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ETAPA 206 FRONTERA-VILLA MONTES

112KM 485+

Primera noche en suelo boliviano, como siempre descansar en nuestra cama aporta un plus de descanso, sobre todo si tienes mosquitera y los mosquitos aúllan al otro lado con ganas de comerte. De nuevo tenemos otro cambio de hora, amanecerá más temprano y nos levantamos a las 5:15 de la mañana para salir cuanto antes, tenemos de nuevo etapa larga.

Recogemos la tienda de campaña dando palmadas de los mosquitos que nos rodean, nos ponemos repelente y dejamos el desayuno para más adelante. Salimos con el campo militar aún en silencio con un sol ardiendo por el horizonte. El cielo con algunas nubes está precioso y se llena de matices rosas, naranjas y amarillos. Salimos a la recta que comienza en la frontera y que durará 55km. Nada más empezar adelantamos a varios cadetes que entrenan corriendo por el arcén. Algunos llevan muy buen ritmo y la verdad que están en mitad de la nada. Este tramo de carretera es un pasillo larguísimo, plano, con arbustos a los dos lados y queremos salir de ahí cuanto antes. Nos proponemos llegar a Ibibobo a los 50km y comer algo. Pero a los 10km tengo que parar porque estoy pinchado. Salir de la carretera es arriesgado, hay mucha aliaga con unos pinchos enormes. Saco uno de un centímetro de la rueda trasera y tengo otro en la delantera que no fuga y no lo quito. A ver si aguanta. Mientras cambiamos el pinchazo nos acribillan y hago casi un cambio de ruedas de formula uno.

Desde ahí seguimos pedaleando y aunque tenemos hambre, comemos en marcha una manzana y unos cacahuetes. Pedalear en llano es agotador y cuando llegamos a Ibibobo es casi como si fuera final de etapa, estamos super cansados de piernas. En el pueblo hay varios puestos y tiendas, pero escogemos uno que hay en la carretera al lado del peaje. Es una caseta de madera, con un horno fuera donde hacen el pan. Además dan comidas. Son una madre y su hija, super amables, humildes. No hay pan hecho todavía y nos dejan comer en una de las mesas. Les vemos preparar unas masas con queso y da pena que quede una hora hasta que las hagan, porque tienen buena pinta. Arreglo el pinchazo por lo que pueda pasar, comemos, tomamos café y las piernas han descansado. Se sientan dos camioneros a comer algo. Les queda más de un día para llegar a destino. Conducen cisternas de combustible. Suena loco, pero más del 90% de los vehículos que hemos visto en dos días son cisternas. Hay un problema serio de abastecimiento. Por suerte respetan mucho.

Nos despedimos de madre e hija y ahí comienza un tramo con subidas y bajadas donde el paisaje cambia. Al fondo ya comenzamos a ver montañas con vegetación. La carretera se retuerce y es otra cosa. Disfrutamos mucho más y los siguientes 35km pasan volando aunque nos cuestan más. Pero de nuevo llegan las rectas hasta Villa Montes. Paramos a comer algo en un pretil, no hemos encontrado ni pueblos, ni locales ni paradas de bus. Intuyo que en Bolivia habrá mucho transporte, la gente es muy humilde y hay mucha red de carreteras. Pero estamos en un rincón, todavía queda mucho para ver la Bolivia profunda. En un momento dado un hombre con su moto se para para conversar, pero llevamos muchas horas y nos quedan aún dos. Tenemos ganas de llegar al día de descanso y hablamos algo con él, pero nos tenemos que despedir. Lo gracioso es que nos dice que a Villa Montes quedan cuatro leguas, hacia mucho o casi nunca que alguien se expresaba con esa medida de longitud. Por cierto una legua son 4,8km. El final se nos hace eterno con la recta llana hasta la ciudad. Shei está agotada por la regla y llevamos muchas etapas largas desde que entramos en Paraguay.

Antes de entrar en la ciudad comemos un menú. Comer aquí es barato, por 4€ los dos un buen plato de arroz con carne, huevo y plátano. Conforme entramos en la ciudad vemos los típicos periquitos que hacen de taxi, autobuses destartalados, motos… Lo primero es buscar alojamiento, preguntamos en tres y aquí se estila que haya habitaciones con baño compartido, sin aire ni tele y es más barata. A nosotros nos vale y por 13€ dormimos dos noches. Está cerca de uno de los mercados. Necesitamos dinero y los cajeros están en el central. Aunque hemos pedaleado 112km, caminamos 2km al centro, compramos dos camisas por 6€ para los mosquitos de la selva y sacamos dinero, sólo el de La Unión nos deja sacar con nuestra tarjeta, aunque no nos dice que comisión, miedo nos da. Compramos algo de fruta, curioseamos el ambiente del mercado y regresamos caminando de noche hasta casa. Llegamos por las justas, un aire huracanado que mueve toda la arena de la calle y tira carteles y sillas se ha levantado. Llueve mientras recogemos, nos duchamos con agua fría y cenamos tranquilos en el cuarto.

Al día siguiente nos hacemos tarjeta de teléfono en el mercado, por 15€ con 15gb para un mes, la que debe ir mejor es entell. Yoselin nos ayuda y aconseja bien. Compramos cena, fruta y miramos para desayunar en el mercado al día siguiente. Comienza ya la montaña hasta Monteagudo a donde llegaremos en cuatro días. La tarde la pasamos mirando las etapas, organizando con los responsables del primer proyecto y con Leo, el enfermero que vendrá a finales de mes. 

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