Saltar al contenido

ETAPA 197 GUAÍRA-IGUATEMI

73KM 890+

Desde la calle entra bastante luz, hay un músico callejero que no sabemos donde que se luce durante un buen rato y nos cuesta dormirnos. No descansamos todo lo que nos gustaría, pero no queda otra, a las 6:30 suena el despertador y vamos recogiendo todo y nos hacemos el desayuno, aprovechamos la cocina y que la etapa no es excesivamente larga. Desde el balcón, antes de desayunar se ve una capa de niebla sobre el río que tapa el puente. Con el depósito lleno toca hacer cinco viajes de dos pisos de escaleras para bajar todo. Entre una cosa y otra nos pegamos más de 20 minutos haciendo viajes y ya sudados arrancamos la etapa. Vamos a aprovechar Sudamérica para dormir a pie de calle que en Europa tocarán de nuevo festival de viajes. Por suerte al arrancar la etapa se ha ido toda la niebla y nos verán los coches.

Guaíra es la última ciudad de Paraná y entramos en Mato grosso do sul, lo hacemos por el puente Ayrton Senna que tiene 3,5km de largo para cruzar el río Paraná. Esta zona es muy tranquila, no sé en época de lluvias, pero ahora invita a sacar una piragua y remar cada amanecer. Hay varias barcas de pescadores. La cosa es que casi no hay arcén y el tráfico es intenso y toca estar atento. Pienso en como sería este puente en Australia, sería una obra de ingeniería super moderna con carriles para las bicis. Aquí va unos diez metros por encima del agua y es muy sencillo. Tienen farolas a lo largo del puente y caemos que no lo hemos visto de noche. Imagino que habrá muchos días que no se verá la otra orilla de lo lejos que está.

En cuanto pasamos el puente ya estamos en la otra región. La carretera ahora es la división de Paraguay y Brasil. Durante varios kilómetros sólo hay vallas publicitarias de centros comerciales, perfumes, tiendas de electrónica. Paraguay tiene beneficios fiscales en esos productos y la gente va a ahí para comprar. No paran de pasar coches y camiones y deseamos que la frontera esté cerca. A los 12km de etapa vemos la aduana, el cartel hacia un país al que llegaremos en unos días, de momento seguimos en Brasil y lo bueno es que el resto de coches no. Ahora vamos por una carretera con algo de arcén y casi sin tráfico. Todos los campos de cereal han dado paso a pastos enormes donde hay vacas y caballos.

Seguimos pasando moteles de carretera con nombres horteras y colores seductores. Tienen acceso y salida, muros para que no se vean los coches que hay dentro. Pocos países hemos visto con tanto motel de carretera enfocado al sexo, y matizo, extramatrimonial. Cerca de ahí está Mundo Novo, pero antes, para evitarnos 7km de etapa y 100+ nos metemos por un camino de tierra arenosa roja hacia Japorá. No ha llovido en varios días y creo que podemos hacerlo con facilidad. Si hubiera llovido, nos vamos por asfalto. De repente estamos en África, casitas de madera, caminos de tierra y pastos. A ratos se engancha la bici, nos cuesta pedalear, sentimos el calor de la tierra y el polvo del camino se impregna en las piernas. Pueden ser muchas etapas, pero hay una en concreto al pasar de Namibia a Angola que sufrimos mucho. Este camino dura sólo 10km y sabiendo que acaba pronto aceptas la dosis con nostalgia y buena cara. Al salir ya llevamos 30km y apetece parar y comer algo. Japorá está algo separado de la carretera y no queremos hacer extras, pero justo en la rotonda de entrada al pueblo hay un cartel publicitario y nos refugiamos en su sombra. Plátanos, frutos secos y agua, un poco de crema solar y a por el resto de la etapa.

Nos planteamos hacerlo de golpe hasta Iguatemi, pero el perfil de toboganes al 8% nos va poniendo en nuestro sitio, el calor también. Así que en Jacarei nos metemos a beber algo fresco. Los campos de cereal han desaparecido. Había leído que en esta región abundaban los de soja, pero aún no hemos visto. Brasil es el tercer productor del maíz y el primero de soja del mundo, unas 130 millones de toneladas al año. Todo transgénico por supuesto.

Cuando llegamos a Jacarei Shei está cansada y eso que sólo hemos hecho 50km, pero el calor aprieta. Es un pueblo pequeño y como siempre tiene muchos negocios. Abundan los talleres, las tiendas de motos, las de neumáticos y las lojas de comida. Paramos en la que está más arriba y están abriendo. Es de día, pero el tamaño de los bafles de música indica que a la tarde la música estará muy alta. Comemos los sándwiches que hemos preparado a la mañana, un refresco bien frío y unos dulces. En realidad no hay ganas de salir, pero no queda otra, los viajes en bici tienen momentos del día en los que te quedarías en casa.

Tenemos 20km hasta final de etapa con otras tantas subidas, quizá las más duras del día. Me va tocando esperar a Shei que hoy no está fina del todo y cada vez que llega arriba bebe del botellín con ganas. Iguatemi es bastante grande, en cuadrícula y a lo largo de la principal decenas de negocios. Muchos supermercados, pero paramos en el que está más cerca del parque principal. Un poco de verduras para el arroz y fruta para el día siguiente. Cerca está la parroquia y como tiene una especie de escuela, confiamos que nos dejen dormir en una de las aulas. Comenzamos con que el cura no abre la puerta, una mujer dice que debería estar y a base de insistir se asoma un chico joven que no hace el esfuerzo de salir a la calle, nos habla detrás del cristal. Nos dice que podemos dormir donde dan catequesis. Vamos detrás y después de un buen rato esperando tenemos que ir a buscarle, por fin sale de la casa y su idea es que durmamos en la calle pegado a las aulas y sin baños. Da igual que le mostremos nuestro proyecto, le da igual, no hace ni un esfuerzo por querer ayudar y se va de malas maneras. Para ser un representante de la iglesia al servicio del pueblo, solo se sirve a si mismo, regresa con su olor a colonia, repeinado y sin cargo de conciencia de que nos vayamos.

Un hombre en la calle nos indica y nos acompaña hasta el parque principal, hay un cubierto, está la policía al lado, hay un baño y durante toda la tarde hay familias con niños jugando al vóley, al fútbol, a tirarse por las rampas. Da gusto escuchar las risas, el jaleo de la diversión. Nos aseamos como podemos en el baño de chicos y pasamos la tarde haciendo las tareas. Por la razón que sea en esta región es una hora menos y ganamos una hora, pero oscurece antes. Preparamos el campamento y confiamos que dormir a la vista de todos no sea un peligro durante la noche. Mientras estamos haciendo la cena, aparecen las mujeres que nos indicaron el sitio para dormir y nos traen arroz con carne y una ensalada. Están pendientes de nosotros. Decidimos dar cuenta de la cena que nos ha preparado y dejar lo nuestro para el día siguiente. Está riquísima. Como no queremos llamar mucho la atención, montamos la tienda de campaña después de cenar, lo bueno que pasamos más desapercibidos, lo malo, que toca trabajar cuando quieres irte a dormir. Así que entre una cosa y otra nos pegamos un buen rato. Usamos las vallas de obra para sujetar los vientos, ya que dormimos sobre cemento y a ver como conciliamos el sueño con los focos de toda la plaza apuntando hacia nosotros. Parece una noche al norte de Islandia en verano.

Wordpress Social Share Plugin powered by Ultimatelysocial