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ETAPA 198 IGUATEMI-TACURÚ

52KM 580+

En mitad de la noche el pronóstico del tiempo llama a la puerta de la tienda de campaña, o mejor al techo bajo el que dormimos. Comienza una tormenta a las tres de la madrugada que resuena en bajo la chapa. Abrimos la cremallera y una cortina de agua cae hasta el suelo, parece aún mayor por que los focos iluminan el agua. Más o menos estábamos consiguiendo dormir a pesar de la luz, pero saber que nos espera esa lluvia en pocas horas no casa con quedarte dormido. Lo más extraño es que en ese momento vemos sombras y nos asomamos, un hombre que no sabemos desde donde ha llegado y encima seco, pasea bajo la cubierta de esa especie de mercadillo. Nos dice algo en brasileño, rápido, pero no entendemos mucho y nos vamos a dormir. A duras penas descansamos hasta las 6:00. La verdad que no ha pasado nada durante la noche, pero no motiva dormir en el parque principal de un pueblo, no lo haría en España y por muy corto que andemos de presupuesto, necesitamos buscar sitios más íntimos.

A las 6:30 nos ponemos a recoger las cosas y vamos poco a poco, cada vez llueve más y por suerte hemos puesto la tienda en el único lugar que no entra el agua. Por desgracia, los muretes que tapan la entrada a los baños tienen unos agujeros en el suelo y la gente debe de mear ahí, con la humedad y las goteras, ha pasado parte de los orines y se ha impregnando la lona del suelo dejando un olor fortísimo que esperamos poder quitar esa misma tarde donde durmamos.

Sabemos que nos vamos a mojar, pero salir bajo una lluvia torrencial no apetece nada. Hacemos nuestras necesidades, desayunamos algo, montamos con calma, todo para ver si escampa algo, pero el cielo cada vez está más cerrado, los relámpagos suenan cerca y ya llevamos hora y media dando vueltas como un tigre enjaulado bajo el techo. Hay que avanzar y asumir que toca remar, nos ponemos los chubasqueros y el primer momento que baja un poco la intensidad de la lluvia nos lanzamos a las calles de Iguatemi. Todas las alcantarillas están desbordadas y corren ríos por los laterales de las calles. Es domingo y no se ve un alma por la calle, todo está cerrado y los pocos coches que pasan intuyo que pensarán “de qué jaula se han escapado estos”.

No hay ni una población ni lugares donde resguardarse hasta Tacuru. Después hasta Amambai, el primero está a 50km, el segundo a 120km. No queda otra que hacer etapa corta y buscar un hospedaje para secarnos, ya que el único negocio que había a una distancia decente es el Lanchonete Moreschi (especie de restaurante de comida frita), pero le escribimos el día anterior a ver si nos podía cobijar para pasar la noche en algún sitio y dijo que no, que si le enviábamos dinero que sí. Así que si pasáis por Matto groso do sul y veis el Lanchonete Moreschi, no le deis ni las gracias.

No tenemos otra que hacer la etapa del tirón. Seguimos con nuestros subes y bajas y lo mágico es que cuando salimos de Iguatemi deja de llover. No nos fiamos y seguimos plastificados, pero al final de la primera cuesta tenemos que quitarnos todo de la sudada que llevamos dentro. La carretera es la peor asfaltada desde que hemos llegado a América. Hay muchos agujeros y se llenan de agua, cuando pasan los coches salpican bastante. Sobre todo porque ni uno reduce aunque sea un poco la velocidad. Pasan absurda y peligrosamente rápido.

Hoy entramos en zonas de pastos, no llegas a ver el final de los campos. Brasil es uno de los países del mundo con más terrenos dedicados a ello y combina con producción ganadera. Casi un 25% del país está dedicado a ello, es una barbaridad. Con lo que todo el día vemos vacas pastando en campos de golf gigantes. Las vacas parecen de la India. Así que tenemos la sensación de pedalear por un paisaje africano por los caminos de tierra roja, por la calidad nefasta del asfalto y con vacas indias. Una mezcla para la cabeza extraña.

La lluvia nos visita de nuevo un par de cuestas, lo justo para quitarnos el chubasquero y chorrear condensación por dentro. Al parar de llover ponemos el chubasquero del revés para secar lo de dentro, que está más mojado. La temperatura es buena, pero estamos empapados. Pero sinceramente, tal y como ha empezado el día, nos sentimos afortunados. Ahora vamos a ratos por mega plantaciones de pinos. Puestos a dar datos, entre bosques, amazonas y zonas de vegetación secundaria, es casi un 70% de la superficie. Amazonas ha retrocedido mucho por culpa de políticas destructivas que sustituyen árbol nativo y selva por mega plantaciones de palma y soja, pero sigue ocupando gran parte, y que siga así, la quinta parte del oxígeno producido por fotosíntesis en el mundo es del amazonas.

Paramos una vez a comer unos plátanos, pero duramos poco, las moscas del cereal nos rodean y son muy pesadas. Desde ahí nos quedan unos 20km que no tienen mucha historia ya que tenemos ganas de llegar y secarnos del todo. La pena es que a falta de cinco kilómetros se pone a llover de nuevo y nos moja toda la ropa de nuevo cuando casi estábamos secos. La entrada en Tacurú son tres arcos con loros gigantes y una recta hasta un pueblo que parece abandonado. Es verdad que es domingo, pero no hay un alma por la calle. Vemos un hotel, la señora no esperaba visita porque le cuesta reaccionar y eso que se nos ve mojados de arriba abajo. Negociamos un precio con desayuno, 26€, no contábamos con ello, pero tenemos lluvias aseguradas. Descargamos todo, metemos las bicis, buscamos un supermercado abierto, pero no hay nada. La calle está vacía y parece un capítulo de “The walking dead”. Hasta el hospital y el polideportivo parecen un escenario de Chernobyl. Regresamos a casa, comemos el arroz que teníamos de la noche anterior y lavamos la lona y ducha caliente para entrar en calor.

A la tarde hacemos tarea y como no hemos podido comprar nos vamos a un Lanchonete para comer algo de carne. Otro extra inesperado, pero el viaje es así y unos días recibes y otros toca dar. Nos vamos a la cama con muchas lluvias con rayos y agua para el día siguiente. 

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