Saltar al contenido

ETAPA 212 OKINAWA 1-LA ASUNTA

74KM 90+

Creo que aún no habíamos experimentado dormir en un mercado en todo el viaje. El lugar estaba limpio, tranquilo y seguro. En principio era perfecto, pero a las 5:00 de la mañana un coche con música y mensajes de la virgen a todo volumen nos ha sacado de nuestro sueño, cuando el arrebato espiritual del vecino ha pasado han empezado a venir las mujeres del mercado, así que hoy tocaba madrugar.

Nos avisan que desde Okinawa hay camino durante 35km y que no hay nada hasta entonces, así que como puede que tardemos muchos, buscamos un puesto para comer algo. Elegimos una caseta donde hay mucha gente sentada, eso es buena señal, por 4€ comemos cuatro empanadas y dos cafés. Todos se interesan por esos dos extranjeros que viajan en bici. Por esta zona los españoles caen simpáticos, pero ya nos avisan de que en La Paz nos tratan mal, lo iremos viendo. Esta amaneciendo, pasan muchas motos hacia el camino que comienza al acabar el pueblo y por suerte no ha llovido y se puede pedalear. El camino no es muy malo y aunque tiene piedras vamos bien. Pero son casi tres horas de pedaleo, con algún charco grande y un trozo de puente para cruzar el río grande que nos da tregua. Como casi todos los ríos que hemos pasado casi está seco y no cubre, mucha gente busca animales con el agua hasta las rodillas.

Cuando llegamos a Los Troncos comienza el asfalto. Nos hemos lavado la bici en meses y hace dos días hemos gastado 50 euros para que nos las limpien a fondo y justo las llenamos de tierra. Un señor nos deja lavarlas y le compramos unos refrescos. Mientras comemos un poco de fruta se da cuenta de que tengo un radio roto. Al comprobarlo descubrimos que el buje suena mal. El arreglo me ha salido caro, una rueda que entra nueva, sale rota… Para colmo el internet no me va y descubrimos que te venden paquetes de 5G pero no hay 5G en casi toda Bolivia, con lo que he pagado internet y tengo que comprar un paquete 4G. ¿porqué no es simplemente internet? No lo sabemos, pero para colmo el primer paquete no me deja comprar el segundo, con lo que tengo que ir semana a semana gastando más. Solucionado el teléfono salimos a la carretera para llegar a San Julián y ver si alguien puede ayudarme con el radio por lo menos. Son 20km lisos y por suerte no hay mucho tráfico, pero la rueda cada vez suena peor. Campos de cereal a ambos lados y las nubes matinales han dado paso a un sol azul y buena temperatura. Hemos comido poco durante el día y el cuerpo nos pide algo de combustible. Antes nos toca pasar uno de los bloqueos que la población ha hecho desde hace semanas protestando por el Gobierno. Hay mucho más detrás de la información que nos llega, comenzando por que Evo Morales ha hundido a Bolivia en la miseria y tiene manipulada a los Koyas, que son parte de la población indígena de la zona de Cochabamba, La Paz, Oruro y algún departamento más. Nos dejan pasar, pero hay filas de camiones con gente acampada, personas que aprovechan la situación para venderles comida y frutas.

En San Julián comemos en un puesto del mercado y preguntamos donde arreglar la rueda, es domingo y no hay tiendas, pero quizá alguien nos ayude. Nos indican el otro mercado y callejeamos hasta un montón de casetas que dividen la carretera hasta un edificio enorme. Cientos de personas comen en los puestos y en una zona de casetas de madera hay muchas bicis polvorientas, piezas, grasa y un señor muy obeso arreglando una bici. Mientras termina, desmonto la rueda, cambio el radio y le dejo el centrado a él. Escucha que el buje mete un ruido, pero está fuera de su alcance, así que montamos todo de nuevo y salimos rápido porque nos queda una hora de luz y queremos seguir 20km más.

Pedaleamos por una carretera cómoda, de campos de cereal, con poco tráfico y a buen ritmo. Nos hemos marcado llegar a La Asunta y preguntar allí donde poner la tienda de campaña. Hay ganas de terminar etapa y descansar, ha sido día largo. Al entrar en el pueblo, hay una iglesia, pero el sacerdote no está, la que cuida la casa no quiere ayudar y el sacerdote contesta que está lejos y poca intención de cobijarnos en algún sitio. Un chico que hay por allí nos pone en contacto con Silvia, una mujer local y le dice que vayamos a su casa. Nos espera sonriente, tiene una casa con un cobertizo de paja donde da comidas los fines de semana, pero que está cerrado por el bloqueo. Nos deja poner la tienda debajo, ducharnos y el resto de la tarde conversamos con ella. Ayuda mucho a la comunidad, es generosa y muy buena persona. El lugar es acogedor y hay muchos niños, algunos de la calle que sus padres nos les hacen caso y una niña que ha adoptado porque su madre le ha abandonado. Una experiencia muy bonita. 

 
 
 
 
 
Ver esta publicación en Instagram
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Una publicación compartida de Y OS LO CUENTO/RUMBOS OLVIDADOS (@yoslocuento)

Wordpress Social Share Plugin powered by Ultimatelysocial