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ETAPA 201 PUNTA PORÁ-IBY YAÚ

106KM 670+

La noche es regulera, tenemos un ventanuco de ventilación y da a la escalera del portal de al lado, entra toda la luz y tapamos lo que podemos con una bolsa de basura. Calor, intranquilidad por la nueva frontera y las incertidumbres de un nuevo país, hacen que la noche se haga larga, un duerme vela que se rompe con la alarma de las 6:00. Hay que madrugar porque dos calles más allá son las 7:00 en Paraguay y nosotros queremos hacer la etapa con ese horario.

Desayunamos fuerte que no sabemos que nos espera de abastecimientos, además llevamos unos bollos con salchichas y queso. Hacemos varios viajes para bajar todas las alforjas a la calle donde nos espera un día neblinoso, triste. Es una ciudad complicada, por el tema del narcotráfico, la delincuencia, los asesinatos, con lo que salimos a la calle con ojos en la nuca. Montamos todo rápido y vamos en busca de la oficina de migración. Pedaleamos por una ciudad que ya está en marcha. Lo cierto que para ser un lugar importante comercial, está bastante dejada, los edificios con la pintura descolorida, con humedades, muchos negocios abandonados, mendigos. En el lado paraguayo, si cabe está algo peor. El lugar donde nos marca google maps que hay que sellar no es, tenemos que ir en frente del Shoping China. Compramos algo de gasolina y el gasolinero al ver lo que hacemos, nos la regala y desea buen viaje. En el edificio de inmigración, está casi vacío, algo dejado, metemos las bicis dentro para tenerlas controladas debajo de las escaleras. La mujer de la taquilla comienza riñéndonos por meter las motos, le explicamos que son bicis y que se las puede llevar cualquiera, murmura algo inteligible y nos pregunta a donde vamos. Cuando llegas a una frontera y la funcionaria de turno tiene mal carácter, toca ser muy amable. Pausamos, sonreímos, el contamos y le digo todos los lugares donde dormiremos en Paraguay, se va suavizando y nos sella los pasaportes. Ya estamos en Paraguay, una hora más que hace dos calles y con niebla. País 30 del viaje.

Entramos por una carretera de dos carriles, la 5, comenzar una etapa con niebla, provoca un pequeño bajón de ánimo sin darte cuenta, hace algo de frío y la humedad se mete hasta el fondo. Nosotros ya nos hemos acostumbrado a arrancar las etapas de corto, pero todos los trabajadores que hemos visto van abrigados. Me gustaría saber que piensan al vernos en manga corta con la bici. La etapa comienza bajando suavemente, pero lanzamos la bici y la media supera los 20kmh, rodamos a gusto, con buen arcén y buena temperatura. La idea es llegar a un pueblo que se llama San Vicente a 67km. A la hora de empezar el sol diluye las nubes y se queda un día con un cielo azul y sobre todo un paisaje que no esperábamos. Hay pastos, pero la carretera es ondulada y repartidos por todo el paisaje hay mogotes de arenisca y basalto rojo con mucha vegetación, no son tepuyes, pero lo parecen. Con lo que la etapa es muy amena, a cada tobogán se presenta un paisaje nuevo y se agradece.

A lo largo de toda la etapa, de vez en cuando hay pequeñas colonias con despensas o comercios donde venden un poco de todo. A los 45km paramos después de sólo dos horas de bici. Hay compramos un sobre de café y nos sentamos en unos bancos que hay bajo un árbol. Una moto aparece con una chica, su madre y su hija en brazos, sin casco por supuesto. La gente parece muy humilde. Es muy pronto y en sólo una hora acabaríamos la etapa, así que decidimos seguir otros 60km hasta Iby Yaú, eso nos quitará kilómetros para llegar a Concepción el día de descanso. Así que nos lanzamos de nuevo a la carretera para ver si somos capaces de llegar hasta ese pueblo. Gracias al arcén pedaleamos en pareja y podemos conversar sobre el cambio de paisaje. Después de etapas por campos de cultivo y pastos por Brasil, no nos imaginábamos esto, sobre todo porque Brasil está alquilando terrenos a los países limítrofes para su empresa agropecuaria. Pensábamos que iba a ser una extensión de lo vivido.

A la hora llegamos a San Vicente y paramos para comer los bocadillos que tenemos preparados. Ahí hay varios locales donde venden comida y creo que bastante barata. Nos sentamos en una mesa a conversar con una pareja que nos ha visto al comienzo del día. Hay mucho mosquito y tenemos que irnos rápido porque se nos están comiendo. Nos quedan 40km y vamos bien, pero las piernas ya están algo cansadas. Vemos muchas motos con tres y cuatro personas, muchas veces niños muy pequeños que se agarran como pueden. Siempre pienso que yo no llevaría a mi hijo de tres años sin casco, mucho menos a tres hijos en las misma moto. Hay mucha gente vestida de vaquero, música de ranchera que suena por los bafles a todo volumen de los coches.

Salvo una pequeña para hacemos los 40km casi del tirón y llegamos cerca de Iby Yaú y preguntamos en una escuela que está abierta y con varias aulas sin cerrar. La profesora ya muestra su recelo, llama a la directora con poca gana e intuimos cual será la respuesta, pero por si acaso le esperamos en una de las aulas que tiene cortinas y está fresca. Pero el mensaje que manda la directora es que no podemos que vayamos a la iglesia. Así que avanzamos hasta un lugar donde hay una señora que tiene la llave de la capilla, pero dice que tampoco, que vayamos a la municipalidad que ahí si que nos acogen. De camino vemos otra iglesia, pero no hay nadie, la comisaría de policía que está al lado, también está vacía. Al llegar a la municipalidad tampoco hay nadie y terminamos en una gasolinera que tiene un techo y que parece que habrá gasolineros durante la noche. Resulta que en esa misma gasolinera está tomando un café el marido de la primera profesora, se siente culpable y me asegura que en frente hay una capilla y que allí nos ayudan seguro. Me acerco y la mujer del pastor da vueltas para no llamar a su marido, “esperen ahí que en un rato va mi marido para conocerlos”, pero ese rato es que después de cuatro horas no va nadie. Así que nos aseamos como podemos en el baño e instalamos campamento en el cubierto que da a la calle, lo cierto es que estamos muy expuestos. A las 20:30 me acerco a donde el pastor, me fastidia que haya sido incapaz de cruzar la calle para preguntar que queríamos. Justo está dando un sermón en el culto de los jueves y se le llena la boca con ayuda al prójimo como dijo Jesús de Nazaret. Todos levantan los brazos, aleluyas y palabras vacias. Cuando sale le digo que no puede ser que después de esas palabras, sepa que hay alguien a 40 metros y no se haya preocupado. No dice nada, se ríe y me suelta que Jesús está vivo en todos nosotros y ahí ya no me reprimo, “pues dentro de usted debe estar muerto porque llevamos horas esperándole y le ha preocupado poco”, mira al suelo y pasas de mi con los feligreses saliendo de la capilla que hay en su casa.

Nos hacemos la cena en la gasolinera, escribimos etapa y llega un momento que me mosquea que el pastor ni me mirase a la cara y se pusiera a hacer una llamada sin terminar la conversación. Estamos en otro país, donde el algunos sitios la vida no vale nada y el orgullo herido de un hombre, puede ser muy peligroso. Así que le digo a Shei que recogemos las cosas y nos vamos a un hospedaje cercano. He escrito y nos lo dejan por 10€, así que ponemos todo sobre la bici y la llevamos en la mano. Ahí nos espera una familia muy amable, una cama, una ducha, ahora sí y descanso, sobre todo eso.   

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