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ETAPA 196 CANDIDO RONDÓN-GUAÍRA

66KM 520+

No sabemos que nos encontraremos de aqui en adelante, pero en esta zona de Brasil las noches son calurosas. El día anterior hicimos lavadora, la tendimos a la noche y se ha secado en cuestión de horas sin sol. Nosotros por supuesto pasamos mucho calor y al despertarnos vemos en uno de los cajones un mando de aire acondicionado, ahí estaba, en una esquina a lado del armario casi oculto. Tarde.

A las 7:00 estamos listos para desayunar, Valdir tiene que ir a otra ciudad a trabajar y hay que desayunar pronto. En la mesa hay de todo, uno de los desayunos más completos del viaje. Bizcocho, huevos, embutido, cereales, yogur, fruta, café… Comemos un poco de todo y charlamos sobre el mundo, aunque el discurso en esta casa se inclina más hacia la derecha y sobre todo hacia el de los bulos infundados para justificar lo que se hace. “No queremos viajar a países musulmanes porque las mujeres nos sentimos atacadas”, tratamos de ponerles varios ejemplos de experiencias vividas a lo largo de todo el viaje en países musulmanes donde la gente ha sido generosa, hospitalaria y super respetuosa. Puede que algo haya cuajado o no, quien sabe. Terminando el desayuno sale el hijo mayor, estudia en la universidad y casi no dice palabra y hay pocos gestos de cariño con su madre. Cuando lo tienes todo, puedes caer en el error de pensar que es lo normal y vivir enfadado por tonterías.

Montamos las bicis, nos despedimos de Loiva con un fuerte abrazo y el chico se despide por compromiso, pero lo peor es que no hay una muestra de cariño hacia su madre. Hoy la etapa es relativamente fácil y nos permitimos salir con la calma, pero como hemos desayunado tan pronto, a las 8:30 estamos dando pedaladas. Desandamos toda la ciudad por el carril bici el día anterior hasta la carretera 163 que nos lleva a Guaíra. Hoy tenemos arcén donde cabemos los dos, así que felices.

Hace buen día, no hay viento y hemos desayunado bien, pedaleamos charlando tranquilamente por corredores de maíz. Todos tienen sus etiquetas con el tipo de especie y la empresa. Brasil es el segundo exportador del mundo, y está en el pódium de productores. EEUU es el primero con casi 400 millones de toneladas, una salvajada. Estamos pedaleando por zonas donde más se cultiva maíz y soja, con lo que es normal que nuestro paisaje vaya a ser esté todo el rato. El 10% del suelo brasileño es cultivo y otro 20% para pastos de ganadería. Si lo comparas con España, hay más terrenos de cultivo en Brasil que todo el territorio de España junto. Y casualidad, José Julio de Andrade, fue un terrateniente brasileño que ha sido el que más ha poseído, 30.000km2, tres veces Navarra.

A mitad de etapa paramos en Bella Vista, un pueblito pequeño de calles en cuadrícula, casitas, con un solo negocio y un pabellón enorme para hacer deporte. Nos refugiamos a la sombra de sus porches y el dueño, un señor mayor se alegra de vernos. Ha llegado a pesar 130kg y gracias a la bici ha adelgazado mucho. Nos muestra orgulloso fotos de sus salidas en bici en el strava. Compramos plátanos y un zumo y nos sentamos a descansar un poco. Hace calor y de nuevo nos embadurnamos de crema solar, pero con lo mojados que vamos se hace una pasta que no se absorbe del todo.

Desde ahí hasta Guaíra vamos protegidos por el arcén, pero el tráfico de camiones es enorme. A ratos somos conscientes de lo mal que lo estaríamos pasando con todos esos camiones pasando cerca. Busco un lugar decente para hacer una foto en los maizales, pero no hay entradas buenas, nos conformamos con una para dejar recuerdo con la esperanza de que aquí al final de Brasil podamos mostrar la inmensidad de cultivo. Desde que hemos entrado en Brasil hay una especie de abejitas que te rodean, no pican, pero están por todo. Al llegar a casa investigo y son moscas, concretamente sírfidos, son buenas porque se comen los pulgones y parecen abejas porque así evitan depredadores. Cada vez que paras te rodean decenas, se meten por el casco, se pegan en las alforjas y en la piel con la crema más. Te lanzas a la bici porque con el viento te las quitas.

Conforme llegamos a Guaíra hay un atasco enorme, no sabemos la causa. Hay un puente de 3,5km que cruza el río Paranná hacia la región de Mato grosso do sul y quizá se atasque ahí, lo sabremos en dos días. Ahora la bici es el mejor transporte, adelantamos varios kilómetros de camiones. Los conductores desesperados están sentados en los arcenes, algunos se cocinan. El 90% de la fila son camiones. Una serpiente gigante que no termina nunca. Es casi la hora de comer y viendo los precios de los menús, entramos en un bufet libre que por 10€ comemos los dos. Comemos un poco de todo y en todo ese rato no se ha movido ni un solo camión. La camarera se hace fotos con nosotros y el momento curioso del día viene cuando un brasileño con rasgos chinos me pregunta de donde somos y de todos los personajes y deportistas que puede mencionar dice Miguel Induráin. Me alegra el día y le digo que vivo a un kilómetro de su casa y que es un super campeón. Me menciona ciclistas españoles hasta que hace otra pregunta donde ya se rompe la magia. “¿te gusta tu presidente?”, “¿quién, Pedro Sánchez?”, “A mi no, es un comunista”, “Comunista exactamente… pero por lo menos está en contra de la guerra, ¿no crees?”, “luchan contra terroristas”… Aquí se acaba la conversación, le doy una palmada en el hombro “os creéis las mentiras de los verdaderos terroristas, qué aproveche” y me voy por donde he entrado. Nos despedimos de la camarera y seguimos la hilera de camiones hasta la rotonda que va hacia el puente o hacia nuestro alojamiento.

En una especie de edificio con cocina común y habitaciones esperamos a que llegue la casera. Sólo hace 32º, pero las bolsas se quedan blandas del calor. Tocan cuatro pisos de escaleras que rematan la etapa. Limpiamos las bicis, subimos todo, nos duchamos y nos relajamos la tarde. Conseguimos sacar algo de trabajo y pronto nos quedamos dormidos. La siguiente etapa dejaremos la región de Paranná. 

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