57KM 530+
La temperatura a la noche baja hasta los 7º, el baño es compartido y cada vez que sales lo haces corriendo y con ganas de regresar al calor de la cama. En el cuarto, aun haciendo frío, hace diez grados más. Dormimos bien, el frío ayuda a descansar. Hoy la etapa es corta y relativamente sencilla, así que nos damos el lujo de levantarnos algo más tarde. A las 8:00 estamos bajando las alforjas por una escalera empinada y las bicis están en una especie de salón-cocina-cochera. La cocina está desordenada y con todas las perolas sucias. Antes de poner las alforjas descubrimos que mi rueda trasera está pinchada. Esa sensación de querer comenzar una etapa y ver que tienes que cambiar la rueda es para vivirla, por lo menos nos ocurre sin haber montado todo. Arreglamos el pinchazo, nos lavamos las manos, ponemos las alforjas, nos despedimos y salimos por la puerta que tiene un escalón y la rueda recién arreglada cae a plomo y suena la llanta, estoy de nuevo pinchado, no puede ser. Es probable que la cámara que teníamos de repuesto estuviera mal arreglada. Ahora si a desmontar la bici. Saco una silla y arreglo la rueda cómodo. Ahora sí, una hora más tarde arrancamos la etapa.
Vamos a los puestos que hay frente a la estación de autobuses, algunos son permanentes y uno que son unas mesas que han traído está lleno. Con poco sacan un negocio. Cuatro mesas, cuatro banquetas, un hornillo y varios termos. Café, api, manzanillas, hacen empanadas, tortas y en poco rato lo ha vendido todo. Tiene pinta de que la gente les conoce y hacen buen precio porque todo el rato que hemos estado ahí había cola. Nosotros le preguntamos a una chica que hay ahí si nos hace unos huevos. Aprovechamos el aguacate que nos regaló la chica el día anterior, y nos hacemos seis bocadillos de huevo con palta riquísimos, mojado con un café calentito ya estamos listos.
En ese momento pasa una manifestación, por el megáfono hablan de promesas incumplidas de la ministra hacia los profesores, quiere privatizar todo. Esa manifestación supone un bloqueo en esa carretera de dos días. Sumando a los que hay en La Paz y Santa Cruz por el combustible, está todo revuelto. Lo de combustible nos cuentan que el nuevo gobierno está mezclando el combustible y vende de mala calidad y se están estropeando muchos vehículos. La cosa va para largo y lo iremos viendo en el resto de crónicas. Nosotros vamos en bici y en cierta medida nos beneficia.
Pasamos el bloqueo de profesores y les animamos en su protesta. Desde ahí comienza una ligera subida hasta Ipati. El paisaje cada vez es más bonito, más montañoso, más verde, vamos solos por la carretera, felices hasta que a los 8km pincho de nuevo. Miramos la cámara y esta vez es por dentro, no cuadra. Revisamos la cubierta y no encontramos nada, la llanta y no parece que haya nada, cambiamos rueda y salimos de nuevo. Por lo menos hace buen día. Comenzamos a coger ritmo y a los 5km pincho de nuevo, no nos lo creemos. Buscamos una sombra, tercer pinchazo del día. Desmontamos todo y otra vez por dentro. Rara vez pasa un vehículo, para una etapa que vamos relajados… revisamos todo con minuciosidad y no hay nada, no entendemos que pasa. Resignados seguimos camino y vamos lanzando la bici y vemos que en 9km llegamos a Ipati, hablamos de comer algo breve y seguir cuando pincho de nuevo, es el colmo. Algo ocurre que se nos escapa. Cuarto pinchazo del día. Al final descubrimos la causa. El que nos vendió las ruedas en Melbourne, urban pedaler, no puso las cintas que cubren los agujeros de los radios, la cámara al hincharla se hernia por los agujeros y se pincha. Así que sacamos cinta americana y cubrimos cada agujero, cambiamos la rueda y a la vez hemos ido arreglando todos los pinchazos. Cruzamos los dedos con la teoría y arrancamos. Llevamos hora y media sobre la bici y dos parados.
A la 13:00 llegamos a Ipati, la pega es que Simona nos está esperando a final de etapa con la comida y ya teníamos que estar allí. Le escribimos que tardaremos dos horas más y que no llegamos a comer. Así que en ese cruce que desvía la carretera hacia Santa Cruz o hacia Sucre. Ahí hay muchos puestos de comida y tiendecitas. Paramos en el primero. Le pedimos un locro, una sopa con gallina vieja y maíz. Además un refresco de linaza. Todo está muy rico y aunque hemos andado poco, hace mucho que hemos desayunado y comemos con hambre. Es un puesto muy básico, cuatro chapas, unos fuegos, un tejadillo con mesas de plástico y listo. Detrás una chica lava la ropa a mano y toda la parte trasera está llena de basura. Comemos y la rueda sigue en su sitio, hemos acertado.
Vamos hacia la izquierda con una pequeña subida. Algo más encajonados, con más vegetación y a ratos grandes campos de cereal. Muchas vacas por la carretera y algo que no he mencionado, mucho perro abandonado, quizá el país que más de Sudamérica. Si no es por los pinchazos, habríamos acabado muy pronto, pero por suerte han ocurrido en un día sin tráfico, con calor y con pocos kilómetros. Disfrutamos de las pedaladas, del paisaje, del sonido de nuestras bicis y subimos poco a poco hasta Caraparicito. El paisaje parece La Rioja, Huesca o Soria en primavera, no tenemos la sensación de estar pedaleando por Bolivia.
Llegamos a una comunidad indígena guaraní fundada oficialmente en 2010, un terreno que ha pertenecido a un yankee hasta hace poco. Los caminos son de tierra, pero tienen centro de salud, un lugar para hacer deporte, primaria y secundaria y algunas tiendecitas. Ahí nos espera Simona, una chica joven que nos aloja en un centro comunitario que han construido para atraer turismo. Lo estrenamos nosotros, en una sala enorme que será el comedor ponemos la tienda. Como es nuevo no hay agua caliente, nos podemos duchar, pero con el agua más fría de todo el viaje, así que nos despejamos bien. Durante la tarde trabajamos hasta que Mercedes, una mujer local que cocina, nos trae la cena. Como no hay sitios para comer ni comprar nos hace el favor. Después nos vamos a la cama y nos abrigamos bien, porque de nuevo la temperatura baja hasta los 7º, pero hoy no hay mantas ni un cuarto pequeño que acumule el calor.