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ETAPA 204 CONCEPCIÓN-POZO COLORADO

148KM 150+

Entre que otros clientes del hostal meten ruido de madrugada, que hay un par de mosquitos esquivos que juegan a despertarnos, descansamos menos de lo deseado para afrontar una etapa de 106km. Nos levantamos pronto, queremos estar cuanto antes en la carretera. A las 6:30 estamos desayunando, algo de pan con mermelada, cereales que teníamos con yogur y fruta y el café. Con toda la energía a tope montamos las bicis y esta época de lluvias hace que nos rodeen los mosquitos y nos obliguen a salir cuanto antes.

Las calles están vacías, con niebla, salimos a la PY05 y parece domingo. Cruzamos el río Paraguay y la densidad de la niebla impide ver más allá de la barandilla y nos perdemos las vistas al río. Además las obras anunciadas comienzan ahí mismo. Según nos han dicho tenemos 90km en construcción. La niebla nos perla la ropa, del casco gotean agua sin cesar, los pelos de brazos y piernas se perlan. Pero la temperatura es buena. Además casi no hay tráfico y se agradece para una carretera en obras. El firme va variando, a ratos hay cemento, otros tierra, otros asfalto viejo con agujeros, pero lo bueno es que no es malo y deja rodar bien. Nos planteamos parar dos veces. El cielo sigue encapotado más de dos horas. A los 40km paramos para hacernos la foto de los 3.000km en Sudamérica y en el segundo de bajarnos de la bici, un ejercito de mosquitos nos rodea y comienza a morder sin compasión. Shei se plantea hacer selfie y seguir camino, pero los tres mil son una sola vez, hay que dejar recuerdo. Entre fotos y vídeos saltamos y nos golpeamos. Están feroces.

La niebla se va despejando y el paisaje es más verde de lo que esperaba. Grandes extensiones con arbusto, palmeras, bosque cerrado y pasto. Pero todo empantanado, hay grandes acumulaciones de agua, estamos casi al nivel del mar y por lluvias y por el tipo de terreno es un caldo de cultivo perfecto para los mosquitos. En esta carretera casi no hay poblaciones, algunas comunidades indígenas, una en el km23, otra a los 67km y la última a los 106km. Pequeños cúmulos de casas, con gente indígena guaraní, construcciones de madera y chapa, con alguna despensa para comprar comida y poco más. Los niños nos miran extrañados y no responden ni al saludo. No tiene mucha pinta de que vayan a la escuela.

El resto del tiempo no hay nada de casas, sólo grandes extensiones de terreno que parece impenetrable. Es lugar para yacarés, tigres, serpientes y mosquitos. Acampar ahí es deporte de riesgo. La carretera en obras se deja y el buen ritmo y la fauna local nos empuja a decidir que haremos dos etapas en una, del plan inicial de dormir en la comunidad del km106 pensamos que mejor seguir hasta Pozo Colorado aunque sea duro. Cuando llevamos la mitad, paramos a ponernos repelente por segunda vez, el sol ya hace acto de presencia, pero sigue medio nublado y se soporta. Esta etapa podría ser mucho más dura, por tráfico, si hubiera llovido antes por todo ese barro, o aún peor que nos lloviera en plena etapa o si el firme fuera con serrucho. Nada de esto ocurre y creemos en nosotros para hacer 150km. A partir de los 80km se hace duro y nos queda casi la mitad. Decidimos parar en el km106 si hay algo para comprar un refresco. Y justo hay una despensa, con decenas de latas de cerveza por el suelo. Tienen Niko cola fresca, nos sirve. Con nuestros bocadillos hacemos la parada para comer, es ya la una del medio día. Nosotros comemos eso y los mosquitos a nosotros. Es insoportable, pero tenemos hambre y quedan todavía 50km.

Más vale que decidimos seguir, en esa comunidad poco más hay y habría tocado poner la tienda de campaña fuera. Se me ha olvidado decir que en el km100 la carretera es perfecta hasta el final. Han sido noventa en mal estado exactos. Desde ahí las nubes desaparecen y el cielo es raso, pedaleamos a 20kmh y el viento favorece para sentir fresco, con repechos y a diez por sería otra cosa. Los mosquitos incluso a velocidad se pegan al cuerpo y nos pegamos toda la etapa aplastando y tratando de quitar de la espalda. De vez en cuando sentimos mordiscos eléctricos en brazos, piernas y espalda, les da igual si hay ropa.

A falta de 13km, tenemos que parar para mear, lo hemos hecho cuatro veces en el día de manera fugaz. Primera vez en todo el viaje que comemos la fruta en marcha. Shei ya está agotada y estamos en el descuento. Los últimos trece los hacemos de pura inercia. El sol nos está abrasando pese a la crema solar. Por fin llegamos al cruce que viene de Asunción y ya se ve más tráfico. Es tránsito hacia frontera. Tenemos ya una reserva hecha que sabe que llegamos antes y tiene hueco. Justo al lado del hostal hay un control de policía. En el hostal nos espera Lisandra. Es consciente de lo cansados que llegamos y nos trae ya las toallas, “descansad y luego organizamos para mañana, mañana os invito al desayuno pronto antes de que marchéis”. Nos trae un jugo de pomelo y nos deja para que nos duchemos tranquilos. Hoy hemos hecho la etapa más larga de todo el viaje, 150km en casi ocho horas de bici. Estamos suavecitos.

Al rato salimos y nos informa de que nuestro plan de llegar en camioneta al día siguiente hasta La Patria será complicado. Son 400km, pero pocos vehículos llegan hasta allí, sobre todo paran en Mariscal. “Hablad con el comisario González y decidle que vais de mi parte”. Sin perder tiempo vamos al puesto de policía, nos presentamos y le explicamos. “No os preocupéis, mañana estaremos aquí y pararemos un camión para que os lleve”. Lo dice muy seguro, así que confiamos. De ahí vamos a comprar algo para cenar, hay pocas ganas de ponerse a cocinar y en un foodtruck cercano compramos dos platos de arroz con carne por 7€. Cenamos, escribimos y nos vamos a dormir pronto que no aguantamos despiertos. 

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