasta que la chica sale y nos dice que entremos, que no hay problema. Nos deja en una sala enorme con una mesa con sillas llenas de polvo, ventanas sin cristales y el suelo lleno de barro. Barremos, limpiamos las sillas y nos deja un cubo porque no hay agua. El resto de estancias están como si fuera un edificio abandonado perfecto para hacer una película apocalíptica. Estos pueblos nos muestran la realidad de millones de personas en el mundo, Europa es un oasis y un espejismo. Al rato viene el sereno que es el que iba a vigilar el edificio a la noche, pero está feliz, “ya que dormís hoy aquí, os dejo la llave que tengo una boda”, nos da la llave y nos deja solos en el edificio. Nos aseamos, montamos campamento, hacemos tareas, cena y a dormir que al día siguiente llegamos a nuestro proyecto en Bolivia y estamos con ganas.