Saltar al contenido

ETAPA 211 SANTA CRUZ-OKINAWA 1

81KM 75+

La selva ha tenido el efecto que necesitábamos, desconectar, descansar y cargar pilas, pero como contrapunto al regresar toca reorganizar todo, hacer tareas pendientes y se nos hace tarde. La noche anterior estamos en la selva, y ahora estamos en una ciudad con todo el ruido y olores que supone. Nos metemos a la cama después de diez días que han pasado volando, al despertarnos continuamos con nuestro viaje. El despertador suena a las 7:00, el cuerpo pide un poco de más de cama, pero aunque la etapa es fácil hay que salir temprano, toca salir de una ciudad y eso siempre es complicado y estresante. Desayunamos lo que nos da el hotel, un poco de huevos revueltos y pan con mermelada con café. Montamos la bicis y como siempre después de varios días de parón, da la sensación de que pesan más que antes.

Salir de Santa Cruz se hace muy pesado, primero por algunas calles que están adoquinadas, segundo porque es la segunda más poblada del país y hay mucho tráfico. Por suerte es sábado y eso seguro que ayuda a quitar volumen de coches. Aunque tiene zonas aparentemente tranquilas, no es una ciudad para relajarse con lo que llevo el gps en la bolsa y la cierro. El móvil lo llevo en el bolsillo y es más engorroso mirar por donde estamos. Lo bueno es que la carretera por la que tenemos que ir hacia Warnes está cerca del hotel. Dos carriles, mal arcén y autobuses entrando y saliendo a recoger personas que levantan el brazo para subirse. Aquí no hay paradas al uso, la gente pega un grito al chofer y se para y uno se pone en la carretera y saca la mano para que el bus se detenga. Son unos minibuses algo viejos cargados de gente y que no valen mucho.

El viento al comienzo de etapa lo tenemos de culo y el perfil es favorable, pero eso es lo único bueno, vamos por una autopista y el paisaje no es bonito. Compramos algo de fruta en unos camiones que venden en plena autopista. Mucho más barata que cerca de donde dormimos. Nos marcamos Warnes para hacer la primera parada y no hay mucho que contar de esa parte. Cuesta salir de la ciudad porque hay mucho polígono y silos de maíz. A los 30km paramos en unos puestos donde venden empanadas y café. Comemos algo, descansamos y justo ahí se desvía por una diagonal para ir al Tajibo y ahorrar kilómetros sin pasar por los Monteros. Ahora vamos por una carretera de un carril, casi sin coches. Campos de cereal y pastos. Mucha urbanización de lujo proyectada, hasta cuatro donde vemos los planos y el terreno preparado, pero con el entorno que hemos visto la verdad que no pega mucho. Una de ellas tiene hasta siete personas con música, coches rotulados y repartiendo folletos para venderla. “Sí os quedáis tendréis carril bici”, se ríen mientras seguimos ruta. Me temo que ni una ciclovía nos convence.

La etapa es muy llana y resulta aburrida. A los 50km paramos para hacernos la foto de los 15.000km de rumbos olvidados. Otro millar que sumamos y si todo sale bien cuando lleguemos a La Paz, bloqueos mediante, lo haremos con otros mil. Ahora vienen unos cuantos parones e iremos más lentos, pero comentamos que el último mes ha sido quizá el más duro de todo el viaje. Como no hay mucho coche a ratos vamos en pareja aunque no hay arcén, aunque ahora el viento viene en contra porque ha cambiado mucho y se hace pesado. Hace sol, pero el aire es algo frío. Creo que conforme nos acerquemos al Beni subirán temperaturas, pero están siendo mucho más bajas de lo que tenía pensado.

Cuando llegamos al Tajibo paramos para comer un poco de fruta. Ahí hay una tienda de venta de coca. Hay decenas y fuera tienen troncos con un cuero y un martillo. Ahí la golpean para suavizarla, para que no haga daño al masticarla o metérsela en el moflete. La venden en bolsas verdes y hay una que la llaman machucada, que la mezclan con químicos y le dan sabor a muchas cosas, café, chicle, bicarbonato. Si masticar todo el día coca tiene sus consecuencias, añadirle químicos, pues mucho más. Masticar coca no entiende de clases, ves a médicos masticando coca mientras conversan. Rara es la persona, casi todos hombres que no lo hace. Por lo menos casi nadie fuma.

Nos quedan 10km hasta Okinawa, llanos, por campos de cereal y con el asfalto cada vez en peor estado. Tras la segunda guerra mundial, japoneses de Okinawa se asentaron aquí y fundaron uno, dos y tres. Tres poblaciones en las que se ven claramente rasgos japoneses. Te recibe un cartel escrito en castellano y japonés. Varios restaurantes de sushi y platos típicos del país nipón. Paramos en un mercado donde hay varios restaurantes y una chica sale y nos ofrece comer buena comida japonesa. Le preguntamos por un lugar para poner la tienda de campaña y su madre es la dueña del espacio, con lo que nos cede uno de los cubículos para poner puesto de mercado y hay baños y ducha. Comemos un yakisoba (tallarines con carne y verduras), buenísimo, nos transporta a nuestro viaje a Japón de hace una década. Viaje gratis con cada tenedorada. Llevamos todo el día que la señal del móvil no marcha y parece que se ha bloqueado. Como nos la hizo la chica de Villa Montes a su nombre no podemos acceder y tengo que comprarme otra. Gracias a Koyi y Seiko compramos una y le metemos datos. Nos lleva un buen rato y ellos nos ayudan con toda la paciencia del mundo.

Nos instalamos en nuestro cubículo, trabajamos y charlamos con la pareja antes de que se vayan a casa. Cenamos ensalada y descansamos en un mercado que poco a poco va cerrando tiendas y parece que nos quedaremos solos a excepción de una familia que vive ahí.  

Wordpress Social Share Plugin powered by Ultimatelysocial